El «padre» del Coyote (en la imagen), José Mallorquí, también escribió terror
El «padre» del Coyote (en la imagen), José Mallorquí, también escribió terror
LIBROS

José Mallorquí, tras las huellas de Poe

«Narraciones terroríficas» rescata a un Mallorquí inusual, que no se agota en el Coyote y pone los pelos de punta

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En el principio estuvo el «pulp» norteamericano de fantasía y de terror, especialmente la mítica revista «Weird Tales» (1923-1954), referente máximo de todos los proyectos posteriores del mismo tipo. En ella se inspiró otra revista legendaria, editada e impresa en Argentina por Editorial Molino y titulada «Narraciones terroríficas», cuya primera entrega vio la luz en junio de 1939, prolongándose su existencia hasta mayo de 1952, cuando el editor Pablo del Molino desmanteló su negocio editorial en América y regresó a España de manera definitiva.

Fue el genial José Mallorquí Figuerola (Barcelona, 1913-Madrid, 1972) quien propuso al otro hermano Del Molino, Luis, la creación de una colección de novelas de terror, proyecto que cristalizaría en la revista «Narraciones terroríficas», cuyos primeros 39 números (poco más de la mitad de los aparecidos con ese rótulo) se publicaron bajo la atenta supervisión de Mallorquí. Se editaba, pues, en Buenos Aires, pero se preparaba en el número 245 de la barcelonesa calle de Urgel, sede peninsular de Editorial Molino.

El padre del Coyote dirigió «Narraciones terroríficas» hasta junio de 1943, fecha en que, por cierto, comenzó a pergeñar la figura del héroe enmascarado más famoso, junto al Guerrero del Antifaz, de la cultura popular española, un personaje al que dedicaría un total ¡de 192 novelas! En ese lapso, Mallorquí publicó hasta diecinueve relatos de su autoría en la revista de terror de Molino.

El Dumas hispano

Esos diecinueve relatos se ofrecen ahora en un grueso volumen auspiciado por Cyberdark y enriquecido con un magnífico prólogo de Armando Boix («El terror transatlántico de José Mallorquí») y un estupendo epílogo de Carlos Abraham («Narraciones terroríficas: la belleza del horror»), más centrado el primero en Mallorquí y en «Narraciones…» el segundo.

José Mallorquí es el propietario de una de las prosas más cautivadoras que ha dado la literatura española de todos los tiempos, una especie de Alejandro Dumas hispano que captura al lector en el primer párrafo y lo mantiene prisionero hasta el último, manteniéndolo en vilo a lo largo de la narración, que es de una intensidad, una energía y una vivacidad paradigmáticas.

Cada uno de los relatos tiene impreso el sello de la excelencia narrativa, pero hay alguno que me ha gustado especialmente, como la trilogía compuesta por «El Ojo de Alá», «Ataque nocturno» y «El amuleto», el impresionante relato «Cheka» (basado en los horrores de nuestra guerra incivil) o «El secreto de Klaus Becker» (relato alquímico a caballo entre dos épocas: la primera mitad del siglo XVI, en la Alemania socavada por la herejía luterana, y 1941, año en que se publicó el relato en la revista de Editorial Molino).

Bendita sea la recuperación de José Mallorquí como cuentista de terror, tras los pasos del maestro de maestros, Edgar Allan Poe, pero sin desmerecer de su altísima fuente en lo que a pulso narrativo se refiere. Ya solo falta que aparezca en el mercado una colección completa de Narraciones terroríficas y que pueda comprarla el que suscribe para que su felicidad sea completa.