Aznar y anguita, en el Congreso de los Diputados el 6 de diciembre de 1994
Aznar y anguita, en el Congreso de los Diputados el 6 de diciembre de 1994 - chema barroso
Veinte años de la «pinza» PP-IU contra el  PSOE

Aznar, a Anguita en 1995: «Nada impide coincidir en lo inviable de la actual situación»

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Jueves, 12 de enero de 1995. Con luz y taquígrafos, José María Aznar y Julio Anguita se reúnen en la cafetería del Congreso y conversan durante veinte minutos ante la mirada atónita de diputados y periodistas. Abordan la grave crisis política y económica que vive España, golpeada por graves casos de corrupción.

«No había nada que ocultar», recuerda ahora Aznar. «Todas las conversaciones se hacían con total transparencia. La situación de deterioro no se podía prolongar, era una agonía en perjuicio de los intereses del país».

En aquel encuentro, Anguita le escucha atentamente, cansado de ser el «el aguador del PSOE» por tener menos diputados. «Aznar me planteó sus condiciones para presentar una moción de censura contra Felipe González. Se comprometió a convocar inmediatamente elecciones generales y a mantener la Administración en estado de latencia. Le dije: “Póngame esa propuesta por escrito”».

Las cartas que se dirigieron Aznar y Anguita

No fue un encuentro fortuito. Pese al antagonismo ideológico de sus protagonistas, el trato entre ambos era respetuoso. Desde el verano anterior, después del descalabro electoral del PSOE en Andalucía, Aznar y Anguita consolidaron una relación personal y sus encuentros privados y públicos comenzaron a destapar los rumores de un «pacto a la griega». «No hubo reuniones secretas», asegura hoy Anguita.

Ese mismo jueves, los votos del PSOE, CiU y PNV impidieron la comparecencia de González en el Congreso para dar explicaciones sobre la trama de los GAL -Anguita ya le había acusado de ser «el señor X en el organigrama»-. Ya por la noche, Aznar aseguró en una entrevista que «falta un Gobierno que no tenga sobre su cuello los casos GAL, Filesa, fondos reservados, Mariano Rubio y Roldán… Han cavado una trinchera de tal envergadura que aunque el PP lo apuntalara, el país no saldría adelante».

A pesar de que Anguita «no veía el sentido de sustituir a un presidente por otro, ya que ambos tienen un programa de derechas», el líder del PP redactó una propuesta formal el 18 de enero, hace hoy veinte años. «La lejanía programática entre mi partido y la coalición que diriges excluyen un acuerdo parlamentario que suscitaría la incomprensión de nuestros propios votantes. Aunque nada impide en coincidir en lo inviable de la actual situación».

El papel de CiU y PNV

La carta, que hoy publica en exclusiva ABC, tenía como objetivo disolver las Cámaras y convocar elecciones generales. Ya no se trataba de una mera conversación privada, sino de la formalización de una oferta política concreta. Aznar envió una copia al secretario general del PCE, pero también «a todos los partidos con representación parlamentaria, a excepción de Herri Batasuna». Incluso habló con periodistas, empresarios y dirigentes sociales.

Anguita tardó cinco días en contestar la carta de Aznar. Su carta incluía una negativa y su eterno concepto de «programa, programa, programa». En su respuesta, recordaba que ya coincidieron en el último debate sobre el Estado de la Nación con la petición de dimisión de González ante la situación de emergencia ética y democrática. «Para IU es muy difícil, por no decir imposible, votarle como presidente del Gobierno. Tiene usted más elementos de cercanía con CIU y PNV que con nosotros. Asegure dicho apoyo e IU no pondría obstáculos».

«Si hubiésemos querido» -apunta hoy Anguita- «Felipe se va a la puñetera calle». En su opinión, más que una conspiración, la «pinza» fue la escenificación pública del malestar de los ciudadanos «ante el cúmulo de escándalos, corrupciones y tramas de terrorismo de Estado», que perjudicó más la credibilidad del líder de IU, que al PP. «Vi que el relato iba a funcionar porque se basa en los argumentos de las películas de Morricone: el bueno, Felipe; el malo, Aznar; el feo y traidor, Julio Anguita. El escrito nunca se publicó en ningún medio de comunicación porque desmontaba el complot. Me convertí en el enemigo a batir, en la bestia».

Para Aznar, en cambio, hizo más daño el llamamiento al voto útil de la izquierda. «El PSOE recuperó el lenguaje de los tiempos de la guerra para impedir el triunfo del PP, con una campaña de una extraordinaria agresividad, con González gritando

‘‘¡No pasarán!’’

en Madrid y Barcelona».

Veinte años después, nadie quiere hablar de pactos. «Ahora los tiempos son distintos, las visiones diferentes y los sujetos muy heterogéneos. No es lo mismo unos partidos nacionalistas que garanticen la unidad, a unos que deciden romperla. No es lo mismo una izquierda absolutamente desarbolada, ni el espíritu y la decisión de un país mirando al futuro, que los problemas que tiene en estos momentos», reflexiona el expresidente del Gobierno.

Ahora que los españoles vuelven a estar preocupados por la crisis económica y la corrupción, ¿habrá una nuevo pacto en 2015?