Los galardonados con el Premio Princesa de Asturias 2018 de Cooperación Internacional , Amref Health Africa (Global) y Amref Salud África (España)
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CINCO MINUTOS DE GLORIA

Los Premios Princesa de Asturias y otras gaitas

Reflexiones entre bambalinas de unos galardones con una gran carga emocional

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Cuentan los más veteranos que los discursos de los galardonados con los premios Princesa de Asturias se pueden y se deben enmarcar por el valor y la emoción de sus palabras. Recuerdo el de Leonard Cohen, hace tiempo, y su confesión de apasionado amor a Lorca (una hija suya, por cierto, lleva su nombre). Pueden volver a verlo en YouTube si quieren que les suba el orgullo patrio sin alharacas políticas. Este año he acudido a la ceremonia de entrega como miembro del jurado del premio de las Letras. Agradecida y emocionada, dicho así sin más ni menos adornos. Y no crean que escribo todo esto por ese gesto tan español, también, de hacer la pelota. Asistir a aquella comida en el Hotel de la Reconquista y al baile escénico de personajes de la cultura, de la política y de la vida social, no tiene precio. Todos quieren ver al Rey y mirar a la Reina. Un Monarca que atiende por tiempo indefinido a quienes se le acercan. Imaginan bien: todos nos sumamos a la informal cola. Unos políticos new generation -Pablo Casado y Albert Rivera- que zascandilean de acá para allá sin apenas tiempo para llevarse bocado a la boca… Gajes de esa meritocracia a la española.

Escuchar los discursos sentada en la butaca del Teatro Campoamor tampoco tiene precio. Puedo seguir ejercitando ese arma indispensable de los periodistas que es la observación. Sobre ella habla la premiada (y colega, como le gusta que se la llame) Alma Guillermo Prieto. Tan sobria en sus palabras, certera y emocionada en su discurso. Para ser buen periodista no hay que hacerse notar demasiado, pero sí saber estar. Dixit. El Rey también pone los puntos sobre las íes, porque nuestra Constitución cumple 40 años y el murmullo de fondo se nota y se siente.

Cantaba Paco Ibáñez, parafraseando a George Brassens, aquello de que la música militar nunca le supo levantar. Las gaitas asturianas afinan el himno y resuenan en el teatro y por las calles de Oviedo. Y les aseguro que resucitan hasta a un muerto.