El Juli: el «espíritu» de Gallito que «liga» con Belmonte
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El Juli: el «espíritu» de Gallito que «liga» con Belmonte

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Aún barbilampiño, aquel chaval del barrio de San Blas asumía responsabilidades de hombre. Aparte de las canicas y el pinball casero, apenas había más juegos que los del toro para un Juli que conquistó a las masas con el desparpajo de un niño prodigio. «Cautivado por el espíritu de Gallito», como principia su hermano Ignacio en «El Juli, sin comillas» (Espasa), Julián López soñó una noche con ser Joselito el Gallo. «A unos días de su séptimo cumpleaños y sin haber intercambiado ni una palabra de toros con su padre, mi hermano ya soñaba a voz en grito con ser también el rey de los matadores y, como Gallito, dominar a los toros y así dominar todo el toreo».

Tanta era su ambición por ser figura que en su primer año de alternativa, en medio de la nebulosa de la anestesia tras una grave cornada en Calahorra, se despertó con este susurro: «Toros, toros, toros... Quiero ser el mejor, quiero ser el número uno». A lo Luis Miguel.

«El Gallito del siglo XXI debía conocer a su Belmonte particular»

Pero destapa Ignacio López en el libro un aspecto crucial y desconocido para la mayoría. «Después de cinco años en la cumbre, soportando casi en soledad los avatares de la Fiesta de los toros, la presión estaba cerca de ser crítica. Debía reinventarse sin dejar de ser él. Con su carácter ganador de siempre, con su raza desbordante, con la pasión y la afición que arrastra desde crío». Llegaba la hora de la verdad: «El Gallito del siglo XXI debía conocer a su Belmonte particular».

La temporada «azarosa» de 2003 pasó «factura». Los públicos no entendían que su ídolo dejara de banderillear. «Su funeral estaba previsto para San Fermín», escribe Ignacio López. Pero entonces la moneda marcó dos de sus mejores faenas en la tierra que impresionó a Hemingway.

Su desafío

El citado año arribó en su carrera su actual apoderado, que prologa este libro de ágil lectura y que desvela a El Juli más íntimo [imágenes del diestro]. Confiesa Roberto Domínguez que convertirse en el mentor «de la primera figura del toreo fue una mezcla de sorpresa, reto y estímulo». Y añade: «Estoy orgulloso de haber sido una de las primeras personas convencidas de que Julián poseía lo que la mayoría de los críticos y taurinos le negaban». Su desafío: «Hacer posible el cambio de esa opinión que le envolvía y convencerle de la necesidad de estar por encima de todo y, los más importante, sobrevivir al terrible bajón que experimenta el artista cuando desaparece la novedad». Contra viento y marea, El Juli siguió entonces por esa senda...

Su apoderado le regaló el genial libro de Chaves Nogales sobre el Pasmo de Triana. «Todo era bueno para ayudar a Juli a desenredar los nudos creados y percibir nuevos caminos en su tauromaquia». El torero grabó en su mente una frase belmontista: «Aunque la gente me aplauda, yo no me siento realizado».

Cuenta Julián López en esta obra que del toreo y el toro le interesa «todo». «Me encanta la historia», dice. Se ha preocupado por la evolución del bravo y le gusta leer y ver vídeos antiguos. «Y de lo que ocurre ahora, también. Sigo las temporadas de mis compañeros, me preocupa la marcha de todas las ganaderías...»

Su alma, al desnudo

Un párrafo después, enseña su alma: «Dicen que eso era lo que hacía Joselito el Gallo [seis divinidades], que, junto con Belmonte [seis leyendas], es una referencia para todos los toreros. Sinceramente, me he identificado en muchos aspectos con él, porque cuando Gallito llegó al toreo había muchas cosas por hacer, desde las plazas de toros monumentales hasta la organización de las cuadrillas, los apoderados, los veedores. Todo le interesaba y por eso la gran estructura moderna del toreo se la debemos a él. Y en lo que se refiere a la relación con el toro también me identifico mucho con su actitud, con ese afán que tuvo de buscar un animal cada vez más bravo y con embestidas mejores»

«Corazón e inteligencia son mis dos vertientes en la plaza»

Y descubre a continuación lo que pocos conocían: «Pero, si te digo la verdad, ahora me molesta un poco que me encasillen con el gallismo, o al menos en una línea alejada del belmontismo. Creo que hay unas ramificaciones en medio donde puedo estar. Puedo ser gallista por actitud, por afición, por tirar del carro o por capacidad, pero dentro de mí creo que tengo un toreo más intenso y emotivo, que es lo más belmontista que hay. Corazón e inteligencia son mis dos vertientes en la plaza. El corazón es para expresar lo que sientes, que creo que es mi verdadera virtud, y la inteligencia es para dominar tu oficio». La permanente búsqueda de la ligazón entre Joselito y Belmonte.

Esta es solo una parte del desnudo más íntimista del maestro, mano a mano con su hermano Ignacio en la temporada de la revolucionara fiesta de El Juli más soñador.