China, terror en las mesas europeas
El 80% de los ajos vendidos en el mundo proceden ya de China - abc

China, terror en las mesas europeas

El Gran Dragón vende alimentos básicos, y Europa compra: fresas, ajos, carne... Y a mansalva. Pero no todo es trigo limpio

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En lo que va de año se han registrado más de 260 notificaciones relacionadas con productos chinos. Las asociaciones de consumidores europeas aseguran que esto no ha hecho más que empezar. Lo extremadamente barato... puede salirnos muy muy caro. Fideos con filamentos de alambre, residuos de pintura en caviar, una golosina que causó quemaduras en una niña valenciana e incluso... Contaminación radiactiva ionizante ¡en un cargamento de tofu!

Y por si fuera poco: 11.000 niños intoxicados en Alemania. Este nuevo incidente ha colmado la paciencia de los europeos. La alerta alimentaria afectó a 65 millones de niños alemanes, en cuyos comedores se ofrecieron 44 toneladas de fresas congeladas procedentes de China y contaminadas por un virus. El suceso no pasó de vómitos y diarreas. Pero los consumidores piden a las autoridades europeas más control para los productos que exporta el gigante asiático.

China es multirreincidente. Es el principal quebradero de cabeza de las autoridades sanitarias de la UE y lidera también las dos listas negras que maneja la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Es el país cuyos productos originan más alertas sanitarias en España (222 en 2011) y también el que mayor número de expedientes de rechazo cosecha en nuestras aduanas (301). El episodio de las fresas tóxicas ocurrió en Alemania, pero algo similar podía haber pasado en España si la Policía de Badalona no decomisa en junio tres toneladas de productos congelados, como pescado, guisantes y setas, en un camión no refrigerado procedente de Madrid que iba a distribuirlos por tiendas y restaurantes chinos en Cataluña. Que se está jugando con fuego es evidente. En la UE funciona un sistema de alerta temprana para alimentos y piensos animales. Las alarmas son diarias, aunque no suelen trascender a no ser que ocurra algo grave. En lo que va de año se han registrado más de 260 notificaciones relacionadas con productos chinos. Entre ellas: patatas infestadas de insectos (España), esquirlas de vidrio en semillas de calabaza (Dinamarca) y contaminación radiactiva en especias (Estonia).

Las agencias de consumidores advierten de que el asunto irá a peor si los gobiernos europeos no se ponen serios de una vez con las autoridades chinas. Y es que la República Popular se ha convertido en uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo. Si antes lo que llegaba a nuestras tiendas eran, sobre todo, especialidades chinas, ahora cada vez hay más productos básicos y alimentos procesados. Entre 2005 y 2010, el valor de los alimentos chinos comercializados en todo el mundo se ha duplicado. China es el campeón del mundo de la exportación.

China vende, y España compra. Solo hay que echarle un vistazo a nuestra balanza con el país asiático para percatarse del brutal desequilibrio de esta relación comercial: exportamos por valor de 3300 millones de euros, importamos por 18.600. Un saldo negativo de más de 15.000 millones. Además, los fondos de inversión chinos están en posesión del 10% de los bonos del Tesoro. Con intereses superiores al 5%, nuestra deuda soberana es una soberana deuda. ¿Quién le pone el cascabel al gato si el gato es enorme y el zarpazo puede dejar al Estado sin «cash» para pagar las pensiones o a los funcionarios? ¿Estamos en condiciones de ponernos tiquismiquis?

Parece que no. Solo hay que hablar con los productores andaluces de fresa, los de cítricos de Valencia y Murcia o los de ajo de Castilla-La Mancha para entender cómo China ha conseguido abrirse a codazos una cuota de mercado de manera, si no desleal, por lo menos turbia. La respuesta se llama precio. China ha venido colocando sus productos en Europa a un precio inferior al que aplica en su propio mercado; consigue así echar del supermercado alemán las mandarinas valencianas o de los comedores escolares las fresas de Huelva (con las consecuencias para la salud mencionadas), a pesar de que tienen que viajar diez mil kilómetros en barco.

¿Qué han hecho hasta la fecha las autoridades de Bruselas (y las españolas) para impedir este «dumping», es decir, la venta a precio inferior al coste, esa vieja táctica para arruinar a tus competidores y, una vez conseguida una posición dominante, imponer tú las condiciones? Respuesta: mirar para otro lado.El que se pica ajos come. ¿A quién le importa un pequeño agricultor de Las Pedroñeras? A los vecinos de Las Pedroñeras... Y a nadie más.

El 80% de los ajos vendidos en el mundo proceden ya de China: ajo pelado, laminado, granulado y en polvo. Todos esos procesos requieren una mano de obra que en el país asiático es baratísima. La misma mano de obra servicial que limpia, trocea, envasa y congela una bandeja de fresas. ¿Qué pasará con el agricultor manchego u onubense de aquí a unos años? Que ya no será agricultor. Para más inri, el Gobierno español, desde tiempos de Rodríguez Zapatero, invita a los productores chinos a Huelva a que aprendan el modelo de negocio y el exitoso «know-how» de los freseros. Somos así de generosos.

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