La generación del 27 S.A.
El poeta Pedro Salinas, uno de los miembros de la Generación del 27
opinión

La generación del 27 S.A.

El siglo XX no fue sino una sucesión de generaciones, epígonos de los fundadores. Un modelo que, al principio del siglo XXI, ya manifiesta sus arrugas y su cansancio

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La realidad literaria es una invención. Fue el malevo Bergamín quien acuñó, con un cinismo y una inteligencia superlativas, el término, o mejor, comentó que a eso de Generación del 27 le faltaba algo para ser, o para expresar, plenamente su sentido: Generación del 27 S.A. Y lo cierto es que al hilo de la maldad de Bergamín cualquiera, no especialmente acostumbrado a los usos y manejos literarios, puede tirar de la manta de la Historia y descubrir que, sin duda, Bergamín quería decir, y advertir, más de lo que a simple vista, y como mero chiste, podía significar.

Una generación literaria nace por cansancio de la generación anterior. Son un grupo de amigos que, pronto, se perciben como movimiento, se caracterizan «por eso que muchos críticos consideran poco intelectual y digno de suspicacia: la amistad literaria», cuando no la amistad pura y dura; se constituyen en una sociedad de socorros mutuos (uno escribe en una determinada publicación alabando las virtudes de otro y ese otro escribe sobre aquel uno en otra publicación alabando las virtudes literarias correspondientes); todos con la suficiente vocación de influir, de manera decisiva, y plenamente conscientes de ello, en la Historia de la literatura en español, y no solo en la literatura, sino en las artes plásticas, el entonces incipiente cine, la música, la arquitectura.

Impactante puesta en escena

Así se imponen las individualidades que lo conforman; el entramado se monta en torno a la fundación, u ocupación, de editoriales, revistas; concesión de premios, viajes, instituciones, críticos afines, testimonios, declaraciones periodísticas y, además, se debe contar con una figura nacional respetada que les promocione: en este caso, Ortega, quien a través de Revista de Occidente, con enorme visión contemporánea, dio a conocer a buena parte de este grupo de jovencísimos poetas, narradores, ensayistas y críticos; en suma, algo que podría parecer muy de ahora y es de entonces: la gestión de la imagen que se inventa.

Los de 27 lo hacen de fábula. Son rabiosamente modernos

Es el marketing, cuando no la mercadotecnia, el que provoca la difusión y expansión de la Generación en sí. Y Bergamín, que, como señalara Ezra Pound para el artista, era «las antenas de su especie», se percató de que la irrupción del 27 en la vida literaria española e hispanoamericana había sido ejemplar, no ya desde el punto de vista literario, sino desde los modelos empresariales. Habían seguido los pasos justos y medidos que se requieren para una impactante puesta en escena, habían cumplido todos los pormenores que se exigen para colocar un producto en el mayor número posible de lugares estratégicos; incluso con la conocida vocación empresarial de monopolizar el discurso y el mercado. Son los años de las masas, de la propaganda y de la publicidad.

Los del 27 han aprendido la lección de las generaciones anteriores, la del 98, con su manifestación por el Paseo de Recoletos madrileño implorando que le quiten el Nobel al pobre Echegaray (acto único, que sean los compatriotas los que soliciten la retirada), o el homenaje a Azorín en 1913 (recogido en tres Terceras de ABC, escritas por el propio Azorín, como el momento fundacional de la Generación del 98), o la presentación de la Agrupación al Servicio de la República en el teatro Juan Bravo de Segovia, con Ortega, Marañón y Pérez de Ayala, como la correspondiente presentación de la del 14.

Los de 27 lo hacen de fábula. Amplían esos guiños decimonónicos; son rabiosamente modernos, utilizan la propaganda cultural quintaesenciada y manejan los hilos invisibles, no otras serán sus fórmulas secretas. Arrasan ante el resto de grupos literarios de la época; laminan a otras tendencias, se erigen en la prima donnade la representación. Son, en efecto, una sólida sociedad anónima, con una perfecta y engrasada maquinaria propagandística.

Es el «marketing» el que provoca la difusión de la Generación

Otros grupos, en otras literaturas, seguirán o coincidirán en la onda: Contemporáneos en México; Bloomsbury en Londres; Sur en Buenos Aires. Recordaba Max Aub que uno es de donde ha cursado el bachillerato. Los miembros del 27 han coincidido en un mismo bachillerato, en unas mismas condiciones de equilibrio político en su adolescencia, comparten las mismas lecturas, crean las revistas Lola, Carmen, La Gaceta Literaria, Cruz y Raya, Alfar, Litoral. Presentan una Antología de poetas, preparada por Gerardo Diego; dan el aldabonazo de salida con el homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla y les cobija y apoya Ortega, no solo en Revista de Occidente, sino en editoriales (Espasa-Calpe, con la colección de nuevos narradores, en donde publican jóvenes como Ayala o Chacel), periódicos (El Sol), radio (Unión Radio) y cine (Filmófono); tienen su Camelot en la Residencia de Estudiantes de Madrid, y bajo la estela de Ortega viajan a América, publican en sus revistas, con un agitador incorregible e infatigable, Ernesto Giménez Caballero.

El modelo, en el sentido canónico de modernidad, había sido trazado. El siglo XX no fue sino una sucesión de generaciones, epígonos de los fundadores. Un modelo que, al principio del siglo XXI, ya manifiesta sus arrugas y su cansancio. No es el fin de las generaciones, estas aparecerán siempre, pero sí la agonía de esa manera de construir una sociedad anónima anclada ya en el pasado.