Hedy Lamarr
Hedy Lamarr
CINE

La pasión cinéfila de José Luis Garci

Nuestro oscarizado director reúne veintiún trabajos donde rinde homenaje al Séptimo Arte. Desde el «gallinero» de los cines vivió irrepetibles experiencias estéticas

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Con otra cubierta maravillosa de Miguel Navia, que repite como portadista de Garci en Reino de Cordelia después de su colección de relatos Insert Coin, aparece en librerías un nuevo libro de nuestro oscarizado cineasta, tratándose esta vez de una serie de ensayos que versan mayoritariamente sobre cine y que configuran una especie de autobiografía atípica de su autor, tan proclive a rendir culto a la memoria del tiempo pretérito. Garci nació en Madrid en 1944, en una época en que el cine -y especialmente el celuloide norteamericano- era el alimento espiritual cotidiano de la gente, una auténtica puerta abierta a la libertad y a la imaginación. La vida se veía en blanco y negro fuera de los cines, en un gris precario y tristón, mientras que las salas de exhibición cinematográfica comenzaban a florecer con la alegría del color. Ese es el mundo que se ofreció a los ojos del Garci niño y adolescente, inundándolo de ensueños a todo color desde la magia de los carteles que decoraban los cines de la Gran Vía, anunciando experiencias inolvidables tanto para los espectadores pudientes del patio de butacas como para aquellos que no podían pagarse más que entradas de gallinero.

Recordar es vivir de nuevo, y eso es lo que hace José Luis Garci en los veintiún ensayos de que consta A este lado del gallinero, un título que, por cierto, rinde homenaje a la primera novela de F. Scott Fitzgerald, This Side of Paradise, que vio la luz en 1920. Al gallinero de los cines se lo llamaba también «paraíso», y no es mala elección la de esa palabra para aludir a un lugar desde el cual, pese a la distancia considerable que lo separaba de la pantalla, podía uno compartir con las estrellas de Hollywood emociones y situaciones que eran imposibles o muy difíciles de experimentar en la vida diaria de una complicada posguerra. Garci rinde tributo al paraíso o gallinero desde donde vivió esas irrepetibles experiencias estéticas y vitales. Y lo hace agrupando por orden cronológico en un ramillete textual una serie de trabajos previamente publicados a lo largo de los últimos cuarenta y seis años, desde 1972 («Cine kitsch») hasta 2018 («Nick en la Gran Vía», consagrado a Nicholas Ray y dedicado a Enrique Alegrete y Guillermo Balmori, los editores de Notorious).

El viejo TBO

Y hablando de editores, es imprescindible elogiar la factura formal del libro, que presenta una tipografía tan agradable como legible, unas ilustraciones muy bien escogidas (por el propio Garci y por el editor de Reino de Cordelia) y alguna que otra contribución gráfica del mencionado Miguel Navia en el interior que nos deja boquiabiertos por su enorme calidad.

Se muestra en estos ensayos la chispa, el encanto y la magia verbales del José Luis Garci escritor

«El cinematógrafo es una apisonadora para nivelar las costumbres»: es la frase de Paul Morand elegida por Garci como lema de A este lado del gallinero, que contiene también una introducción del autor rotulada «Desvaríos para un prólogo» donde se evoca, en la primera frase, una sección del viejo TBO firmada por el pseudónimo Antares. Los tebeos y el cine han sido y siguen siendo íntimos aliados a la hora de alimentar los ratos libres de la gente con sus propuestas secuenciadas. Y hablo de secuencias porque tanto el cine como el tebeo son artes secuenciados (Will Eisner dixit), constituyendo los fotogramas en un caso y las viñetas en el otro los componentes últimos de sus respectivas secuencias. Garci ha manifestado siempre su devoción por el noveno arte, contando cómo devoraba en su niñez y en su adolescencia los entrañables tebeos apaisados de la época.

Desde su infancia

Una de sus series favoritas era Aventuras del FBI (Editorial Rollán), dibujada a partir de 1951 por Luis Bermejo y protagonizada por Jack, Bill y Sam, tres personajes para el recuerdo. Pues bien, en aquella sección firmada por Antares en el TBO se pasaba revista a los actores y actrices más populares, trazando breves biografías de cada uno. Así, desfilaron por la sección, por citar tan solo tres nombres, figuras tan brillantes de la cinematografía de entonces como Veronica Lake (y su fascinante melena), Victor Mature (nuestro Sansón particular) o Hedy Lamarr (la inquietante y magnética Dalila que embauca a Sansón en la espléndida cinta de Cecil B. DeMille).

Las páginas de A este lado del gallinero son, como reza su subtítulo, Visiones en Technicolor y en Cinemascope del mundo fílmico que Garci disfrutó desde su infancia y que hizo suyo, primero, desde su condición de guionista y, luego como director. En el curso de su dilatada carrera tuvo ocasión de codearse con algunos de los realizadores más famosos de Hollywood, como Billy Wilder, a quien tributa un estupendo artículo, titulado «Pal Billy» (o sea, «Camarada Billy»), en este libro misceláneo y genial, que está redactado con la chispa, el encanto y la magia verbales a que José Luis Garci nos tiene acostumbrados como escritor.