«El Solar Impulse ha reconciliado el mundo económico con el ecológico»
Bertrand Piccard y André Borschberg, en el Aeropuerto Madrid-Barajas - efe

«El Solar Impulse ha reconciliado el mundo económico con el ecológico»

Los creadores del avión que no necesita combustible apuestan por el uso de las energías renovables en todos los campos

JOSEFINA GIANCATERINO STEGMANN
madrid Actualizado:

Con el aire acondicionado funcionando a máxima potencia, en contradicción con el mensaje de apuesta por las energías renovables que ha cobrado fuerza gracias al «Solar Impulse», Bertrand Piccard y André Borschberg han presentado en el Pabellón de Estado del Aeropuerto Madrid-Barajas su «obra maestra».

El avión solar es para ellos como un sueño hecho realidad. «Es imposible, es muy caro, el combustible es más barato», cuenta Piccard que le decían aquellos que no creían en su proyecto. Pero finalmente el avión que vuela de día y de noche sin una «gota» de combustible y sin más energía que la solar, despegó y recorrió ya unos 5.000 kilómetros. En el camino de regreso a Suiza tras su primer vuelo transmediterráneo, ha hecho escala en Madrid después de surcar los cielos durante 17 horas proveniente de Rabat. Permanecerá en suelo español hasta el próximo fin de semana.

En este proyecto han intervenido empresas como Altran, Solvay Ibérica, Omega y Schindler. Borschberg las ha definido como compañías «con visión y abiertas a nuevas ideas».Innovación, progreso, modernidad, deseo de cambio, han sido los ingredientes con los que los suizos han contado para sacar adelante este proyecto y que consideran indispensables para cualquier iniciativa.

El «Solar Impulse» ha sido un proyecto difícil, fruto de un duro trabajo en equipo. Pilotarlo podría parecer la parte más «emocionante» pero un avión de tan solo 1.600 kilos y con unos impresionantes 63 metros de longitud en sus alas para ampliar la superficie de «absorción solar», no siempre resulta fácil de controlar: «El mayor problema me surgió no durante el vuelo, sino en las etapas de prueba; me costaba mucho mantener la estabilidad», comenta Piccard, a quien su equipo provocaba preguntándole cómo haría para pilotarlo por el mundo si no podía hacerlo en el aeropuerto.

Al mediodía, cuando el sol está en todo lo alto, cada metro cuadrado de superficie del «Solar Impulse» recibe el equivalente a 1.000 vatios de energía solar. Con 12.000 células fotovoltaicas, este avión que parece un juguete por su liviandad y la escasa complejidad de su estructura, tiene capacidad para una persona, vuela a una velocidad promedio de 70 km/h y lo hace a una altitud máxima de 8.500 metros.

Energía renovable e industria

«Este proyecto ha servido para reconciliar el mundo económico con el ecológico», aseguró Piccard. «Se ha sostenido durante mucho tiempo que las energías renovables estaban enfrentadas a la industria, al crecimiento y a la calidad de vida. Esta iniciativa ha servido para demostrar lo contrario» senteció Piccard.

El «Solar Impulse» supuso para ellos un ejemplo de cómo hacer frente a los obstáculos: «Cuando nos decían que era imposible, mayor motivación teníamos, este proyecto debe crear nuevas formas de hacer, de pensar y de interactuar», afirman. Los creadores apuntan a un cambio de mentalidad que abogue por una extensión en el uso de las energías renovables. «Queremos transmitir un mensaje de esperanza» concluyó un optimista Piccard que no quiso finalizar sin dejar de recordar que este es solo un pequeño paso hacia un mundo que apueste por el uso de las energías renovables.

«Es un sueño que se ha hecho realidad», repiten constamente sus creadores. Pensar en un mundo «más limpio» es posible, aunque para conseguirlo se necesite tiempo: «Mi padre, el oceanógrafo August Piccard -cuenta Bertrand- ya en 1942 aludió a que no se podía continuar con el combustilbe, que había que buscar una salida». Hoy, su hijo, cumplió con la profecía de su padre. Aunque el «Solar Impulse» no está creado para transportar pasajeros, quién sabe, quizás en el futuro, otro Piccard anuncie la buena noticia.