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El imperio del terror de Ivo

Viaje a las entrañas del ejército de matones de los «Rompecostillas Búlgaros»

Día 24/10/2011

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Campeones de boxeo, matones adictos a los anabolizantes y que se hacen pasar por policías, testaferros a sueldo de empresarios, negocios tapadera, una «narco» recauchutada y adicta a la santería, y muchas, muchas palizas, extorsiones, amenazas y un nombre por encima de cualquier otro: Rafi Veniam, «Ivo, el Búlgaro». Las entrañas de la macrooperación antimafia que está culminando este mes de octubre se está revelando como una labor de orfebrería. Pura artesanía policial.

Es un trabajo que lleva tres años en marcha, con varios puntos de partida y uno de destino: Ivo y sus «Rompecostillas», ese «Clan de los Búlgaros» que llevaba una década haciendo y deshaciendo a su antojo en el mundillo de la noche madrileña. La muerte a tiros de uno de sus hombres, Catalin Stefan Crazium, a las puertas de la discoteca Heaven en enero de 2009, podía desencadenar otro brote de la lucha entre mafias de la noche. Diez años antes, nombres como «Los Miami» o «Los Iraníes» quitaban el sueño a muchos empresarios de ocio. Ivo y su negocio de «seguridad» les había tomado el relevo. Pero presuntamente está hasta las cejas en muchos y peores asuntos.

El imperio del terror de Ivo
«Reina de la cocaína»

La muerte de «Cata», supuestamente a manos de «El Cuchillos» (Carlos Monge Hidalgo, pendiente de juicio), tiró de la manta y puso ante los ojos de la opinión pública estas prácticas gangsteriles. Aunque había sido dos meses antes cuando los investigadores comenzaron a profundizar en esta rama del crimen organizado, a raíz del caso «Ussía».

Desde entonces y hasta este mes de octubre, la UDEV Central y la Udyco de Madrid han ido desenmarañando las tripas de este lumpen. Poniendo nombres y apellidos sobre cada una de las «x» iniciales. Practicando detenciones en los dos últimos años que no han salido a la luz. Engrosando gran cantidad diligencias policiales, ya derivadas en un voluminoso sumario aún bajo secreto.

Nexo con «Guateque»

Los ecos de la operación «Guateque» se dejaron sentir, y de qué modo, en la cárcel. Uno de los técnicos de Urbanismo en prisión fue pillado con un teléfono móvil, algo totalmente prohibido. El juez instructor de la trama de licencias municipales en Madrid es el mismo que el del crimen de «Cata». Y en ese teléfono quedaban recogidas conversaciones entre el ex funcionario madrileño y un empresario nocturno hispano-colombiano muy conocido en el ambiente, Lauro Sánchez Serrano, al que se vinculó a «Los Miami». Este individuo, que estaba siendo investigado por narcotráfico, también mantenía tratos con el «Clan de los Búlgaros». Ahí confluían las tramas.

El imperio del terror de Ivo
«Ivo, el Búlgaro»

El día de Reyes de este año se explotaba la operación «Colapso»: caían 25 personas, entre ellas, la «madame» de la droga, la colombiana Ana Cameno Antolín. Con ella, 200 kilos de cocaína y el mayor laboratorio de Europa, en Villanueva de Perales (Madrid). Cameno había elegido como socio para colocar la mercancía en la noche madrileña a Lauro, que también está ahora en la cárcel. Y además cayó un abogado, Roberto Rodríguez Casas (en libertad tras cuatro meses en prisión), quien, asimismo, es el letrado de Ivo. Las piezas encajan poco a poco, los indicios se convierten en pruebas y a las seis de la mañana del 10 de octubre el GEO entra en el chalé del supuesto líder de los «Rompecostillas» en la urbanización Las Matas, de Las Rozas. Duerme junto a su esposa, que está a punto de dar a luz, y no opone resistencia. Siempre se hace el inocentón ante la Policía y la prensa. Simultáneamente, se producen otras 26 detenciones. Y otros tantos registros. Tres de ellos, incluido Ivo, entran en prisión preventiva.

Según el entorno del presunto capo, Ivo tiene una empresa legal de seguridad privada, con alrededor de una veintena de personas dadas de alta. Pero la Policía sospecha que han podido trabajar para él, en la sombra, un centenar de hombres. Uno de sus clientes estrella sería Lauro, que contrataría a los «Rompecostillas» para dar cobertura de seguridad a sus locales. Lauro supuestamente se dedicaba a meter droga en los locales y las sesiones de discoteca que contrataba. Esa es la pieza central del puzle: quien controla las puertas controla lo que se mete dentro; es decir, el negocio de la droga que allí se mueve.

Pero Ivo no trabajaba sólo para él. Lo que investiga también la Policía es si sus «Rompecostillas» eran contratados para pegar palizas, amenazar a testigos judiciales y extorsionar a empresarios para colocar en sus negocios a sus porteros y cobrarse deudas de la droga. Una de las imputaciones que cae sobre Ivo es de conspirar para un asesinato. Palabras mayores.

En gimnasios

Reclutaba a sus hombres en gimnasios, especialmente en uno frecuentado por «celebrities» y al que siempre se ha asociado a Lauro, de quien se sospecha que utiliza a testaferros. Parte de las instalaciones se las tenía alquiladas al campeón de España e intercontinental de boxeo Pablo «Huracán» Navascués y a José Valenciano, donde dan clases. A ellos se les detuvo esta semana pasada en la segunda fase de la operación. Tras quedar en libertad, «Huracán» Navascués negó ser un matón, pero reconoció la relación profesional con Lauro a través del gimnasio.

La operación sigue. La lista de imputados puede ser de infarto. Y queda aún la última pata de la trama: la pista del dinero.

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