El escritor venezolano, y amante de Japón, Ednodio Quintero
El escritor venezolano, y amante de Japón, Ednodio Quintero
LIBROS

Ednodio Quintero, el cuento de nunca acabar de Venezuela

El escritor venezolano sigue la tradición de los cuentistas latinoamericanos, pese a ser uno de sus grandes desconocidos

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La publicación en España de los cuentos de Ednodio Quintero (Las Mesitas, Trujillo, Venezuela, 1947) debería ser motivo de acontecimiento literario. Quintero es, además, de magnífico traductor del japonés (Yunichiro Tanizaki y Ryonosuke Akutagawa, por ejemplo), guionista cinematográfico y ensayista, uno de los grandes cuentistas americanos del momento, lo que es decir mucho en la tierra de Horacio Quiroga, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Juan José Arreola, Augusto Monterroso, Rómulo Gallegos, Antonieta Madrid y tantos, tantos otros, por lo que no cabe más que felicitarse por esta iniciativa editorial. La narrativa de Quintero es, para decirlo a modo de terrible resumen, fascinante, amén de inquietante. En libros como «Combates» o «La danza del jaguar» se juega, así, con ambientes obligadamente tétricos, en una especie de vértigo, consecuencia de una visión barroca de la existencia aunque, curiosamente, los paisajes suelen ser agrestes, tremendos en su desnudez, y todo dominado, atemperado, por un luminoso sentido del humor.

Modo de sentir y percibir lo cervantino en un autor que siempre se sintió fascinado por un personaje como Alonso Quijano, un héroe de la querencia y de la soledad que tanto le emparenta con el wéstern, uno de sus géneros favoritos. Así, en sus cuentos, que suelen estar narrados de modo obsesivo en primera persona, el protagonista suele ser alguien tendente a resolver urgentes inquietudes vitales, que son resueltos gracias a la persistencia infinita, a la constancia, a la voluntad... Y ello sucede de forma recurrente en todos sus libros de relatos, desde luego los tres espléndidos, «Volveré con mis perros», «La línea de la vida» y «El arquero dormido y otros cuentos», pero también en otros, como «Cabeza de cabra y otros relatos» o «El agresor cotidiano», y que el lector, antes de esta edición, podía encontrar en «Combates» y «Ceremonias», los dos volúmenes que recopilaron sus cuentos completos.

Ámbitos contradictorios

Resulta curioso comprobar que su número de novelas es, por ahora, similar al de sus libros de relatos, así como comprobar que muchos de los problemas que acosan ahora a la sociedad venezolana estaban previstos en cierta manera en «El arquero dormido». Esos desfasados y curiosos experimentos de un socialismo muy propio del siglo XIX trasladado a la complejidad y el marasmo del siglo XXI, terminan resolviéndose en puro caos. Con esta edición de los cuentos tenemos la oportunidad de seguir la nítida evolución de uno de los grandes hacedores de relatos. En «La muerte viaja a caballo», que consta de setenta cuentos cortos, se nota cierta influencia de Augusto Monterroso; en «Volveré con mis perros» esa evolución se afianza; finalmente, el estilo de Quintero se hace pleno con «La danza del jaguar», una novela que le cambió el modo de mirar el mundo y las cosas.

Un libro fundamental de un escritor que merece ser más conocido; un autor que juega en ámbitos contradictorios y ahí se mueve como pez en el agua: vive en la ciudad venezolana de Mérida pero lo suyo es Tokio, ciudad que le fascina.