Soldados de una unidad NRBQ para riesgos nucleares, radiológicos, biológicos y químicos
Soldados de una unidad NRBQ para riesgos nucleares, radiológicos, biológicos y químicos - The US Army
bioterrorismo

Armas biológicas de destrucción masiva: silenciosas y letales

Los microorganismos que causan la peste, el ébola, el carbunco o la viruela pueden ser usados como armas y muchos países ya cuentan con medidas de defensa frente a ellos

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12 de marzo de 2009. Una investigadora alemana trabaja en el Instituto Bernard Nocht de Medicina Tropical, en Hamburgo. Manipula muestras con virus ébola activo para inyectárselas a animales de experimentación y, por ello, está protegida con una escafandra de nivel 4 de bioseguridad, que impide que ninguna parte de su cuerpo ni tan siquiera el aire que respira entre en contacto con el resto del laboratorio. Pero entonces, una de las agujas con que trabaja atraviesa la goma de su guante y se clava en su piel. En un instante, puede haberse inyectado millones de partículas virales capaces de multiplicarse y atacar sus capilares, sus sistema inmune y su hígado. Saltan todas las alarmas y un equipo internacional decide inyectarle con urgencia una vacuna experimental. La doctora sufre una ligera subida de fiebre horas después, pero finalmente se salva, quizás gracias a la vacuna, o quizás porque tuvo suerte y no se inyectó suficiente cantidad de virus. En 2004 un científico ruso no tuvo tanta suerte.

En la fecha en que esta investigadora tuvo aquel accidente, se cumplían alrededor de 30 años de investigación en el temible virus ébola, un microorganismo muy letal pero que apenas había causado 2.000 infecciones, gracias a su escasa capacidad de contagio. ¿Por qué se estaba investigando entonces, a costa de la inversión de millones y millones de dólares y en las condiciones más estrictas de seguridad?

El motivo fundamental es que se le consideraba como uno de los microorganismos más peligrosos para el ser humano, y que además podía ser usado como arma biológica en una acción de bioterrorismo.

¿Qué es el bioterrorismo?

«Consiste en el uso intencionado de un patógeno o producto biológico para producir daño a personas, animales, plantas u otros organismos para influir sobre la conducta de los gobiernos o intimidar a la población civil», según el « Model State Emergency Health Powers Act», un informe elaborado por dos importantes universidades norteamericanas con el objetivo de ayudar en la elaboración de leyes y respuestas a epidemias y ataques de bioterrorismo en Estados Unidos.

¿Qué son las armas biológicas?

«Se trata de virus, bacterias u otros gérmenes que normalmente se encuentran en la naturaleza pero que en ocasiones han sido modificados en laboratorio para aumentar su capacidad de dispersión, de resistir los tratamientos médicos o ser más dañinos», según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el CDC, un organismo a la vanguardia mundial en la lucha contra epidemias y en salud pública.

Los expertos consideran que las armas biológicas son fáciles de desarrollar, que son más letales y más baratas que las químicas y más difíciles de detectar que las nucleares. Además, se pueden dispersar a través del aire, del agua, de la comida o entre personas. Pueden resultar difíciles de detectar, y causar la enfermedad después de tiempos de incubación muy variables.

¿Cuáles son las más peligrosas?

El CDC clasifica las armas biológicas en tres categorías, de la A a la C. Las más peligrosas son de la categoría A, y todas ellas tienen alguna de estas características:

-Ser fácilmente diseminables o transmisibles entre personas.

-Tener elevadas dosis de mortalidad y un fuerte impacto en la salud pública.

-Provocar pánico colectivo y afectar a la estabilidad social.

-Requieren una respuesta y una preparación especiales por parte de las autoridades sanitarias.

Dentro de la categoría A, se encuentran los microorganismos que causan las siguientes enfermedades:

-Fiebres hemorrágicas: causadas por filovirus (ébola y marburgo) y arenavirus. Provocan fallos multiorgánicos y hemorragias al atacar al sistema circulatorio. Los filovirus resultan especialmente peligrosos debido a sus elevadas tasas de mortalidad y el hecho de que no se conozca con exactitud cuál es el animal que actúa como reservorio de estos microorganismos. Por su parte, los arenavirus están divididos en dos grupos, los del Viejo Mundo y los del Nuevo Mundo, y provocan enfermedades como la fiebre de Lassa o la fiebre de Argentina.

-Carbunco: (en inglés, «Anthrax»). Se trata de una seria enfermedad que puede llevar a la muerte y que está causada por una bacteria llamada Bacillus anthracis, que puede estar presente en el suelo o en animales. La infección se produce cuando se ingieren esporas presentes en suelos, pasto o agua contaminada, o bien cuando estas llegan a la piel o al pelo y luego se ingieren, por lo que el contagio entre personas es complicado. Sin embargo, es uno de los mejores candidatos a arma biológica porque sus esporas se encuentran fácilmente en la naturaleza en muchos lugares, pueden resistir durante mucho tiempo en el medio ambiente, y pueden ser liberadas a través de comida, agua o sprays sin llamar la atención. En 2001, 5 personas murieron en Estados Unidos a causa de un ataque con esta bacteria a través de cartas.

-Peste neumónica: Aparece cuando la bacteria Yersinia pestis es inhalada y llega a los pulmones. Los síntomas (fiebre, debilidad, dolor de cabeza, neumonía, producción de esputos sanguinolentos y fallo pulmonar) aparecen entre uno y seis días después del contagio, y pueden llevar a la muerte si no se suministran antibióticos en un plazo de un día después de la aparición de los síntomas. Se trata de una peligrosa arma porque la bacteria está presente en la naturaleza y se puede producir en el laboratorio, y las personas pueden portarla durante varios días sin experimentar síntomas, con lo que la dispersión de la enfermedad puede aumentar considerablemente.

