Stefanos Tsitsipas, durante el encuentro ante Bautista
Stefanos Tsitsipas, durante el encuentro ante Bautista - EFE

Open de AustraliaEl cuento de hadas de Stefanos Tsitsipas

Australia se enamora del joven tenista griego, semifinalista y próximo enemigo de un desatado Nadal

Actualizado:

Como ha conseguido ya tantas cosas, apenas se repara en la última gesta de Rafael Nadal, clasificado ayer para las semifinales del Abierto de Australia después de abrumar a Frances Tiafoe, un descarado chico de 21 años que se llevó una lección para toda la vida. El caso es que el español llega a esta ronda por sexta vez en Melbourne, que no está nada mal, pero la cifra que llama poderosamente la atención es la que indica el acumulado, pues son ya 30 presencias entre los cuatro mejores de los 54 Grand Slams en los que ha participado, una barbaridad. Solo Roger Federer (43), Novak Djokovic (34) y Jimmy Connors (31) están por delante de un Nadal superlativo y muy mejorado, definitivamente suelto y convencido de que en las antípodas puede repetir la fiesta de 2009. Está muy cerquita, a solo dos pasos, pero antes de pelear por el título deberá superar el reto de Stefanos Tsitsipas, otro niño prodigio como Tiafoe, pero bastante más hecho y con mejor pinta y que frenó en seco la progresión de Roberto Bautista (7-5, 4-6, 6-4 y 7-6 (2)).

Mañana, a las 9.30 horas (Eurosport y ABC.es), vuelven a chocar dos generaciones muy bien representadas por sus máximos exponentes. Nadal, ya 32 años en sus piernas, curtido en mil batallas y con su cuerpo repleto de heridas, se regenera cada vez que se le da por acabado, ejemplo para cualquier niño que quiere ser algo en el planeta de la raqueta. Tsitsipas, despreocupado con 20 primaveras, manda en lo que se conoce como «Next Gen», campeón en noviembre de ese torneo promocional que monta la ATP paralelamente a la Copa de Maestros para presentar a los jugadores del mañana, todos ellos sub 21 y a los que se les espera para ya.

A las puertas de la elite

En gran medida, se les vende de manera prematura, cargando sobre estos imberbes una responsabilidad excesiva. En el tenis actual, cada día se explota más tarde, y cuesta ver un rostro nuevo entre una legión de treintañeros que comandan el circuito desde hace más de una década. Sin embargo, con Tsitsipas se ha acertado de pleno, pues ya es el 15 del mundo, se asegurado, como poco, salir de Australia como 12 y anticipa tardes repletas de éxito. A bote pronto, después de superar a un Bautista muy justito de fuerzas, se convierte, con 20 años y 168 días, en el semifinalista de un grande más joven desde que Djokovic llegó a esa ronda en Roland Garros de 2007 con 20 años y 110 días. No está nada mal.

«Es un tenista carismático, con buenos golpes de derecha y de revés, buen servicio, es un buen reto para mí y espero estar listo. Estoy en semifinales de un grande y no puedes esperar un rival fácil. Stefanos es uno de los mejores del mundo y para tener la oportunidad de volver a estar en la final, necesito jugar a mi mejor nivel», resumió Nadal justo después de despachar en una hora y 47 minutos a Tiafoe, esperanza americana que se derrumbó desde el primer intercambio. El chico, con pinta de marine, muy musculado y también con los ingredientes necesarios para romper pese a que de técnica no anda tan sobrado, comprobó lo bien que le funciona al mallorquín su saque, pues solo lo ha perdido en dos ocasiones durante todo el torneo.

Vuela Nadal, emulando el viaje de 2009 (la única vez que ganó en Melbourne) sin ceder una sola manga, y tiene ante sí una prueba de altura. Tsitsipas (193 centímetros) tocó el cielo al eliminar a Federer en cuartos de final y ante Bautista supo sufrir para esquivar una situación peligrosa en la tercera manga. «Stefanos está jugando muy buen tenis y tiene mucho tiempo para mejorar y para adquirir experiencia para estar en las finales de estos torneos. Es muy completo», le reconoció el castellonense, al que, pese a la derrota, se le debe reconocer este magnífico despertar en 2019.

Grecia, sin apenas historias que contar en este deporte (no hay más jugadores de este país entre los 1.000 primeros de la ATP), celebra la eclosión de este muchacho de melena rubia y aspecto desenfadado que en 2015 estuvo cerca de morir ahogado en el Egeo (le salvó su padre, quien observaba desde la orilla como la corriente se llevaba a su hijo) y que tiene imán con la cámara. «Es un cuento de hadas, vivo un sueño. Aunque yo sé todo el trabajo que me ha costado llegar hasta aquí», acepta. Se cruza en su aventura Nadal, quien le concede su bendición. «Antes de empezar este año hicimos una predicción que hacemos siempre para ver quién acabará el año entre los diez primeros y yo lo puse a él». Sabe de lo que habla.