Sobre la carta de Javier Bardem
Javier Bardem, en los últimos premios Goya - efe
Operación de Israel en Gaza

Sobre la carta de Javier Bardem

No es difícil desenmascarar a un antisemita. Indefectiblemente sacará a pasear frívolamente el término «genocidio», con tan profundo significado para el pueblo judío

Actualizado:

Resulta inevitable: échense a temblar cuando ciertos personajes mencionen en un artículo sus múltiples amistades judías, pues lo que normalmente está por seguir será un virulento, desproporcionado y sectario ataque contra el Estado de Israel.

No inventa nada nuevo Javier Bardem usando este truco en su reciente nota sobre el conflicto de Gaza. Está en el manual de todos los deslegitimadores del (único) Estado judío y suele venir acompañado de alguna referencia a cierto amigo judío (sin nombre) igualmente horrorizado por las acciones diabólicas de un estado que no lo representa.

La verdad es que no sé a dónde quiere llegar a parar con esto Bardem. Bueno, sí: quiere demostrar que criticar a Israel no es ser judeófobo, pues hasta algunos judíos lo hacen. Que vendría a ser lo mismo que decir que criticar hasta la irracionalidad y con cualquier excusa a España no es ser anti-español porque hay españoles que también lo hacen. No cuela.

Bardem tiene una larga historia de deslegitimar, demonizar, deshumanizar y usar doble rasero en su crítica a Israel. Esas cuatro des denotan hoy una forma políticamente correcta de expresar el odio a los judios enmascarado en la crítica feroz al estado que los protege: Israel.

Solo con esta fijación enfermiza se puede entender la exigencia hacia Israel de que un conflicto de estas características evite víctimas civiles, obviando los ingentes esfuerzos de su Gobierno por minimizarlas. O la indignación selectiva por la terrible muerte de no combatientes árabes, siempre que esos cientos lo sean en un conflicto con Israel, y no los casi doscientos mil que han perecido en la guerra intraárabe en Siria a unos cuantos cientos de kilómetros.

Se puede criticar legítimamente a Israel. Pero huele raro que se endose la responsabilidad, no ya compartida, sino única, a Israel, sin ni siquiera mencionar el pequeño detalle de que un grupo terrorista y yihadista gobierna Gaza infringiendo cualquier principio humanitario, usando a esos civiles como escudos humanos y disparando sus misiles desde edificios de viviendas (mientras sus dirigentes viven cómodamente en Qatar, huéspedes de su jeque).

Bien pensado, no es difícil desenmascarar a un antisemita: indefectiblemente sacará a pasear frívolamente el término «genocidio», con tan profundo significado para el pueblo judío. No se qué le haría un ruandés al actor si le escuchara hablar de «exterminio» en un territorio que hace cuarenta años contaba con trescientos cincuenta mil habitantes, y hoy, con un millón setecientos mil. En una operación que hasta hoy ha ocasionado mil víctimas, las mismas que se cobran en Siria en día y medio de combates.

La (inevitable) salida a la palestra de Bardem, junto a otras luminarias como Willy Toledo, nos recuerda su responsabilidad en este conflicto y en estas muertes. ¿Se acuerdan de su relevante papel en la Flotilla a Gaza? ¿La urgente necesidad de paliar la crisis humana en un territorio que ha recibido desde 1993 casi diez mil millones de dólares en ayuda humanitaria? ¿La necesidad de que Israel permitiera la importación de más cemento para su «reconstrucción»?

Parece que al final sí había cemento. Unas 800.000 toneladas. Pero fueron a parar a la construcción de túneles.¿Para proteger a los civiles de bombardeos? No, los túneles de Hamás, gracias al apoyo de estos «intelectuales y artistas», han servido para almacenar armas y para ejecutar ataques terroristas contra Israel. Construir estos túneles con mano de obra infantil costó la vida a 160 niños palestinos, según el think tank palestino IPE.

¿Duerme bien Bardem con todo ello, o las apelaciones a la conciencia son solo para la de los demás? De entrada, no parece importarle seguir siendo referente de un movimiento antiisraelí que confedera a nazis, yihadistas, batasunos, integristas judíos (que los hay) y antisistemas varios. Frente a ellos, la posición de la única democracia de Oriente Medio y su derecho a defender a sus ciudadanos de dos mil doscientos misiles lanzados contra sus ciudades, piense lo que piense Bardem desde el lujoso confort de su residencia.

Comenzábamos con los amigos judíos de Bardem. Y el derecho que reclamaba para que su mujer pueda dar a luz en hospitales judíos de Los Ángeles. Hospitales fundados, financiados y dirigidos por judíos, sí. Por judíos sionistas, defensores de Israel. Basta ya con querer ocultar su historia, sus patronos, su presencia pública. Sí, señor Bardem, usted sabe que lleva a su señora a que la atiendan en hospitales de personas a las que usted acaba de tachar de defensores de un estado genocida, exterminador y asesino. ¿Cómo va hoy de indignación, señor Bardem? ¿Y de coherencia?

ÁNGEL MAS MURCIA es PRESIDENTE DE ACOM (Acción y Comunicación para Oriente Medio)