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en la muerte de adolfo suárez

Los Pactos de la Moncloa sentaron las bases de la economía moderna

Suárez logró el triunfo de la democracia salvando primero las cuentas de España

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«O los demócratas acaban con la crisis o la crisis acaba con la democracia», dijo en 1977 Enrique Fuentes Quintana, ministro de Economía del primer Gobierno de Adolfo Suárez e impulsor de los Pactos de la Moncloa. Una frase que resume bien el gran reto que tuvo que asumir el expresidente Suárez nada más llegar al Gobierno en una España que vivía bajo los efectos de una doble crisis: la del petróleo y la de la Transición.

Hace cuatro décadas la situación económica era explosiva. En un país en el que casi el 70% de la energía era importada, la crisis del petróleo de 1973 llegó a mover el precio del barril desde 1,63 a 14 dólares en doce meses. La inflación pasó del 16% en 1976 a más del 23% un año después, las exportaciones solo cubrían el 45% de las importaciones, y la deuda exterior acumulada entre 1973 y 1977 ascendía a 14.000 millones de dólares. Como guinda, el alto endeudamiento empresarial, la fuga de capitales desde los últimos años del franquismo y el creciente paro, que afectaba a 900.000 personas.

La preocupación de las fuerzas políticas por la situación económica llevó al Gobierno a elaborar una solución que pusiera de acuerdo a todo el arco parlamentario, que permitiera adoptar una «política de concentración», en la que una joven CEOE y unos sindicatos recién legalizados tuvieron mucho que decir. Fueron los Pactos de La Moncloa, sellados el 25 de octubre de 1977, un ambicioso programa reformador que incluía medidas en el terreno político (derechos de reunión, de asociación política...) y otro bloque económico (moderación salarial, más facilidades para despedir, reforma de la administración tributaria...). En primera persona, y desde dentro, vivió el gran cambio José Ramón Pin Arboledas, hoy profesor de IESE, con «una mezcla de ilusión, esfuerzo, esperanza y preocupación porque salieran las cosas bien.

Había que cambiar la estructura política y económica de España», relata. Por entonces participó en las asambleas universitarias del final del franquismo y era la oportunidad de realizar el cambio sin traumas. Estaba trabajando en un banco, Promobanc, cuando decidió presentarse a las elecciones por UCD en Valencia. Salió elegido diputado en el Congreso. «Habíamos tenido la primera crisis del petróleo a principios de los setenta y eso había perturbado la economía con fuerza. La inflación era alta, el paro creciente y restricciones bancarias. En medio, se produjo el cambio político del que fui un modesto protagonista como diputado al Congreso las dos legislaturas en que la UCD gobernó», añade.

Y es que a diferencia de la situación actual la de los años 70 era la de una economía muy intervenida, en la que el peso del Estado era mayúsculo. Los Pactos de la Moncloa se dividieron en medidas urgentes (contra la inflación y el desequilibrio exterior) y reformas necesarias a medio plazo que permitieron mejorar el funcionamiento de la economía. Se introdujo un impuesto progresivo sobre la Renta, se sentaron las bases de la modernización del sistema financiero, hubo reformas en la incipiente Seguridad Social y se aplicó una política presupuestaria y monetaria que permitió en un año rebajar a la mitad la inflación sin que se produjeran pérdidas de poder adquisitivo de los salarios.

Las reformas laborales serían cruciales para el futuro. Los Pactos abrieron la puerta a la contratación temporal, sobre todo de jóvenes que no había accedido nunca al mercado laboral, y avanzaron con paso firme hacia un mercado de trabajo más flexible, con alguna opción más para poder despedir, hasta ese momento prácticamente imposible. Y todo llegó a buen puerto por consenso de partidos, empresarios y sindicatos.

Suárez explicó la transición a la población española como el reconstruir una casa manteniéndola habitable durante el proceso de cambio de tuberías, paredes, suelos, techos... Fue una obra de ingeniería política y económica complicada, que se llevó a buen término. «Visto con retrospectiva -concluye Pin Arboledas- el resultado es mejor de lo que se hubiera podido esperar. En menos de cuarenta años España ha dado un salto económico importante, está en la UE y en el Eurogrupo. Ese es el mejor balance de aquel impulso inicial».