LIBROS

Primera democracia

Inspirándose en Heródoto, Tucídides y Aristóteles, Kawa y Papadatos convierten la Grecia clásica en cómic

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Nadie duda del valor pedagógico que puede tener la historieta, y existen ya numerosos ejemplos de las capacidades didácticas del tebeo como transmisor y difusor de cultura. Desde aquellas míticas colecciones mexicanas de la editorial Novaro que llevaban por título «Vidas ejemplares», «Vidas ilustres» o «Joyas de la mitología» hasta, sin ir más lejos, esta novela gráfica sobre los orígenes de la democracia griega que acaba de publicar Alianza con un sabroso prólogo de Carlos García Gual.

La idea del libro es de Alecos Papadatos, el dibujante de « Logicomix» (célebre novela gráfica publicada en nuestros pagos por Ediciones Sins Entido); el guión, de otro griego, Abraham Kawa; los dibujos, del citado Papadatos, y el color, de la francesa Annie Di Donna, que ya se había encargado de esa misma parcela en «Logicomix». La historia está basada en tres fuentes primarias fundamentales: las «Historias» de Heródoto, la «Historia de la Guerra del Peloponeso» de Tucídides y la «Constitución de los atenienses» de Aristóteles, redactadas mucho tiempo después de los acontecimientos narrados en «Democracia», que se refieren, sobre todo, a lo ocurrido en Atenas en la segunda mitad del siglo VI a. C., desde la tiranía de Pisístrato y sus hijos Hipias e Hiparco hasta la jornada decisiva de Maratón (490 a. C.).

Batalla de Maratón

El protagonista de la historia, Leandro, inventado por Papadatos, no es, como dice García Gual, «un notorio paladín político, ni tampoco un héroe que por sus hazañas hubiera merecido pasar a las crónicas o a la literatura épica», sino un ciudadano del montón, uno de esos pintores artesanos que decoraban con escenas mitológicas los hermosos vasos de cerámica ática, la industria más floreciente de la región. Unos vasos que albergaban el vino y el aceite que Atenas exportaba al resto del mundo griego y que se expandieron por toda la cuenca del Mediterráneo.

Pues bien, este decorador de vasijas atenienses rememora su vida mientras se prepara para la batalla de Maratón, que va a tener lugar al día siguiente y que se va a librar contra un ejército mucho más poderoso que el ateniense: el de los persas invasores de Darío I, que cuenta en sus filas con el traidor Hipias, el tirano expulsado de Atenas veinte años antes, en 510.

Leandro, pues, nos cuenta su propia historia, que comienza con el asesinato de su padre, partidario de las reformas democráticas y víctima de la tiranía, y continúa dando testimonio de los males que traen consigo los regímenes autoritarios y del santo advenimiento de la democracia, el menos malo –como suele decirse– de los sistemas políticos que se han autoimpuesto los hombres.

De ese modo, enlazando la biografía personal de Leandro con la de su ciudad, asistimos a los sucesos que condujeron a la primera democracia conocida de la Historia, aquella que, emergiendo de fases anteriores ligadas al despotismo y al gobierno tiránico, pero también de las leyes promulgadas por el sabio legislador Solón, fue abriéndose paso de la mano de personajes como Clístenes y fijando unas normas de convivencia cívica vigentes todavía hoy. Todo ello expresado gráficamente con trazo grueso, impregnado de matices expresionistas y abiertamente decantado hacia el feísmo, en aras de una mayor conexión con la realidad narrada y una mayor desconexión con los moldes de belleza helénicos al uso. El resultado es una novela gráfica muy respetuosa con la Historia y altamente recomendable.