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La crisis «desenchufa» el obelisco

El Ayuntamiento revisará el proyecto con la Fundación Caja Madrid. El mantenimiento, aún sin adjudicar, asciende a 150.000 euros anuales

Día 26/01/2012

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Mantener el obelisco de Calatrava es «más caro de lo pensado». Lo reconoció ayer el delegado de Las Artes, Fernando Villalonga, a cuya área corresponde el mantenimiento de la enorme columna de más de 90 metros de la Plaza de Castilla. Concretamente, en torno a 150.000 euros al año es lo que cuesta conservar y mantener el monumento, limpiarlo y tenerlo vigilado, según el contrato previsto y aún pendiente de adjudicación. Por eso, en vista de la situación económica actual, el área de Las Artes ha decidido «revisar el proyecto con la Fundación Caja Madrid, contemplando las circunstancias actuales».

La crisis y la necesidad de recortes han tenido varado prácticamente desde su inicio este obelisco con movimiento, que pese a ello apenas se mueve. Y en el futuro, tampoco lo hará: «Sólo en días concretos se pondrá en marcha», adelantaron en Las Artes.

Un regalo de Calatrava

El obelisco, de 93 metros de altura y 572 toneladas de peso, está terminado y en funcionamiento —al menos, teórico— desde finales de 2009. Pero en la realidad, son pocas las ocasiones en que se ha podido ver en marcha. Por ejemplo, estuvo cimbreando algún día estas Navidades. El delegado de Las Artes conoce bien la obra: Fernando Villalonga fue director de los estudios de arquitectura e ingeniería de Santiago Calatrava en 2004, precisamente cuando Caja Madrid decidió poner en marcha este proyecto como regalo al pueblo de Madrid.

La concejal socialista Ana García D'Atri planteó ayer, en la comisión informativa de Las Artes, la existencia de este contrato de conservación del monumento por valor de 312.000 euros y con duración hasta el año 2014. Fuentes de la concejalía precisaron que el contrato aún no está adjudicado; de hecho, se piensa hablar con la Fundación Caja Madrid para revisarlo en atención a la actual coyuntura económica. Las labores de limpieza y mantenimiento, además de la vigilancia del monumento, supondrán un gasto anual de en torno a 150.000 euros.

El contrato inicial incluía que el obelisco se moviera dos veces al día, por la mañana y por la noche, informó el delegado, pero finalmente no se ha llevado a cabo porque «es más caro el funcionamiento de lo pensado».

García D'Atri se sorprendió al ver que ese contrato de mantenimiento incluye la limpieza de grafitis: «No creo que se vayan a hacer a una altura superior de lo que mide un ser humano», indicó durante la comisión.

Torre de protesta

En realidad, no es probable que ello ocurra. Aunque no sería la primera vez en que alguien trepa a la torre: concretamente, el octubre de 2009, cuatro activistas de Greenpeace tomaron el obelisco y lo escalaron hasta situarse a unos 30 metros de altura. Allí se hicieron fuertes, y desplegaron una pancarta exigiendo al anterior presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, un compromiso de acción contra el cambio climático.

El obelisco de Santiago Calatrava, en realidad una columna, se instaló en la Plaza de Castilla como un regalo al pueblo de Madrid que le hizo la entidad Caja Madrid en 2004, cuando ésta cumplió 300 años desde su fundación por el padre Piquer. El monumento se convirtió también en la «pica» que ponía el arquitecto valenciano en la capital: su primera obra en Madrid.

En un principio, se presentó como una gran columna que alcanzaría los 120 metros y que se sustentaría en una lámina de agua. Pero hubo que modificar el proyecto por las complicaciones técnicas del subsuelo, que atraviesan varias galerías de servicios y túneles de circulación y Metro. Se decidió entonces reducir un poco la altura, e incluir tres patas de acero que sustentan el obelisco, y que ahora quedan ocultas por un montículo.

Comenzó a instalarse en mayo de 2008. Está compuesta por 504 láminas de bronce de 7,70 metros cada una, que combinadas recrean un efecto helicoidal ascendente, gracia a la acción de un centenar de pequeños motores.

El Rey acudió a su inauguración formal el 23 de diciembre de 2009. Fue una de las pocas veces en que se ha visto la columna oscilante haciendo lo que se anunció que haría: moverse, cimbreante e iluminada. Un movimiento tan tenue y sutil que caminando por la plaza apenas se percibía, y hacía falta pararse a mirarla para poder apreciarlo.

Caja Madrid se encargó de construirlo. Pero una vez instalado y en marcha, el monumento pasaba a depender del Ayuntamiento madrileño. Concretamente, del área de las Artes.

El delegado de Las Artes aprovechó su primera intervención ante la comisión informativa para adelantar su intención de poner en marcha «una nueva estrategia cultural para la ciudad, fruto de consultas con todos los sectores», informa Ep. Fernando Villalonga dice que cree en la «tutela pública de la cultura», pero en momentos de crisis como los actuales, «hay que ser creativos para garantizar la excelencia».

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