Mario Draghi, presidente del BCE
Mario Draghi, presidente del BCE - EFE

Draghi, entre retocar el objetivo de inflación o aprobar más estímulos

Los mercados esperan nuevas medidas del BCE ante la dificultad de elevar los precios e impulsar la economía

Corresponsal en Berlín Actualizado: Guardar
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Hace meses que las palabras mágicas de Mario Draghi «haré todo lo que sea necesario» han dejado de surtir su milagroso efecto. Ni los tipos de interés históricamente bajos, ni el mayor programa de compra de activos (QE) de la historia del BCE, ni las constantes sugerencias de más medidas expansionistas están sirviendo para alcanzar su objetivo de inflación de alrededor del 2%. Por no hablar de los objetivos no declarados, como el impulso al crecimiento y a las exportaciones. En la reunión de política monetaria que mantendrá hoy el consejo del BCE, Draghi desea mostrar un perfil estático en su estrategia, al menos aferrarse al «esperar y ver», pero los detractores de la compra de deuda ganan argumentos y constatan que la única beneficiada es la complacencia de los gobiernos que siguen endeudándose.

Desde el pasado 9 de marzo, Draghi compra mensualmente 60.000 millones de euros en activos financieros con el objetivo de engrasar una economía europea atascada. Aquel día, el euro se cambiaba a 1,084 dólares, el rendimiento del bono español a 10 años era del 1,29% y el del «bund» alemán el 0,39%. El Ibex 35 caminaba por encima de los 11.000 puntos y el Eurostoxx 50 superaba los 3.600. Siete meses después, el euro compra ahora 1,13 dólares, el rendimiento del bono ha escalado al 1,77% y el del «bund» al 0,50%.

Muchos analistas requieren nuevas medidas antes del final del año

El Ibex no alcanza los 10.000 puntos y el Eurostoxx apenas defiende los 3.050. Y sobre todo: los precios al consumidor de la zona euro siguen cayendo. La inflación anual en la región pasó a ser negativa en septiembre con una caída anual del 0,1%.

Este pobre balance impulsa a muchos analistas a contar con nuevas medidas antes de final de año. «Los mercados se están preparando para un recorte del tipo de interés de la facilidad de depósito», en negativo desde junio de 2014. UBS calcula que el mercado asigna una probabilidad del 50% de que el BCE lo recortará al menos otro 0,10% en los próximos meses y Credit Suisse cuenta con más señales expansionistas antes de fin de año. «Esperamos que Draghi siente verbalmente las bases para una extensión del QE», avanza Matt Derr, estratega de divisas de esta última consultora.

Pero el Bundesbank no está dispuesto a aceptar que la política monetaria «ultra relajada» sea la única alternativa y su presidente, Jens Weidmann, aconseja abandonarla cuanto antes y «sin inmutarse ante los gritos de los ministros de Finanzas o de los mercados financieros». En un discurso recogido en la web del Banco Internacional de Pagos (BIS), Weidmann atribuye el actual nivel de inflación «al lento crecimiento de la Eurozona, a los procesos de ajuste en los países y sobre todo al fuerte descenso de los precios del petróleo», factor este último que considera temporal. «Quitando el efecto de los precios de la energía, la inflación es del 1%», aclara.

Otro alto funcionario del BCE, Ewald Nowotny, sugiere por su parte que la economía euro requiere otras medidas. «Claramente estamos incumpliendo nuestra meta (…) Es bastante obvio que (...) se necesita un conjunto de instrumentos adicionales», declaró en un evento en Varsovia. «Esto incluye medidas estructurales (...) y también por el lado de la demanda y de los factores institucionales de la economía», sostuvo, sugiriendo tal vez que el BCE podría incluir en sus compras nuevas clases de activos, como deuda corporativa, acciones y bonos municipales.

«En un escenario de debilidad prolongada (...) el BCE tendrá que abrirse a la idea de que tardará más en cumplir con sus metas o de reformular el objetivo», apuntan analistas de Société Générale, en relación a uno de los últimos elementos añadidos al debate en Fráncfort y que p ermitiría reorientar la política monetaria de Draghi: la posibilidad de una redefinición del objetivo oficial de inflación del BCE, que podría descender desde el inalcanzable 2% hasta el 1,7% y de la que ningún cargo del BCE se atreve todavía a hablar en voz alta.