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España

¿Desde cuándo existe España?

San Isidoro de Sevilla elevó nuestro país a la categoría de «Primera Nación de Occidente» en el siglo VI. Una afirmación que mantuvo encendidas las aspiraciones cristianas de crear en la Edad Media una única entidad política en la península

Un heraldo de los Reyes Católicos, en el cuadro que representa la Rendición de Granada
Un heraldo de los Reyes Católicos, en el cuadro que representa la Rendición de Granada - ABC
César Cervera - Madrid - Actualizado: Guardado en: España

Hispania, que procede de la palabra fenicia «I-span-ya» («Tierra de metales»), fue la denominación que los romanos pusieron a la provincia romana que ocupaba la totalidad de la península Ibérica. Como es habitual con los nombres elegidos por los romanos, la delimitación no respondía a la realidad tribal y se trataba de una decisión meramente geográfica. Hoy en día, aquella provincia romana está ocupada por tres entidades políticas distintas, Portugal, España y el Principado de Andorra, cuyas formas actuales costaron siglos de luchas y alianzas.

Si bien la Monarquía visigoda buscaba la creación de un reino unificado en toda la península Ibérica, los visigodos compartían originariamente el territorio con los suevos, instalados en el noroeste («Galliciense Regnum»), y los bizantinos, que controlaban zonas del sur. Por esta razón, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del s. VI, el rey Leovigildo sólo pudo proclamarse monarca de «Gallaecia, Hispania y Narbonensis». No desistieron los visigodos en su empeño de crear conciencia de una única entidad política y de una monarquía cristiana, como bien recogen las obras históricas del arzobispo San Isidoro de Sevilla –hijo de padre hispanorromano y de madre goda– que en el libro «Historia Gothorum» eleva a España a la categoría de Primera Nación de Occidente. «De cuantas tierras se extienden desde el Occidente hasta la India, tú eres la más hermosa, oh sagrada y feliz España, madre de príncipes y de pueblos», reza el texto de San Isidoro de Sevilla, que se convirtió en lectura obligatoria para todos los príncipes cristianos que habitaron la península durante la Edad Media.

Así, la idea de una única entidad «hispana» pervivió en la mitología e imaginario de los escasos núcleos donde la invasión árabe no consiguió penetrar. Pocos años después de la batalla de Guadalete, 711, nada quedaba del Reino Visigodo, salvo pequeños reductos liderados por nobles norteños. A partir de este punto, la denominación de España se entendía, según el bando, como los reinos cristianos o como la zona musulmana. Por ejemplo, en tiempos del rey Mauregato de Asturias fue compuesto el himno «O Dei Verbum» en el que se califica al apóstol Santiago, patrón de la España cristiana, como «dorada cabeza refulgente de “Ispaniae"».

La creación de los estados modernos

No fue hasta el comienzo de la Edad Moderna, con la reducción del poder de la nobleza y el clero, cuando surgen los primeros embriones de estados modernos por toda Europa y los españoles ven cumplida su vieja pretensión. El intento corrió a cargo de los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, que unificaron las dos coronas más poderosas de la península en 1469 y cuyos descendientes heredaron una algarabía de reinos ibéricos que se conocían, entre otras denominaciones, como «las Españas». El Descubrimiento de América y la Conquista de Granada, ambos hechos acontecidos en 1492, están considerados simbólicamente como el origen de la España moderna.

Sin embargo, en opinión de muchos historiadores la unión dinástica no es un hecho suficiente para hablar de una única entidad política, puesto que no existía una integración jurídica. Los Reyes Católicos unificaron la política exterior, la hacienda real y el ejército, pero lo hicieron respetando los fueros y privilegios de sus reinos.

«A mediados del siglo XV, en la Península Ibérica no quedaban más que cuatro reinos cristianos: Portugal, Castilla, Aragón y Navarra. Los cuatro se consideraban originales, distintos, pero hermanos: todos eran españoles. A pesar de las diferencias políticas, existía una solidaridad indudable, compartían la idea de reconstituir la unidad política perdida. Los enlaces matrimoniales estaban destinados a recuperar la unidad peninsular y la boda de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, en 1469, puso los cimientos de ese proceso», argumenta el hispanista Joseph Pérez, quien no duda en otorgar una configuración, identidad y conciencia de España a partir de la unión dinástica.

De una forma u otra, la palabra España pierde su significado meramente geográfico con la unión dinástica. Y aunque todavía no se puede hablar de sólo un reino, la dinastía de los Habsburgo ya utiliza entonces la designación de Rey de España para hacer referencia a sus posesiones en la península Ibérica. Así, Felipe II es denominado desde su nacimiento Príncipe de España.

El 80% de la población era castellana

A raíz de la unión dinástica comenzaron a surgir voces críticas contra la preeminencia de Castilla sobre el resto de reinos que formaban España. Los historiadores catalanes han acusado tradicionalmente a Castilla de apropiarse de la identidad española. En la práctica, la población castellana suponía el 80% de la población y ocupaba tres cuartas partes del territorio peninsular en el momento de la unión dinástica. No es de extrañar, por tanto, que el timón de esta nueva entidad tuviera protagonismo castellano, así como que los escritores castellanos de la época no hicieran distinción entre castellanos y españoles. El historiador Henry Kamen, en su libro «España y Cataluña: Historia de una pasión», recuerda que no se trata de un fenómeno aislado puesto que «en otros países de Europa los regentes políticos del centro territorial, económico o político han tendido siempre a identificarse como el verdadero estado y despreciar a las zonas periféricas».

Sin embargo, la creación de un estado-nación español, tal y como lo entendemos hoy en día, fue un proceso mucho más lento que exigió siglos de un intenso intercambio cultural y comercial entre las regiones españolas. Con la llegada de la dinastía de los Borbones tras la guerra de Sucesión, Felipe V se puso al frente por primera vez del Reino de España.

«España es una nación discutida y discutible», recitó durante su presidencia José Luis Rodríguez Zapatero en una de sus más polémicas declaraciones. Pero, discutida o no, ¿desde cuándo podemos hablar de nación española? La mayoría de historiadores apuntan a la Guerra de Independencia, en concreto a la Constitución de Cádiz de 1812, como el nacimiento de la idea de España como nación. En plena invasión napoleónica, la promulgación de una constitución de corte liberal dejó recogido en su artículo 1 a la «Nación española» como «la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios». El resto del convulso siglo XIX dio forma –con la pérdida de las colonias, las Guerras Carlistas y las sucesivas crisis políticas– al concepto de nación española que tenemos en la actualidad.

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