Laura F. Gibellini mete el metro de Nueva York en la galería Slowtrack
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Laura F. Gibellini mete el metro de Nueva York en la galería Slowtrack

Hace un mes, la española Laura F. Gibellini participaba en un proyecto de arte emergente del metro de Nueva York. Algunas de sus piezas llegan ahora a la galería Slowtrack, en Madrid

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Desde los años ochenta, el metro de Nueva York cuenta con un programa de promoción de arte emergente ( MTA-Arts for Transit) con el que los jóvenes (y no tan jóvenes) creadores van decorando sus estaciones a medida que estas se van construyendo o reformando: «Es una red muy antigua, por lo que está llena de posibilidades para los artistas». La que así habla es la española Laura F. Gibellini, una de las últimas creadoras que se han beneficiado de este proyecto, de forma que, desde el mes de diciembre, una bocanada de aire español se respira en tres de las paradas de uno de los suburbanos más importantes del mundo: «Se trata de tres estaciones del metro elevado de la línea que une Queens con Queensboro, un barrio ahora habitado fundamentalmente por inmigrantes polacos y rumanos».

Una vez allí, Gibellini reparó en algo que para una persona de Madrid, Salamanca, Vitoria o cualquier otra ciudad de nuestro país, sobre todo si ha vivido en un barrio, no le habría llamado la atención. Pero cuando uno se encuentra lejos de casa, son cuestiones que le impulsan de golpe a su origen: estos inmigrantes también han traido consigo parte de su cultura y, entre otras, la costumbre de tender la ropa en la calle... Como hemos hecho durante años muchos de nosotros. La española compuso así doce grandes ventanales de vidrio (y un mosaico) inspirados en esas camisas, calcetines y demás prendas que pendían colgadas de las cuerdas. Son las piezas del proyecto «DOM (variations)» que ahora entra y se completa en la galería Slowtrack de Madrid.

Cartografiar el mundo

«Ha decir verdad –apunta Gibellini– este es la culminación de un conjunto que ya había comenzado años atrás, cuando colaboraba con Marta Moriarty en Vacío 9, su anterior galería». Cuatro de esas estructuras vidriadas («The Possibility of Her Presence I-IV»), trabajadas con una técnica que combina el serigrafiado y la pintura a mano, y cuyo proceso final exige un tratamiento similar al de la cerámica, se despliegan en el patio trasero de Slowtrack sobre un fondo de nubes, que aluden al interés de esta artista por representar la naturaleza y cartografiar el mundo.

A su lado, un vídeo (en colaboración con Pablo Jiménez Martín) registra desde el último vagón de uno de esos metros el viaje por las tres estaciones. Sin ser muy conscientes de ello, los trenes, en su recorrido, marcan una línea sinuosa, similar a la que en la parte superior de la grabación va dibujando, sin que nos demos cuenta hasta el final, el perfil del mapa de Estados Unidos: «Mi trabajo se ha basado siempre en la representación del mundo, en la idea de mapa, en cómo creamos y leemos estas convenciones en función de lo que buscamos o queremos encontrar».

Gibellini ha decorado tres de las estaciones del metro de Nueva York con sus obrasEn conexión con el del vídeo, la serie «The Extended Contours of the Horizon». El conjunto de dibujos (no expuesto, pero que pueden ser consultado en la galería), recoge también en forma de quebradiza línea el perfil de los 194 estados independientes reconocidos por Estados Unidos. Gibellini respeta sus perfiles, sus accidentes, pero los dispone sobre el plano, en continuidad. Cuando el papel se acaba, una segunda línea paralela ocupa la superficie en dirección inversa. «Mira España. Es una línea modesta. Y fíjate en países tan alargados como Chile o Argentina. Las islas pequeñas del Pacífico apenas son un bosquejo. Lo que me interesa –explica– es cómo cuanto uno más se acerca a un mapa, a lo que quiere topografiar, se pierden las singularidades, y el contorno se convierte en una línea recta».

Por eso también hay que alejarse para distinguir las formas de los dibujos de la serie «Cumulus Panorama», a base de puntos de grafito que se unen para conformar formas rocosas; y separarse de la instalación de las ventanas para descubrir las nubes antes mencionadas. «Estoy contenta con el resultado final. Me reconozco en él, en sus motivaciones, aunque no estoy acostumbrada a hacer obras tan “físicas”. Lo mío siempre ha sido muy efímero, muy de llenarlo todo de papelitos que al final de la exposición desaparecen», confiesa entre risas.

Exorcismos y recuperaciones

La de Gibellini, que viajó en 2008 a Estados Unidos para acabar su tesis y, desde entonces reside allí («uno al final es de donde vive», afirma), no es la única exposición que puede verse ahora en Slowtrack, cuyo título es «Rerum Natura». En su sala principal se desarrolla el proyecto «Reskate», el guiño al arte urbano de la galería. En él, sus organizadores recuperan antiguas tablas de skate para darles una segunda oportunidad, cediéndoselo a artistas para que las customicen. La colección nació en Barcelona en 2013 y ahora se enriquece con las aportaciones de creadores locales como Ricardo Cavolo, Spok, Rosh, Guillermo Trapiello, Sara Landeta, Bakea, Nicholas Woods y YES. En la planta inferior, María Alcantarilla: la artista que mejor conecta con ese deseo de esta firma de aunar arte y literatura, con un proyecto de exorcismo que se despliega en forma de fotografía y con la necesaria participación del público. Su título «Sra. No-Land».