1909: el convulso año en el que se descontroló la deuda pública española

Las cuentas de las administraciones españolas se vieron condicionadas por las guerras de Cuba y Filipinas

MadridActualizado:

El 1909 fue un año determinante para la historia de España. Las derrotas en Cuba y Filipinas, la violencia anarquista y el pistoletismo en Cataluña pasaron factura en un país donde la restauración agonizaba y se abría paso la inestabilidad política. Al igual que había ocurrido en años anteriores, la deuda pública superó el 100% del PIB. Un hito histórico que se ha repetido este trimestre.

Uno de los factores que condicionó el endeudamiento de las administraciones fue la pérdida de las provincias ultramarinas. La guerra con Cuba y Filipinas dejó un importante agujero en las cuentas públicas, que se vio agravado tras el tratado de París de 1898. En dicho texto España abandonó sus pretensiones por Cuba y, además, asumió la deuda cubana. En 1899, la deuda del Estado alcanzó el 118% de la riqueza del país. Tres años más tarde, este indicador alcanzó máximos de los últimos veinte años y se establció en el 123,6% el PIB.

Tras llegar a esta cota, la deuda de las administraciones se redujo de forma paulatina. Fue gracias a un particular plan de estabilización puesto en marcha por Francisco Silvela, que había llegado al gobierno unos años antes. Fernández Villaverde, encargado del Ministerio de Hacienda en esa época, llevó a cabo un plan fiscal a largo plazo que sirviera para sanear las cuentas públicas.

Tal y como recuerda Juan Pan-Montojo, profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid, en su trabajo «La deuda pública entre 1899 y 1936: de Villaverde a Ramos», primero se redujeron los gastos; luego se produjo un aumento la inversión pública. En la primera fase se congelaron grandes partidas presupuestarias y se incrementó la presión fiscal para impulsar los ingresos. Además se convirtió la deuda del Tesoro en deuda amortizable, después esta se convirtió en perpetua y finalmente se estableció un impuesto del 20% sobre los intereses devengados por la deuda interior.

El éxito de este plan tuvo un reflejo en las arcas públicas. Desde 1902, se produjo una disminución progresiva de la deuda. En 1909 era del 101%. Diez años más tarde, y después de nuevas reformas, el endeudamiento de las administraciones era del 31,3%.

Esta mejora, sin embargo, no pudo ocultar el agotamiento del sistema político y económico del país en esa época. En 1909 se produjeron varios altercados de corte social, entre los que destacó la Semana Trágica de Barcelona. La decisión del Gobierno de enviar reservistas a la Guerra de Marruecos ocasionó una oleada de protestas en Cataluña entre el 26 de julio y el 2 de agosto que se saldaron con 80 muertos y medio millar de heridos. Posteriormente, el dirigente catalanista Francisco Ferrer i Guardia fue ejecutado.

Precisamente en la Guerra de Marruecos el ejército español sufrió una de las derrotas más hirientes de su historia. El conocido como el Desastre del Barraco del Lobo, una batalla producida en un lugar próximo a Melilla, dejó más de 1.300 soldados españoles muertos y complicó el conflicto para España. También se produjo en 1909