Cuando esta bacteria es transmitida a través de la picadura de pulgas, se produce la llamada peste bubónica (que asoló Europa en el siglo XIV durante el episodio de la peste negra). Produce bubones (hinchazón de ganglios linfáticos), gangrena (manchas negras en la piel por muerte de tejidos) y septicemia (infección generalizada). Esta última no es contagiosa entre humanos si no es a través de las pulgas, pero puede infectar a los pulmones y convertirse en la variedad neumónica, que sí es contagiosa.

-Botulismo: es una enfermedad que paraliza los músculos y que puede llevar a la muerte por fallo respiratorio. Es producida por una bacteria llamada Clostridium botulinum, que puede transmitirse a través de la comida, el agua o el aire.

-Viruela: es una enfermedad grave y muy contagiosa que puede llevar a la muerte de los pacientes. Ha acompañado al ser humano durante miles de años pero el último enfermo de viruela se diagnosticó en 1977 y se considera que está erradicada desde 1980 gracias a una extensa campaña de vacunación. Sin embargo, existen reservas con este virus en dos instalaciones de alta seguridad para futuras investigaciones, puesto que se cree que podría haber muestras de este microorganismo en manos de terroristas.

Hay una variante de la enfermedad más grave, que alcanza una letalidad del 30%, y otra menor, que apenas llega al 1%. Provoca fiebre, dolor, vómitos, sarpullidos, la aparición de pústulas y a veces ceguera.

-Tularemia: es una enfermedad muy contagiosa causada por una bacteria llamada Francisella tularensis. Se encuentra en la naturaleza y podría ser usada como arma biológica al aplicarla en forma de aerosol. Se transmite por vía aérea y provoca una grave neumonía y una infección sistémica.

¿Se han usado alguna vez?

Las armas biológicas comenzaron a investigarse durante la Gran Guerra y sufrieron un desarrollo importante durante la Segunda Guerra Mundial (se estima que 10.000 prisioneros murieron en campos de concentración japoneses a causa de las pruebas que realizaron con ellos).

Entre 1950 y 1970, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética produjeron importantes arsenales de armas biológicas, el primero produjo municiones con al menos siete tipo de agentes biológicos, pero a partir de entonces ambas naciones ratificaron acuerdos para evitar su proliferación y destruir sus reservas.

Una de las cartas contaminadas con la bacteria causante del carbunco (FOTO: CDC)
Una de las cartas contaminadas con la bacteria causante del carbunco (FOTO: CDC)

Con todo, hasta 1999 se registraron 100 incidentes relacionados con armas biológicas, con un total de 990 muertes. Desde entonces, se han producido desde intentos de contaminar los alimentos de un buffé de ensaladas (en el que se infectaron 750 personas) a un ataque con la bacteria causante del carbunco en Estados Unidos («Anthrax» en inglés), que en 2001 infectó a 22 personas y mató a 5 a través de las cartas enviadas por el servicio postal. En Japón, el ya extinto grupo terrorista «Aum Shinrikyo», que perpetró un ataque con gas sarín en las ciudades de Tokio y Matsumoto (Japón), también intentó realizar varios ataques con las bacterias del carbunco y del botulismo, e incluso viajó a Zaire para conseguir muestras de virus ébola.

¿Hay que temer un ataque bioterrorista?

«No es necesario vivir con un constante temor por un ataque bioterrorista. Basta con permanecer vigilante y preparado», explica Joanne Cono, portavoz del CDC, en un vídeo institucional. El grado de preparación varía entre los países, pero pasa por acumular antibióticos, antivirales y vacunas, si los hay, (por ejemplo, España invirtió 5,8 millones de euros en 2003 para hacerse con reservas de vacuna de la viruela), preparar planes de respuesta o incluso mensajes para ser enviados a través de radio y otros medios de comunicación en caso de emergencia.

Aunque muchos de los agentes biológicos que pueden ser usados como armas son fáciles de conseguir, lo más difícil es producirlos en elevadas cantidades y después liberarlos de forma efectiva en el suministro de agua o en forma de aerosol. Mientras que harían falta varias toneladas de toxinas para hacer un ataque a través del viento, bastaría con un kilogramo de Bacillus anthracis para cubrir una zona de 100 kilómetros cuadrados y provocar una letalidad del 50%, según el Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas del Ejército de los Estados Unidos.

Unidad NRBQ de la Policía Nacional (FOTO: Contando Estrelas)
Unidad NRBQ de la Policía Nacional (FOTO: Contando Estrelas)

España cuenta con el Regimiento NBQR (para riesgo Nuclear, Biológico, Químico y Radiactivo) «Valencia» en el Ejército de Tierra, y unidades especializadas en el Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil y Unidad Militar de Emergencias, entre otros.

Los microbios más letales

Los virus y las bacterias son esenciales para la vida en la Tierra, tal y como y como la conocemos, (son los seres vivos más numerosos, responsables de la aparición de organismos superiores y los que oxigenaron la atmósfera, entre otras cosas). Muy lejos de las humildes cifras cosechadas por las armas biológicas, los microbios son asesinos temibles para el ser humano en su entorno natural. Por ejemplo, la viruela, los resfriados, la peste y la gripe mataron al 95% de la población nativa americana, desde la colonización española, la peste negra mató a alrededor de un cuarto de la población europea en el siglo XIV y la pandemia de la gripe española mató a un número de personas comprendido entre los 20 y los 50 millones después de la Primera Guerra Mundial.