El informático Hervé Falciani en una imagen tomada en julio de 2013 en su comparecencia ante la Asamblea Nacional francesa
El informático Hervé Falciani en una imagen tomada en julio de 2013 en su comparecencia ante la Asamblea Nacional francesa - afp

Historia de la lista Falciani: el jaque mate de un informático al secreto bancario suizo

Era un anónimo empleado de un coloso bancario. Su peripecia, casi cinematográfica, lo colocó en el centro del escándalo y ha contribuido a la persecución del fraude fiscal en toda Europa

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En los últimos días, las revelaciones periodísticas derivadas de la investigación coordinada por el diario francés Le Monde en colaboración con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación ( ICIJ por sus siglas en inglés) han dejado al descubierto datos bancarios comprometidos de algunas de las grandes fortunas españolas y extranjeras. La fuente de la que se nutren estas informaciones es la conocida como lista Falciani. Pero, ¿qué es exactamente y de dónde procede un documento de nombre tan cinematográfico y contenido tan explosivo?

La lista Falciani se llama así por el informático que la sustrajo de los archivos de la filial suiza del banco británico HSBC, el segundo del mundo en tamaño por activos. Hervé Falciani, nacido en Montecarlo en 1972, trabajaba para la entidad y entre 2006 y 2008 se dedicó a recabar la información relativa a sus clientes, algunos de ellos, españoles tan destacados como el banquero Emilio Botín, el piloto Fernando Alonso o la familia Luca de Tena, fundadora y editora de ABC.

Esta especie de Edward Snowden de las finanzas se convertiría pronto en un fugitivo. Las autoridades suizas, celosas custodias del secreto bancario del que tanto partido saca el sector financiero de su país, motor de la economía nacional y cuestionado por su opacidad desde sus vecinos de la Unión Europea, emitieron una orden de detención por el robo de la información.

Huida a Francia

Falciani huyó a Francia, donde fue detenido y comenzó a colaborar con las autoridades. El informático alegó que su única intención al apropiarse de los archivos informáticos del banco era el de denunciar que se dedicaba sistemáticamente a ayudar a ricos de todo el mundo a evadir impuestos de sus países de origen. Según declaró a una televisión francesa, Falciani actuó movido por su «deber cívico».

Su detención en Francia puso en manos de las autoridades de ese país todo el material sensible que el proscrito Falciani consiguió sacar de Suiza en distintos ficheros digitales. Pese a las protestas de Berna, los franceses no se resistieron a escrutar la montaña de datos sensibles que su nuevo preso/huésped ponía en sus manos.

Fue un fiscal de Niza, Éric de Montgolfier, el que entendió que con los datos y la colaboración de Falciani podría por fin levantar el velo con el que la banca suiza cubría sus actividades, un velo empleado muchas veces para encubrir manejos con el dinero perseguidos como ilegales por la mayoría de estados democráticos occidentales.

Es entonces cuando se produce la filtración a Le Monde, que, ante la dificultad de descifrar tal cantidad de información, además fuertemente encriptada, recurre al ICIR y a la colaboración de otros medios internacionales. El fruto de esta colaboración son las noticias de los últimos días, que fuera de España salpican a personalidades tan relevantes como el futbolista Diego Forlán, el cantante David Bowie, la modelo Elle Macpherson o los reyes Abdalá II de Jordania y Mohamed VI de Marruecos, entre otras.

Pero esta enrevesada historia exige dar saltos en el tiempo. Volvamos ahora al año 2012. La mina informativa de Falciani ha sido compartida por los franceses con investigadores de países aliados. Los Estados Unidos son uno de ellos. En Washington, un comité del Senado se dispone a denunciar públicamente a HSBC por su falta de compromiso en el control de los flujos de capital con los que se financia el terrorismo internacional. Según contó después Falciani al diario El País, los norteamericanos le advirtieron de que su vida corría peligro y le aconsejaron refugiarse en España, país donde, de acuerdo con sus fuentes, estaría seguro y podría seguir colaborando con diferentes instancias internacionales.

Así, el 1 de julio Falciani es detenido en el puerto de Barcelona por la Policía española, que no confirmará este extremo hasta meses después. Encarcelado en condiciones de máxima seguridad en Valdemoro, Madrid, comienza a colaborar con la Fiscalía Anticorrupción y a declarar ante la Audiencia Nacional. Es este tribunal el que acaba llegando hasta los más de dos mil millones de euros sin declarar de la familia Botín en Suiza y otros paraísos fiscales. Después, el clan de financieros cántabros regulariza su situación con el pago al fisco español de más de doscientos millones de euros y, según fallará el juez Andreu, extingue así toda posible responsabilidad penal.