El genial escritor ruso Vladimir Nabokov
El genial escritor ruso Vladimir Nabokov
LOS LIBROS DE MI VIDA

Nabokov o la verdad de un mentiroso compulsivo

«Desesperación», de Vladimir Nabokov, es una obra enigmática en la que el autor ruso aparece y se oculta tras el lenguaje

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Vladimir Nabokov escribió Desesperación en 1936, una de sus novelas más enigmáticas. La primera versión apareció en Berlín en ruso, pero al año siguiente él mismo preparó una traducción al inglés. Su aristocrática familia, que vivía en un palacio en San Petersburgo, se había exiliado a Alemania en 1919 para huir de la Revolución Bolchevique. Su padre sería asesinado tres años después por un ultraderechista y antisemita, pese a que se había posicionado en contra de Lenin.

No resulta fácil clasificar Desesperación, una obra que refleja el desarraigo de Nabokov y el trauma por la subida al poder de Hitler, que forzaría a su familia a abandonar Alemania para emigrar a EE.UU. El escritor había estudiado en Cambridge y, desde su adolescencia, dominaba el ruso, su idioma natal, el alemán, el francés y el inglés.

Desesperación es una novela en clave en la que Hermann, el narrador, confiesa que es un mentiroso compulsivo de suerte que es muy difícil separar la realidad de la ficción a lo largo del relato, que concluye con un ambiguo final, abierto a la interpretación del lector. Desesperación podría ser una autobiografía, una novela negra, una obra en clave de humor o una reflexión sobre la creación literaria. Probablemente es a la vez las cuatro cosas.

El peso de la narración lo lleva siempre Hermann, un fabricante de chocolate de Berlín que está casado con una mujer atractiva pero corta de luces. Todo cambia cuando en un viaje a Praga Hermann conoce en el solar cercano a una fábrica a Félix, un vagabundo de un parecido asombroso.

El encuentro provoca que el protagonista comience a preparar el asesinato de su doble para hacerle pasar por él y cobrar el cuantioso seguro de vida que le corresponde a la viuda. Hermann finalmente ejecutará el plan, pero las cosas no saldrán como él pensaba. En las últimas páginas, Desesperación, que fue llevada al cine por Rainer Fassbinder en 1978, se convierte en una trepidante novela negra.

El juego del doble

Pero hay también a lo largo de la obra una reflexión sobre la figura del doble, entreverada con algunas menciones a Dostoievski, fascinado por este tema. El doble es alguien que nos permite vernos desde fuera, proyectar nuestra personalidad, pero sin renunciar a nuestra identidad, que queda reforzada por esa engañosa y aparente similitud.

Hermann condensa lo peor de sí mismo en Félix, de suerte que, cuando le dispara por la espalda en un lago solitario, está matando el lado más siniestro de su personalidad. Pero el asesinato de su doble le arrastra hasta el fondo del abismo no tanto porque su plan haya sido descubierto sino porque aflora ante sus ojos la falta de sentido de la vida y la imposibilidad de asumir la realidad. Cuando Hermann dice que la existencia es «un sueño maligno», el autor está expresando sus propios sentimientos.

La válvula de escape de Nabokov fue la literatura pero no como denuncia de una realidad social y política deprimente sino como un camino abierto a la exploración de su desdicha. Para ello, el escritor ruso juega con el lenguaje, se oculta tras de él y entabla un diálogo con el lector en el que sugiere más que enuncia.

Búsqueda de la rareza

En cierta forma, sus libros tienen mucho que ver con su afición a las mariposas que le llevaron a buscar especímenes desconocidos en África y las selvas de Latinoamérica. En la entomología como en la literatura, Nabokov buscaba la rareza.

En Desesperación la historia es importante, pero todavía lo son más sus acertijos, sus burlas, sus juegos de palabras y sus bufonadas tras las que se esconde. Podríamos concluir que Nabokov se muestra al lector en la personalidad de Hermann, pero lo hace frivolizando al personaje y dejando claro que es un mentiroso compulsivo. Pero el lenguaje le traiciona en pasajes como cuando reflexiona sobre la imposibilidad de la existencia de Dios en los que aflora el dolor insoportable de su infortunio.

Nabokov no es fácil de entender porque se oculta tras las máscaras que va acumulando en una narración en la que siempre se cuestiona la relación entre la literatura y lo real. Sus trabajos son como un lienzo en el que hay que escudriñar con paciencia y atención los detalles, que son tan importantes como el fondo del relato. Por eso, gustaba decir que para entender el Ulises de Joyce hay que leer el texto con un mapa de Dublín.

Murió en 1977 en Montreux como un autor de culto y desde entonces su reputación no ha dejado de crecer pese a que hay pocos creadores tan enigmáticos y contradictorios como él.