Un ciudadano, junto a la tienda de Apple en la capital china
Un ciudadano, junto a la tienda de Apple en la capital china - AFP

Cómo Apple provocó un temblor en la economía mundial

La guerra comercial entre EE.UU. y China y la saturación del mercado tecnológico reducen la capitalización del fabricante del iPhone

WashingtonActualizado:

El anuncio de Apple de que en 2018 no vendió tantos teléfonos en China como preveía provocó el jueves un temblor en las bolsas de todo el mundo, precedido de un verdadero hundimiento en Wall Street. Las razones de la desaceleración de Apple son diversas y complejas, pero todas son premonitorias de un futuro tormentoso para la economía mundial y de cambios profundos en el mercado tecnológico.

En una sorprendente y pesimista carta datada el miércoles, el director ejecutivo de Apple, Tim Cook, predijo que la empresa no cumplirá las previsiones de facturación en el primer trimestre fiscal, algo que no se veía obligado a hacer en 16 años. «Si bien anticipamos algunas dificultades en mercados emergentes clave, no previmos la magnitud de la desaceleración económica, particularmente en China. De hecho, la mayor parte del déficit de ingresos respecto a las previsiones, y sobre el 100% del descenso de las ventas a nivel mundial, tuvieron lugar en China a través del iPhone, Mac e iPad», dijo Cook en la carta.

A pesar de haber estimado beneficios de 80.900 millones de euros en los tres últimos trimestres de 2018, Apple ha ganado sólo 76.400, según admitió la empresa el jueves. Es una reducción del 5% que luego se tradujo en una caída del 10% en el precio de las acciones.

La revelación de Apple es una prueba de que la desaceleración de la economía china es mucho mayor de lo que ha admitido el hermético Gobierno comunista. A pesar de la falta de cifras oficiales, es un hecho que el mercado hipotecario chino está en crisis, las ventas de automóviles se han desplomado y el índice de confianza del consumidor está en territorios peligrosamente bajos.

Este frenazo es el reto más formidable al que es enfrenta Xi Jinping tras seis años como presidente. El año pasado, su Gobierno intentó poner coto al alto endeudamiento de las clases medias de su país con una serie de reformas que pueden haber lastrado también las ventas de Apple y otras compañías tecnológicas.

Apple, sin embargo, mantiene que una razón de su dolor de cabeza es la guerra comercial abierta por Donald Trump con China. Es algo que el propio Tim Cook le trasladó en persona al presidente norteamericano antes de que este aprobara sus varias rondas de aranceles a productos chinos por valor de 228.000 millones de euros. Según predijo el ejecutivo en agosto durante una llamada con accionistas, «los aranceles acaban convirtiéndose en impuestos que debe pagar el consumidor, lo que acaba provocando desaceleraciones económicas y consecuencias inesperadas y peligrosas».

¿Siente Trump remordimientos? De ningún modo. El viernes dio una conferencia de prensa en la Casa Blanca en la que se le preguntó por la caída de Apple en el contexto de su guerra comercial con China, y el presidente dijo: «Apple fabrica sus productos en China. Yo le he dicho a Tim Cook que fabrique sus productos en EE.UU., que traiga esas fábricas suyas tan grandes a EE.UU. China es la principal beneficiaria de Apple, no nosotros».

Es cierto que Apple se comprometió con Trump hace un año a devolver a EE.UU. inversiones por valor de 318.000 millones de euros, sobre todo subcontratando a fabricantes de componentes y plantas de montaje norteamericanos.

En agosto, la empresa se convirtió brevemente en la primera empresa estadounidense que alcanzaba una capitalización bursátil de un billón de dólares, superando a Amazon, Alphabet (Google) y Microsoft. Sus títulos alcanzaron entonces el hito de 190 euros, frente a los 135 con que cerraron el viernes. Su capitalización a finales de 2018 había caído a 638.200 millones.

Tim Cook, en una tienda de su compañía en Shanghai
Tim Cook, en una tienda de su compañía en Shanghai - REUTERS

En su carta, Tim Cook admitió que en el corazón de sus problemas se encuentran «menos ingresos por venta de iPhones de los esperados, sobre todo en China». Y esa es una razón realmente preocupante.

Pocas empresas norteamericanas han logrando tanto —y son en consecuencia tan vulnerables— en China como Apple. Solo en ese país tiene 40 tiendas y ha vendido cientos de millones de teléfonos. Es su tercer mercado tras América y Europa y por encima de Japón, con una facturación de 47.300 millones solo en el último año fiscal.

Allí se ha encontrado con una emergente competencia local por parte de marcas chinas que han demostrado una fuerza inesperada, en especial Huawei. Desde la reciente detención en Canadá de la vicepresidenta de esa empresa, Meng Wanzhou, por petición de las autoridades de EE.UU., las empresas norteamericanas temen que un rebrote del orgullo patriótico las acabe penalizando en el mercado chino. Un juzgado canadiense decidirá en unas semanas si extradita a Meng a EE.UU. para ser juzgada por un fraude internacional que ella niega. El Gobierno chino ha pedido su liberación.

Desde el arresto de Meng se han multiplicado en redes sociales las peticiones de boicot a Apple y otras empresas norteamericanas en China y el propio Tim Cook ha admitido que le preocupan las protestas frente a las puertas de sus tiendas porque pueden estar dañando a la marca al asociarla con un proceso judicial con el que nada tiene que ver.

Tampoco es un secreto que no todo en esta competición es política. Huawei fabrica teléfonos de gama alta que en muchas ocasiones vende por precios un 50% por debajo de los de Apple. Calidad y buen precio son una combinación que le permitió superar en julio a Apple para convertirse en la segunda vendedora de móviles en todo el mundo, sólo por debajo de Samsung.

Y en ese apartado es donde Apple tiene más motivos para preocuparse. En septiembre la empresa norteamericana lanzó una nueva gama de teléfonos por precios que rondan los 1.000 euros, sin grandes avances aparentes. Sí, las pantallas son mayores, la imagen es de mejor calidad y los procesadores son más potentes. Pero no cuentan con grandes innovaciones transformadoras que hagan de su uso una experiencia diferente.

Según Ed Yardeni, presidente de la firma Yardeni Research, «el principal problema para Apple puede ser que todo el mundo tiene ya un teléfono inteligente. El mercado está saturado».

¿Por qué pagar hasta 1.000 euros por un teléfono similar al que ya se tiene? Las últimas cifras de mercado que maneja la consultora BayStreet Research apuntan a que, de media, un consumidor norteamericano tiene el mismo teléfono hasta tres años, cuando hace apenas un lustro esa cifra era de dos años.

En conclusión, menos consumidores deciden por norma no renovar sus teléfonos, lo que ha empujado a Apple a aumentar los precios, algo que a su vez ha lastrado todavía más las ventas.

Es un círculo vicioso del que Apple bien puede estar siendo víctima en China. En el mercado norteamericano, las pobres ventas de los nuevos modelos de iPhone XR y XS han forzado a Apple a ofrecer incentivos hasta ahora inéditos. Cualquier comprador que quiera un teléfono nuevo puede entregar el suyo y recibe más de 300 euros de descuento y todo tipo de facilidades de pago, incluido el fraccionamiento en 12 meses sin intereses.

De momento, existe una esperanza para Apple: que el cambio mundial de la tecnología móvil 4G a 5G, que debería implantarse en los próximos meses, permita nuevos e innovadores desarrollos en teléfonos que hagan que valga la pena pagar 1.000 euros por un teléfono, aquí o en China.