Galicia

Galicia / entre brumas

La doctrina Engels

Cualquier cosa que huela a la persistencia en el tiempo de la familia nuclear irrita al pensamiento estatalista

Día 21/02/2011

ALARMADO por la escandalera que le ha montado la oposición bipartita a la conselleira Beatriz Mato por siquiera proponer el acuerdo de políticas públicas a favor de la natalidad, recordé tiempos más amables en que la vida transcurría al socaire de las urgencias y uno podía dedicarse a la feliz lectura de tochos singulares, como aquel «La familia, la propiedad privada y el Estado» de Federico Engels. Tal como anda el patio universitario, al releer a don Federico uno adquiere la sensación de adentrarse felizmente en aquel viejo orden académico, plagado de dialéctica y buena antropología, capaz de parir volúmenes inmensos producto de media vida de abnegada investigación.

A pesar de saber, como saben, que España en su conjunto y Galicia en particular es un desierto demográfico, donde la población activa es ya igual a la pasiva y la pirámide poblacional se construye irremediablemente hacia el colapso estructural, el lobby de la gran izquierda opina que fomentar la natalidad es cosa de la rancia ultraderecha. Esto es todo lo que parecen tener que decir al respecto. No siendo amantes de la injerencia gubernamental, sí parece que, ya que le entregamos nuestro dinero al Estado, no vendría mal que de vez en cuando éste se plantease realizar políticas sensatas con él. Digamos, algo distinto a lo que nos tienen acostumbrados.

Pero aquí topamos nuevamente con la ideología, cualquier cosa que huela a la persistencia en el tiempo de la familia nuclear, aún a pesar de saber que lejos de su amparo este país estaría definitivamente hundido en la miseria, irrita al pensamiento estatalista, que siempre se siente más cómodo si es él quien dispensa doctrina e ideología en exclusividad, fuera de elementos externos al sistema que todavía no puede controlar. Ya lo decía Engels, no hay nada más antagónico que la horda y la familia, pues para que la horda se desarrolle, nos decía, es preciso que los lazos familiares se diluyan.

Dicho y hecho, claro que Engels, que lo sabía todo sobre los diferentes tipos de familia que en el mudo han sido, a las que se les han ido otorgando nombre tan curiosos como familia panulúa, familia sindiásmica, y otras tantas hasta nuestra familia monogámica, que, seguramente, no será la última de sus formas, ya había dejado muy claro el futuro que algunos quieren para nosotros: «la familia individual dejará de ser la unidad económica de la sociedad. La economía doméstica se convertirá en un asunto social; el cuidado y la educación de los hijos, también». Tras seis años de zapaterismo galopante, parece que ya queda menos para que se vaya cumpliendo el proyecto social del viejo revolucionario.

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