Frank Gallagher (William H. Macy)
Frank Gallagher (William H. Macy)
SERIES

«Shameless» y «Ray Donovan»: la fascinación del mal

Hacer el bien agota, como mínimo al público. Los Donovan y los Gallagher deben saberlo en su inminente regreso

Actualizado:

El camino de vuelta del infierno tiene unas vistas menos llamativas que el descenso. Es lo malo de la redención, al menos como espectáculo. En la última temporada de Shameless, a Frank Gallagher (William H. Macy) le dio por hacerse llamar Francis, preludio de un cambio providencial para su hígado de repuesto, pero mortal para el alma de la serie. Muchos recordarán la lista de fechorías de un tipo capaz de ligar en la planta de oncología para tener más opciones entre las pacientes terminales. Los raros ratos que su familia se unía era para defenderse del progenitor, pero esa cohesión que proporciona siempre un enemigo de fuste se perdió en parte y Shameless amenaza con desmoronarse ante la fuga de la hija mayor. Emmy Rossum ha anunciado su marcha y nadie sabe si la serie sobrevivirá con el motor averiado y sin ancla.

Movistar estrenó la novena temporada el día 10 y solo sabemos que a Frank se le despertará la vena política -antes fue líder pro y antihomosexual a la vez-, mientras su familia sigue a tortas contra el mundo.

No menos tortuosa es la vida de Ray Donovan, que regresará en octubre a la plataforma de Telefónica (el previously puede recuperarse en Netflix). Las diferencias con Shameless son evidentes: una es casi una comedia sobre una familia de clase baja de Chicago y en la otra Liev Schreiber, primo hermano del señor Lobo, resuelve los problemas de las estrellas de Hollywood. Los propios, por supuesto, se amontonan en el cesto de la ropa sucia.

Los parecidos no son menos abrumadores. Ray y Frank son dos alcohólicos en un entorno disfuncional, enemigo de la paz. Los Donovan y los Gallagher comparten incluso la presencia de un hijo negro y en las dos casas -imposible llamarlas hogar- el padre es culpable de casi todo. No debe de ser casual que a Ray, como a Frank, le haya dado por la reflexión.

Dice mucho de ambas series que hayan prosperado en plena dictadura de la corrección

Pero el peor pecado reciente de Ray Donovan es abusar de los fantasmas y descuidar a los vivos. Incluso Susan Sarandon ha sido mal aprovechada, cuando la actriz mejora cada plano y da al protagonista un sentido, una misión. Los ajedrecistas saben que es preferible tener un mal plan que no guiarse por ninguno.

Ray tampoco puede descuidar a sus hermanos (sí a sus insufribles hijos, pese a que la niña ha mejorado las notas) ni utilizar a su antojo a sus ayudantes. Katherine Moennig y Steven Bauer son dos secundarios fabulosos. Jon Voight es otro caso, porque se las arregla solo. Tiempo habrá de ver si estamos a tiempo de recuperar la serie, que de momento se traslada a Nueva York.

Es curioso comparar también la arquitectura de personajes de Ray Donovan y Shameless. El duelo se puede seguir como un partido de dobles. Los padres, el amoral Frank (Macy) y el protervo Mickey (Voight), riegan el mundo con su defectuosa simiente y dan frutos de todos los colores. Los descendientes alpha, Ray y Fiona, son los únicos que comprenden y frenan al enemigo en casa.

Para que la batalla sea más compleja, los dos patriarcas tienen momentos de flaqueza en su maldad y los dos hijos fuertes se dejan vencer a veces por la debilidad. Son los genes. Es una lucha desigual entre el bien y el mal, a la que el espectador asiste fascinado, más por las taras que por la intermitente lucidez moral de sus antihéroes.

En el fondo, seguimos admirando a Vito Corleone. Ray Donovan es casi un padrino siciliano, con la defensa de la familia como pobre coartada. Frank Gallagher es menos sistemático, pero su carencia de filtros lo llevan a cometer actos casi peores, contra su propio apellido. Que ambas series hayan prosperado en plena dictadura de la corrección podría demostrar sus inmensos valores… o la desorientación del público. Sin despreciar la segunda opción, nos agarraremos a la primera con pasión. Pero por favor, que remonten el vuelo o firmen un digno final.