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«Tampodka», «eyeballing» y «oxy-shots»: las prácticas con alcohol más arriesgadas

Día 17/06/2013 - 17.05h
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Introducirse alcohol directamente por la vagina, el ano, el ojo o inhalándolo con un dispensador son las fórmulas más osadas que encuentran algunos jóvenes para esquivar el filtro hepático y absorberlo en sangre. Las consecuencias son destructivas

Cuando hace un par de veranos comenzó a escucharse y a tener noticias de aquella práctica temeraria consistente en que algunos jóvenes encontraban excitante lanzarse desde un balcón a una altura elevada hasta caer en una piscina, normalmente del mismo hotel o urbanización donde se alojaban durante sus vacaciones estivales, el llamado «balconing» ya parecía una verdadera locura. Difícil de superar. Con asiduidad, además, estos aventurados saltos iban regados de litros y litros de alcohol. Las modas y tendencias importadas de países extranjeros en las que los grados etílicos tienen su preponderancia parecen alcanzar un nuevo cenit en las últimas semanas con varias experiencias irreflexivas que ponen a prueba la propia vida de los adolescentes. Todas ellas tienen nombre sajón, ya que proceden en su mayoría de Estados Unidos y Gran Bretaña, aunque también se han detectado numerosos casos en países iberoamericanos y de Europa del Este y debido a su mayor penetración han sido más estudiados: se las conoce como el «tampodka» o «tampax on the rocks», «eyeballing» y «oxy-shots», todas ellas desviaciones del fenómeno llamado consumo «binge drink», que no es otra cosa que ingerir la mayor cantidad de alcohol por parte de muchachos ávidos de osadas experiencias en la mayor brevedad posible. Con ello se eludiría un posible control de alcoholemia, se justifican quienes lo práctican, se evita el aliento alcohólico porque no se mete por la boca y también esgrimen que consiguen un «colocón» por la vía rápida.

Y son esos los alicientes que encuentra la juventud en este reguero de «locuras» de nombre inglés. «El efecto imitación» está detrás de muchas de estas prácticas, asegura el pediatra gallego acreditado en Medicina de la Adolescencia, José Luis Iglesias Diz, que no acaba por más que ver en este tipo de prácticas una moda «como ponerse un piercing» aunque en ella entran en juego muchos más efectos contraindicados para la salud. «Buscan la inmediatez en su forma de ocio y su gratificación potente e instantánea -advierte el psicólogo Ángel Peralbo, durante una entrevista con ABC.es-. El colmo es que se liga al consumo de alcohol también la consecución de sexo fácil, y paradójicamente, está introduciendo una cultura muy negativa para esas relaciones sexuales». Es más, los efectos de estas prácticas, como veremos, son perniciosos para mantener sexo en tales condiciones y colocan a muchos jóvenes en un estado «al borde del precipicio», añade este experto en el tratamiento de jóvenes con problemas.

¿En qué consisten exactamente?

El «tampodka» resulta de la fusión de los términos «tampón» y «vodka» y no es otra cosa que la introducción vía vaginal de un tampón impregnado en alcohol de alta graduación, normalmente whisky o vodka. Desde esta zona, muy irrigada, el alcohol pasa directamente a la sangre y los síntomas de la borrachera se producen con mayor intensidad y celeridad. Es tan alarmante la práctica que, ante la detección de cuatro muchachas asturianas de 14 a 19 años, ingresadas esta primavera en sendos hospitales de la región con indicios de haberse introducido un tampón empapado en alcohol, el consejero de Sanidad autonómico provocó una especie de tormenta política al aseverar que se trataba, como aseguran varias páginas web y foros de expertos en Ginecología y Obstetricia, de una mera «leyenda urbana».

Poco tardaron algunos facultativos, como el doctor Benjamín Climent, jefe de la Unidad de Toxicología Clínica del Hospital General de Valencia, en tratar de acallar bocas y afirmar que esta moda se conoce y se da entre los adolescentes. Prueba de ello son esos cuatro casos de intoxicación etílica registrados en Asturias, a los que Climent añadió la seguridad de que la práctica «es una realidad» ya reseñada en algunos servicios de urgencias hospitalarias del país y cuyos efectos sobre la salud son «demoledores», advirtió sin ambages.

La idea de que se trataba de una especie de rumor fue tal en Estados Unidos que hasta varias blogueras y periodistas de renombre quisieron experimentar con el «tampodka» en primera persona, a fin de comprobar que sus efectos en sangre eran veraces. Acorde con sus testimonios, la borrachera inmediata es fidedigna. Si bien, en la cara oculta, se encuentran las opiniones recabadas por este periódico de expertos de la Pediatría, la Ginecología y Obstetricia y también la Psicología de adolescentes. Todos atestiguan que no se trata de una leyenda urbana, todos han oído hablar de manera directa o indirecta en su contacto profesional con muchachos de distintas edades de prácticas semejantes con el alcohol.

