¿Se ralentiza la economía española?

«¿No estaremos reduciendo el crecimiento potencial de Europa con regulaciones de efectos no previstos?»

Antonio Merino
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Los datos indican que la economía se está ralentizando. Según el Instituto Nacional de Estadística el crecimiento económico anual medio de España en 2018 fue del 2,6%. Si miramos hacia atrás vemos que desde 2015, cuando la economía creció al 3,5%, se está produciendo una desaceleración: 3,2% en 2016, 3% en 2017 y 2,6% en 2018.

Luego hablando de ralentización «haberla, hayla». La podemos considerar moderada o severa, pero para valorarla merece la pena analizar la información de más corto plazo. Las tasas trimestrales anualizadas indican la variación en un trimestre respecto al trimestre anterior y no respecto a un año antes. Con estas tasas, la ralentización del avance del PIB continuó durante 2018 desde el 2,5% en el primer trimestre al 2,2% en el tercer trimestre para estabilizarse en el cuarto.

Esta estabilidad de los dos últimos trimestres de 2018 es engañosa pues esconde un comportamiento más preocupante en los datos del cuarto trimestre. En dicho periodo, la demanda interna (inversión, consumo público y privado) solo creció al 1,2% anualizado frente al 2,2% en el tercer trimestre. La reducción es muy significativa y se explica casi en su totalidad por la menor venta de automóviles -menor consumo - y de menor inversión en equipo de transporte -venta de camiones-. Una parte de esta caída es transitoria, pero gran parte podría considerarse estructural ya que no parece que en el corto plazo vayan a desaparecer las incertidumbres regulatorias que explican el desplome de las ventas de automóviles diésel, -21% en 2018, a pesar de ser la tecnología de combustión más eficiente.

En los datos del cuarto trimestre también hay noticias positivas: por una parte el impulso de la construcción, que crece al 5,3% anualizado y que será un motor de crecimiento en 2019 y, por otra, el crecimiento de la exportación de servicios cuya dinámica será clave en 2019. En el sector exterior lo preocupante es la caída de las exportaciones de bienes: por primera vez desde 2008, la tasa trimestral de las exportaciones es negativa durante tres trimestres consecutivos.

Es muy importante analizar si esta evolución tan negativa responde a dinámicas estructurales o temporales. Por ejemplo, ¿es el empeoramiento de las exportaciones a nuestros socios europeos temporal o estructural? ¿Somos capaces de saber si la ralentización de ventas de automóvil en toda Europa continuará en los próximos trimestres? Respecto a otras razones explicativas de la ralentización de las exportaciones sí que podríamos argumentar que serán temporales, y que la situación mejorará en 2019. Este es el caso de las guerras comerciales ya que las negociaciones deben tener algún final, si es que el Brexit no demuestra lo contrario.

Con estos mimbres, ¿qué se puede esperar en 2019?, pues que si mejoran los factores negativos temporales apuntados y se modera el efecto negativo de los factores estructurales, el crecimiento de la economía podría estabilizarse en los niveles registrados en la última parte del año 2018, en torno a un 2,2%.

Recordemos que los dinamizadores del crecimiento económico a finales del pasado año fueron la construcción y las exportaciones de servicios, los datos de empleo en ambos sectores apuntan a la continuación de esta tendencia en este primer trimestre. Además, es de esperar un mejor comportamiento del consumo de los hogares en el primer trimestre de 2019, dada las cifras de ventas minoristas y la evolución de sus principales determinantes: el empleo y las rentas. Respecto al empleo, continúa el aumento en el número de afiliaciones en 2019, eso sí a menor velocidad y con menor fuerza en el sector privado. En cuanto a las rentas salariales, tanto las subidas salariales como de pensiones apoyan un mejor comportamiento del consumo de los hogares, salvo sorpresas inflacionistas no descartables.

Pero más allá del primer trimestre, donde se puede dar una estabilización del crecimiento, en el resto de 2019 se prevé que continúe el proceso de ralentización económica, esperándose un crecimiento en torno a un 2,0-2,1%. Que se incline hacia un valor u otro dependerá, fundamentalmente, de la evolución de la inversión; tanto en construcción como equipos; de la mejora de las condiciones externas vía aumento de exportación de bienes y de servicios no turísticos, y de la ralentización en la creación de empleo. Si tuviéramos que hacer una valoración cuantitativa de riesgos para 2019 diríamos que en el primer trimestre parecen equilibrados pero en los siguientes trimestres los riesgos de menor crecimiento aumentan. La gran duda viene de la mano de la regulación del sector del automóvil y de la confianza del inversor. ¿No estaremos reduciendo el crecimiento potencial de Europa con regulaciones de efectos no previstos?

Antonio Merino es director de Estudios y economista jefe de Repsol

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