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Leonardo da Vinci en cinco capítulos

Día 11/05/2012 - 16.59h

Las noticias en torno al maestro florentino no han sido las primeras ni serán las últimas. La estela de Leonardo es infinita, y los efectos mediáticos, también. «Leonardomanía» en cinco capítulos

La «Gioconda», de Leonardo Da Vinci

Con los artistas clásicos siempre se especula aquello de que si vivieran hoy y ahora, si fueran creadores contemporáneos, seguro que se habrían abonado al uso y disfrute de las modernas tecnologías, del vídeo, de internet, de los «blogs», de las redes sociales y de todo lo novedoso que estuviera a la vuelta de la esquina. Leonardo da Vinci, dado su talante multidisciplinar –prohombre del humanismo– es uno de los ejemplos más recurrentes. Sería un videoartista o, al menos, habría jugueteado con la imagen en movimiento. Y, aunque les cueste creerlo a los amantes del clasicismo, encabezaría la lista de los creadores mediáticos cien por cien, sobre los que cae la especulación mercantil cada vez que respiran. ¿No es lo que está pasando ahora, noticia –o notición– tras noticia? Leonardo reúne y ha reunido todos los ingredientes para fabricar el mito conforme a las leyes de la mercadotecnia. Los últimos hechos avalan el discurso de la «leonardomanía». Esta suerte de fanatismo «leonardesco» que nos inunda no se cataloga como un fenónemo efímero. Viene de lejos, escrito en la historia de este hijo ilegítimo cuya maestría aún sorprende como para levantarse de la tumba y hacer cameos en una serie tan irreverente y mitómana como Los Simpson. Este es solo un ejemplo o un capítulo más de un larguísimo culebrón. Recapitulemos.

Hoomer Simpson visto como Leonardo

Y EN ESTO LLEGÓ BILL GATES. Si citaba el mercado y a aquellos ricos y ricachones que en él irrumpen para asaltar la banca, qué menos que poner sobre el tapete las altas pujas que un buen día el señor Bill Gates ofreció por unos manuscritos de Leonardo: treinta y un millones de dólares por setenta y dos páginas que el maestro escribió entre los años 1506 y 1510 sobre oceános y fósiles. La psicología de los magnates es inexcrutable, como si fueran los designios de un dios contemporáneo, pero resulta obvio que el señor Gates se siente tan grande o más que Leonardo, e, incluso, su digno heredero. Entre genios anda el juego. Corría el año 1994, mucho antes que el señor Dan Brown, otro iluminado, en este caso de la literatura, se inventara el Código Da Vinci y diera alas a la imaginación y a la manipulación. La historia de Bill Gates y su manuscrito saltó a la luz, y parece que nadie duda o dudó de su autenticidad, pero no nos podemos ni imaginar la cantidad de «falsos» que están ahí en manos de un marchante ávido de hacer caja y a la espera de un comprador (iluso) que se cree que Leonardo «Superstar» sale de debajo de las piedras un día sí y otro, también. Anteayer, en el Museo del Prado; ayer, en Florencia, en el Palazzo Vecchio; y mañana, en su casa. El pan nuestro de cada día.

«La Última Cena» versión «Perdidos»

LEONARDO ICONO POP. A un paso estamos de que Leonardo con su barbuda faz o «La Gioconda» aparezcan estampados este verano en camisetas y pósters, en secuencias ilimitadas, como marca la ideología más pop. Todo se andará. Mientras tanto, «Los Simpsons«, que son más listos que nadie, y así llevan quinientos capítulos tirando del carro, ya tuvieron su romance con Leonardo, con su «Mona Lisa» y hasta con «La última cena». Por cierto, uno de los cuadros históricos más reinterpretados por los siglos de los siglos –hasta sirvió como una de las imágenes promocionales de la serie Perdidos–, y sobre cuyos misterios se han vertido especulaciones ad infinitum. Hommer no dudó en aparecer retratado en un dibujo como el mismísimo maestro, y Lisa, su hija, –no podía ser de otra forma en una gracia fácil y evidente– como la Mona Lisa.

«La Dama del Armiño»

LEVANTAMIENTO DE CADÁVERES. Hablaba de Mona Lisa y sigamos con ella, pues la historia da para larguísimos argumentos y anecdotarios. No solo porque haya levantado pasiones, sino también cadáveres, hasta el del propio Leonardo. Se pidió la exhumación del mismo, de su cráneo, para averiguar la verdadera identidad del personaje del cuadro: si era hombre, el propio artista que se retrató de tal guisa a los 51 años, o hembra. Creer que pudiera ser Leonardo vestido de dama está relacionado con la ambigüa sexualidad del artista. Voilà. «Dos más dos, cuatro», debieron pensar los esforzados investigadores italianos que querían remover el cementerio del Castillo de Amboise (Valle del Loira), donde se supone (aquí todo se supone) que está enterrado el artista. Al final, el carbono 14 no pudo dar su última palabra y, hasta que se demuestre lo contrario, la identidad de «La Gioconda» o «Mona Lisa» se corresponde con Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo.

«L.H.O.O.Q», de Duchamp

LA DAMA DEL CUADRO. Esa señora que un día se pensó que era un señor porque Leonardo tenía amantes de sexo masculino. Sin ir más lejos, el que pintó la réplica o copia descubierta hace un par de meses en el Museo del Prado, de Madrid: Andrea Salaï o Francesco Melzi, no se tiene muy clara la autoría. La segunda Mona Lisa, a cuyos pies se han arrodillado propios y extraños. «Leonardomanía» en estado puro. Ha conquistado al público, que se arremolinó a su vera, y al Louvre, hasta donde ha viajado para verse las caras con su homóloga más famosa, la primera, la única y la inigualable. No obstante, hay una tercera en discordia. Bajo el enigmático nombre de L. H. O. O. Q, está la otra dama del cuadro que firmó el guasón de Duchamp en 1919. En esta parodia que parece recién salida del horno, sí que tenía bigotes. Por eso, Leonardo y Duchamp son inmortales. El uno por sabio y el otro, por listo. No obstante, a listos, tal vez le ganen esos científicos –otra vez– que se topan con un muro, y salta un fresco perdido, La Batalla de Anghiari. Y empiezan a hacer negocio. No en vano, el supuesto científico, Maurizio Seracini, sale en la novela de Dan Brown, en el «Código Da Vinci». Muy malos avales en el currículum. Para la cola de este verano a la puerta del florentino Palazzo Vecchio ya se están repartiendo números. Pasen y vean.

Retrato de Bianca Sforza

EL PERFIL DE BIANCA. Otra mujer de sutiles rasgos que aparece en una galería de Ganz. ¿Quién pudiera suponer que se trata de un dibujo de Leonardo, cuya valoración, si se demostrara tal dato, podría ascender a los cien millones de dólares? Nadie excepto quien lo compra, el señor Silverman, y sospecha tras sospecha, prueba tras prueba, va a dar con la ¿evidencia? de que se trata de la página arrancada de un libro que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Polonia, firmado de puño y letra por él. El retrato de Bianca Sforza, hija ilegítima del Duque de Milán, es la otra dama en discordia que se suma a las «Mona Lisa» y a la «Dama del Armiño». Para Leonardo, los enigmas se escribían en femenino y plural.

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original
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