En palabras del doctor Gerardo Ventura, se trata de una «aberración» que le deja «estupefacto» como ginecólogo veterano que es. «Lo de emborracharse de manera rápida por vía vaginal con un tampón empapado no tiene fundamento médico ninguno. Creo que puede responder más a un tipo de tendencia propagandística que insiste en recalcar que el mejor anticonceptivo es la vía vaginal», sugiere. El doctor Ventura no pone sordina, sin embargo, en los efectos que ocasiona este tipo de experimentos: «Destruye la flora vaginal, y produce abrasamiento» en las partes genitales. A ello se añade, como también recuerda el pediatra Iglesias Diz, que «la alteración en la flora vaginal puede conllevar que las relaciones sexuales sean más dolorosas». Agrega: «El alcohol reseca, es un antiséptico, y es cierto que si se introduce por vía vaginal y no pasa por el hígado, se absorbe directamente en sangre y no se metaboliza como por el hígado». Cabe decir que entre los chicos la moda es la de introducirse el tampón también empapado por el recto, ocasionando igualmente graves perjuicios en el ano de los muchachos.

El alcohol directo a la córnea

En el caso del «eyeballing», aún va más allá, puesto que introducen el alcohol en la córnea como si fuese un colirio, cogen una botella y se lo echan directamente en el ojo, lo que ocasiona no solo conjuntivitis en el menor de los casos, sino lesiones de córnea, en la mucosa…., coligen los especialistas. Estos expertos ponen un ejemplo muy claro: si el agua yodada del mar afecta a los ojos porque el PH está por encima del habitual de los ojos, ponerse alcohol de 40 grados en el ojo puede provocar lesiones corneales imborrables que conduzcan, incluso, a la ceguera. El «eyeballing» es la traducción de introducir alcohol en el ojo, directamente, sin escudos protectores.

La tercera de estas tendencias que los expertos juzgan como propias de un «botellón» en el que los muchachos se socializan, ven esta práctica, la emulan y siguen al aventurado que las inicia, es el «oxy-shots», que consiste en inhalar chupitos de alcohol a través de un sistema de inhalación como los asmáticos, para absorber el alcohol más velozmente por vía aérea. Esta práctica de ingerir alcohol en dispositivos de nebulización junto con oxígeno al igual que en los tratamientos broncodilatadores, como las anteriores, «daña el sistema nervioso» y esquiva el filtro hepático de la sustancia tóxica, además de que «podría acarrear patologías pulmonares graves», anuncia el doctor Climent. Es la que data de mayor antigüedad: la voz de alarma se dio en el verano de 2011.

«Son modas temporales, que van y vienen y están ligadas a lugares de ocio», complementa Climent, y la radiografía de la situación se hace más preocupante en boca del psicólogo Ángel Peralbo, que acaba de publicar el libro «De niñas a malotas» (Editorial La Esfera de los libros) en el que recopila algunos de los casos de adolescentes más extremos que ha tratado en la clínica alavesa donde trabaja. Peralbo también descarta la leyenda urbana detrás de una experimentación con el alcohol por parte de nuestros adolescentes cada día más precoz, más aventurada y más ufana.

A la llamada y seguimiento en las redes sociales acuden los muchachos que «van y lo hacen porque quieren probar cuestiones de alto riesgo», atestigua. «Las redes actúan a modo de altavoz», describe Peralbo. Y para combatirlas, un solo consejo a los padres: «Ser un poco más listos que los hijos. Tener una comunicación temprana con ellos sobre todas estas cuestiones, modas pasajeras y, sobre todo, explicarles sus consecuencias. Han de estar informados muy bien, que a veces parece que nos hemos caído del guindo, y no sabemos que existen estas prácticas; pero no se les debe contar solo cuando vayan a salir, sino antes, que vean noticias, que hablar de esto que no es tabú, y es necesario contarles la realidad desde todos los ángulos, no de manera indirecta», recomienda.

El pediatra gallego ahonda, por su parte, en que sería necesario implementar unas lecciones de Medicina de la Adolescencia en las escuelas, que tanto bien harían, aunque como padres, el consejo es que «estén un poco alerta, atentos a los momentos de la adolescencia y que no hagan como el avestruz. Hay que estar informados de la vida del adolescente y mantener con ellos un fluido diálogo. Pocas veces confrontamos opiniones y la clave es adquirir cierto grado de competencia y no ser castigadores con ellos».

Aun con todo, los expertos interpelados advierten que las modas que siguen los jóvenes son, en gran parte de las ocasiones y viendo los terribles efectos que pueden ocasionarles, una incógnita de proporciones inasibles.

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