Empire State en Nueva York
Empire State en Nueva York
ARQUITECTURA

El rascacielos, de la armonía al espectáculo

Estas torres pronto se convirtieron en símbolo del poder tecnológico y económico

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El rascacielos es uno de los grandes logros del siglo XX. El desarrollo tecnológico impulsó una carrera de construcción en altura cada más desaforada, generando una ciudad vertical y compacta. Con su connotación fálica, no sólo devino símbolo del poder tecnológico sino también del económico. Las primeras torres se erigían a partir de un concepto clásico de armonía y belleza. El Empire State, el edificio Chrysler o el Seagram Building (todos en Nueva York), hicieron del rascacielos estadounidense el paradigma de esta tipología.

En el tránsito del siglo XX al XXI, la carrera por la altura cambió de escenario. El atentado contra las Torres Gemelas del 11-S agitó el sentido del rascacielos. Repasar las propuestas para la reconstrucción de la Zona Cero hace pensar que parecía imponerse una catártica revisión del concepto.

Valor fetiche

Las circunstancias que rodearon la historia de la torre diseñada por Daniel Libeskind demostraron que, pasado el trauma, el rascacielos se reafirmaba como expresión de poder. No obstante, el cambio de escenario del poder financiero trasladó su foco, convertido en espectáculo, al Golfo Pérsico y China. El fruto de esta obsesión fue una plaga de esperpentos elevados, búsquedas formales desastrosas, historicismos y folclorismos absurdos, como el Burj Califa, el Taipei 101 o las Petronas.

Aceptando tácitamente esta derrota, las ciudades occidentales se han decantado por el valor fetiche del edificio de autor-estrella. Hoy en Nueva York, la torre 8 Spruce Street de Frank Gehry condensa todos los tics del autor del Guggenheim-Bilbao; en 56 Leonard Street, Herzog & de Meuron fracasan al intentar reinventar la torre residencial; Bjarke Ingels derrocha ideas pueriles en su proyecto para la Torre 2 del World Trade Center o la vacuidad del 432 Park Avenue de R. Viñoly.