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Un perturbado provocó una matanza al prender fuego a un metro en Corea del Sur

Resentido por las secuelas físicas tras una operación, un demente incendió un convoy del metro de Daegu, la tercera ciudad de Corea del Sur

Actualizado 19/02/2003 - 00:31:57
Densas columnas de humo salen de una boca del metro de Daegu. EPA
Densas columnas de humo salen de una boca del metro de Daegu. EPA
SEÚL. Más de 200 personas murieron ayer y cerca de 140 habrían resultado heridas o intoxicadas en el incendio provocado por un supuesto desequilibrado en el metro de Daegu (la tercera ciudad de Corea del Sur). El balance aún es provisional ya que las tareas de recuperación de cuerpos no han concluido.
Según las investigaciones premilinares, el autor del incendio, que utilizó un líquido inflamable que portaba en una botella de leche de plástico, pretendía vengarse de un error médico.
Según el último balance de la célula de crisis habilitada por el Gobierno local de Daegu, y recogido por la agencia de noticias Yonhap, por el momento hay 52 víctimas mortales reconocidas, 171 personas desaparecidas y 138 heridos, que han sido ingresados en nueve hospitales distintos. Otros medios, como los diarios en lengua inglesa Korea Herald y Korea Times hablan de 130 muertos y un centenar de heridos.
Dos horas después, la Policía detuvo a un sospechoso en relación con el atentado, un individuo identificado como Kim Dae-hwan, de 56 años de edad y con antecedentes de problemas psiquiátricos, que había ingresado con los demás heridos en uno de los hospitales, con quemaduras que presuntamente había sufrido en el metro. «Algunos testigos le han reconocido -como el pirómano- y le estamos interrogando», precisó el jefe de la célula de emergencia, Kim Byung-tak.
Las primeras investigaciones adelantadas por fuentes policiales indican que el sospechoso podría haber provocado el incendio como venganza contra una clínica que le operó en 2001 tras sufrir un ataque cerebral, y que le provocó graves secuelas físicas. Al parecer, el individuo había comentado en varias ocasiones con su familia que tenía la intención de perpetrar un ataque contra la clínica.
Testigos presenciales indicaron que, hacia las diez menos cinco de la mañana, cuando el convoy llegaba a la estación Joonangro, el individuo sacó de su mochila una botella de plástico, al parecer de leche, rellena de material inflamable que empezó a arrojar por el suelo.
Antes de que ninguna de las personas que le rodeaban pudieran reducirle, encendió la botella con un mechero y la lanzó contra el suelo, por lo que el vagón se prendió fuego de inmediato.
«Cuando el tren llegó a la estación y se abrieron las puertas, un hombre vestido con ropa deportiva encendió una botella verde de leche con un mechero, la lanzó en el interior del vagón y se escapó corriendo mientras las puertas se cerraban», explicó uno de los testigos, Chon Yoong-nam.
400 pasajeros
En un primer momento sólo se incendió el vagón en el que viajaba el pirómano, pero las llamas se extendieron rápidamente a los otros cinco vagones del tren y luego a un segundo convoy que llegó poco después a la estación en dirección contraria.
En el momento del siniestro había unas 400 personas entre los dos convoyes.
Cerca de un millar de efectivos de los equipos de rescate, la Policía, el Ejército e incluso soldados estadounidenses de las bases instaladas en Corea del Sur trabajaron durante horas para buscar supervivientes y, sobre todo, para extraer del convoy los cuerpos de los fallecidos, algunos abrasados y otros asfixiados.
Muchos de los viajeros atrapados lucharon en vano para escapar del siniestro que redujo los trenes a esqueletos de metal, y lanzó al cielo una densa nube de humo, horas después de haber comenzado.
El empleado de rescate Lee Hyong-kyun señaló que el fuego devoró rápidamente el material de los asientos y del piso. «Si usted enciende un líquido inflamable como la gasolina dentro de un espacio cerrado, lo que usted obtendrá será algo muy parecido a una explosión», dijo. «Difícilmente habría alguna oportunidad para escapar».
Imágenes de televisión mostraron a empleados de los servicios de rescate cubriendo los cuerpos carbonizados en lo que quedaba de los vagones. Desde el exterior de la estación de metro podían verse las espesas nubes de humo negro, mientras los integrantes de los equipos de rescate, protegidos con máscaras antigás, se ataban con cuerdas los unos a los otros antes de descender al subsuelo.
Inspecciones de emergencia
El servicio de metro fue suspendido de inmediato en toda la ciudad. De hecho, las principales localidades surcoreanas realizaron inspecciones de emergencia en sus redes de metro. Sólo en Seúl las autoridades movilizaron a un millar de funcionarios para proceder a la revisión de las 280 estaciones de la capital, buscar paquetes sospechosos y comprobar el estado de los dispositivos contra incendios.
El presidente surcoreano saliente, Kim Dae-jung, expresó sus condolencias a las familias de las víctimas, y envió de inmediato al ministro de Interior, Lee Keun-sik, al lugar de los hechos para realizar una primera evaluación de la crisis. Asimismo, el presidente recomendó que se declare la estación de metro como «zona catastrófica», con el fin de destinar a las víctimas fondos especiales.
Se da la circunstancia de que en el metro de Daegu, en 1995 murieron más de 100 personas y otras 100 resultaron heridas por una explosión de gas.
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