El artista está representado por la Twin Gallery
El artista está representado por la Twin Gallery - Camila Alvarenga
ARCO'19

Manuel Franquelo Giner: «Me gusta presentar las cosas lo más crudas posible»

De su proceso de creación para hacer una obra a su preparación para presentarse por primera vez a ARCO, Franquelo Giner habla sobre antiespecismo, ecologismo y sobre cómo hacer que sus obras provoquen un «click» en los espectadores

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Manuel Franquelo Giner no quiere decirle al espectador qué es su arte. «Se trata realmente de dar herramientas en forma de obra. Si las quieres, la utilizas y, si no, te vas a tu casa como has venido». Con tan solo 28 años, ya tiene muy clara la función que quiere que tenga su labor.

Empezó hace cinco años, en el último año de la facultad, y su nombre ya suena entre coleccionistas y admiradores del arte contemporáneo. Hijo de artista, deja su huella con obras de tema antiespecistas y ecologistas.

Preparándose para su primera vez en ARCO, representado por la galería Twin Gallery, el joven artista cuenta a ABC Cultural lo sistemático que es su proceso creativo, los libros que lee al plantearse una obra y el impacto que quiere provocar con ellas.

—¿Cómo plantea una obra?

—Parece una cosa muy romántica, pero es que es verdad: las ideas surgen cuando no quieres que surjan. Surgen cuando estás en la ducha o cuando estás conduciendo y, claro, no puedes escribir y tienes que parar en algún sitio porque luego se te olvida. Hay ideas geniales que, a veces, no recuerdas.

—Una vez que tiene la idea, ¿cuál es el paso siguiente? ¿Cómo trabaja usted?

—Mi forma de trabajar es leyendo todo lo que puedo. Entonces, a parte de ser un hobby, es una parte muy importante del proceso creativo. Antes de cualquier proyecto, u obra, me compro un taco de libros. Desde ahí tengo una forma muy sistemática de trabajar: pongo etiquetas de color y cada color significa una cita o una idea para una obra, un título u otra cosa. Mis libros están todos reventados de etiquetas que reviso cuando voy a organizar un proyecto.

—¿Qué tipo de libros lee?

—Me gusta mucho leer filosofía política y ética, principalmente que tenga que ver con los animales y ecologismos. Además, leo bastante sobre teoría del arte.

—¿De qué manera esas lecturas contribuyen para que pueda posicionarse con su obra?

—Pues tú vas chupando todo eso como una esponja y luego sueltas todo en una obra, en un planteamiento concreto para decir algo que te preocupa, posicionarte de alguna manera. Pero a mí me gusta no posicionarme al 100 por 100, sino dejar ahí la información para que la gente de alguna forma lo chupe y saque sus propias conclusiones. Se trata más bien de plantear el espacio caliente, apuntar dónde está el problema. Muchas veces está todo disfrazado por anuncios, por propaganda, en fin. Todo está muy mediado. A mí me gusta presentar las cosas pero de la forma más cruda posible. O sea, sin estar excesivamente mediadas. Y, luego, que a través de ese discurso se hagan «clicks» o no.

—Y entonces, ¿cómo eso se desarrolla en obra?

—La idea es la locomotora de los materiales. Yo, cuando tengo un concepto en la cabeza, pienso qué material puede facilitarle al espectador el camino para el concepto original. Entonces en mi cabeza hay una biblioteca de formas de producir cosas y de materiales muy amplia. Eso es un privilegio porque mientras se me están ocurriendo ideas, se me están ocurriendo materiales y formas de producir. Y yo, personalmente, no tengo taller. Lo que hago es trabajar como trabajaría un arquitecto: un arquitecto tiene su idea, pero luego no es él quien pone el ladrillo, ni es quien se va a la obra a levantar vigas. Que tampoco pasa nada, pero eso simplemente no es parte de su proceso. Pues yo me veo más así, a quien se le ocurren ideas y luego va a los talleres que se dedican a producir las obras de los artistas.

El artista compara su taller al de un arquitecto
El artista compara su taller al de un arquitecto - Manuel Franquelo Giner

—Y, ¿puede pasar algo mal en ese proceso? ¿Cuánto tiempo le toma una obra?

—Claro, la investigación de materiales lo que tiene es que nunca funciona. Todo se rompe. Surgen muchos problemas siempre porque estás haciendo algo que no es habitual y no sabes cómo van a reaccionar las cosas. Hay veces que todo falla. Entonces todo lo tienes que hacer con mucha antelación. La producción, en mi caso, suele ser muy larga. No necesariamente tardo en terminar porque no estoy contento con cómo me está saliendo, sino porque los materiales son complicados. Y si una obra no me sale muy bien, la dejo.

—Sobre ARCO ¿cómo es la obra que va a presentar?

—Se titula Ornamentos Materiales para un Matadero. Los mataderos en Egipto, por ejemplo, una de las primeras grandes civilizaciones, eran muy visibles, no eran opacos como lo son ahora, estaban abiertos y decorados con motivos simbólicos que contaban historias. Eran formas de transmitir la muerte de un animal y justificarlo en términos morales y religiosos ante las personas. Pero en el presente eso se ha transformado hasta llegar a unos niveles de opacidad y de asepticismo increíbles. Ahora la ornamentación está en el lenguaje. Ha pasado de ser algo material a formar parte de algo invisible. Nos llegan las cosas listas, plastificadas y perfectas. No sabemos de dónde vienen.

Entonces la idea es crear esa disonancia de volver a transportar el ornamento material de un matadero industrial a la realidad. Serán unos ornamentos con motivos de matadero industrial, es decir, con cadenas, cabezas de animales y motivos que explican lo que realmente puede pasar ahí. Y quiero presentarlo como si fuese un friso, estirado a lo largo del estand y como si estuviese a punto de caerse. Como si estuviésemos en ese punto de tensión.

—Será su primera vez en ARCO, ¿qué ilusión tiene?

—Me hace mucha ilusión porque, de pequeño, me llevaba mi padre y era como: «¡Guau!, yo quiero también estar aquí». Luego continuaba yendo y en la facultad aún lo veía lejos. Pero ahora lo veo con muchas ganas. Sobre todo para que se pueda transmitir la obra más a nivel internacional.