Cultura - Libros

Una botica literaria que puede curar casi todo

«Manual de remedios literarios. Cómo curarnos con los libros» es una guía patológica para lectores irredentos

Una botica literaria que puede curar casi todo

La literatura como remedio, como un vuelco a la vida. Los libros como un apósito para las heridas y las bibliotecas personales como un tratamiento sin efectos contraproducentes. Eso si no le preguntan al hidalgo creado por Miguel de Cervantes que quizá, en su sano juicio, lo desaconsejara. Los libros como remedio para todo. O para casi todo. Contra el miedo a la muerte Gabriel García Márquez y «Cien años de soledad». Contra la cobardía, Harper Lee y su Atticus Finch. Contra el miedo al compromiso, el Nobel portugués José Saramago y su «Ensayo sobre la ceguera». Para el dolor de muelas, «Anna Karenina», de Tolstói. Y así una recomendación tras otra con los motivos y los consejos a modo de instrucciones de uso. Aunque en este prospecto de más de cuatrocientas páginas no se advierten efectos secundarios ni se hace necesario consultar con un especialista.

Presenta Siruela, dentro de su colección «El ojo del Tiempo», este «Manual de remedios literarios. Cómo curarnos con los libros», confeccionado por Ella Berthoud y Susan Elderkin. Un libro que más bien es una guía literaria contra los pesares del cuerpo y del espíritu. Remedios para esa «noche oscura del alma», de la que algo sabía San Juan de la Cruz, aunque no aparezca entre los autores escogidos. El libro es, en realidad, un hilo del que tirar para ir a dar siempre con la novela adecuada en el momento adecuado. Aunque a cada novela casi siempre se llega de una forma poco clara y sorpresiva.

Se trata de un compendio en el que se ordenan las dolencias por orden alfabético, de la A a la Z, y los males encuentran consuelo en forma de lecturas como píldoras recetadas para la ocasión. Un manual para letraheridos que llega a tratar temas tan necesarios como la compra compulsiva de libros, que es un tema del que poco se habla, porque a los lectores compulsivos les «gusta tanto el aspecto y el tacto de los libros que desean poseerlos.» Y así se van acumulando las lecturas pendientes y las autoras de este tratado aconsejan posibles soluciones, como montar una balda exclusiva cerca de la cama donde ordenarlos por orden de llegada. Y si no se les atiende en un plazo de cuatro meses regalarles o buscarles nuevo hogar en una librería de viejo.

Consumismo y depresión

Este es un mal irremediable, del que ya incluso ha tratado de ocuparse el refranero español: «Para leer mucho, comprar poco». Y así se van enlazando unos problemas con otros, hasta topar con Scott Fitzgerald y «Suave es la noche» como obra aconsejada contra el consumismo. Y es que de gastos algo tenía que saber el escritor de «El Gran Gatsby» que, a diferencia de su personaje millonario, se veía obligado a recurrir a sus editores constantemente en busca de fondos y provisiones con los que mantener el tren de vida al que se había acostumbrado. O si su mal tiene que ver, en cambio, con una etapa depresiva, este mapa literario le llevará directo hasta la escritora estadounidense Sylvia Plath.

«Un manual de medicina, sólo que algo diferente a los demás». Y el lector lo percibe cuando, entre sus páginas, encuentra referencias a Ovidio y a sus obras. Se hace extraño, más cuando casi nadie cita o lee ya a los clásicos. Actualmente, gran parte de los lectores sólo recurre a libros de autoayuda con los que tratan de poner palabras y solución a lo que se les cruza por la cabeza, olvidando que todo está ya escrito en las grandes obras de la literatura universal. Este libro vuelve a reconciliar con la lectura, que tiene efecto de bálsamo y de espuela según el título y según el tiempo. La «biblioterapia», como proceso que no pretende sustituir a los médicos, ni dar la espalda a la medicina, sino volver a reconciliar al personal con la literatura.

Morriña y listas

Hay ficha incluso para superar la morriña, que es un término gallego -ya universal- para el que las autoras recomiendan la novela «Emigrantes», de Shaun Tan. A lo largo del texto encontramos listas. Siempre hay que hacer listas. Las listas sirven para todo y, conforme avanzan las páginas, las autoras van elaborando listas con los mejores títulos para distintas circunstancias, desde «aficionar a tu pareja a la literatura», pasando por »las diez mejores novelas para leer en una hamaca», hasta «las diez mejores novelas para curar las ansias de viajar».

«Peter Pan», de J. M Barrie, como remedio a la pérdida de una extremidad; cocodrilos aparte. Y a falta de un perro que haga de niñera, que se encargue de las labores de la casa o atienda a los enfermos de gripe, «El asesinato de Roger Ackroyd», de Agatha Christie, hasta que remitan los síntomas. Y curado el cuerpo quedan los asuntos del espíritu, tan elevados como la ficha que trata: «sentirse como un idiota». Un aparatado donde no cabe otra recomendación que el escritor ruso Dostoievski, y si no que le pregunten al príncipe Lev Nicolaiévich Mishkin. Para todo hay remedio en este volumen. O para casi todo.

Las autoras de este texto, letraheridas de vocación a todas luces, hacen una declaración de intenciones desde la dedicatoria en la segunda página: «En recuerdo de Marguerite Berthoud y David Elderkin, que nos enseñaron a amar los libros… Y a montar las estanterías».

[Lee las primeras páginas de «Manual de remedios literarios. Cómo curarnos con los libros»]

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