Uno de los dibujos originales para «El Principito»
Uno de los dibujos originales para «El Principito» - ESTATE OF ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY

«El Principito» vuelve a Nueva York

Actualizado:

Una mañana de principios de 1943, Antoine de Saint-Exupéry llamó a la puerta del apartamento de su amiga Silvia Hamilton en Park Avenue (Nueva York). Vestía uniforme militar y en sus manos llevaba un fajo de papel arrugado que depositó sobre la mesita de la entrada. «Me gustaría darte algo espléndido, pero esto es todo lo que tengo», le dijo el francés a Hamilton. Era el manuscrito de «El Principito». Poco después, cuando los aliados invadieron el norte de África, Saint-Exupéry abandonó Nueva York y se incorporó como piloto a su escuadrón de las fuerzas francesas. El libro, uno de los más vendidos de la historia con más de 140 millones de ejemplares, se publicó por primera vez en Nueva York en abril de 1943, aunque no llegaría al país natal de su autor hasta 1944 de la mano de Gallimard, cuando Saint-Exupéry ya había fallecido en un trágico accidente aéreo.

Esta historia es el punto de partida de una gran exposición que, con motivo del 70 aniversario de la publicación de «El Principito», se inaugura el próximo día 24 en el Museo Biblioteca Morgan de Nueva York. «The Little Prince: A New York Story» indaga en el origen de la famosa obra, que Antoine de Saint-Exupéry escribió durante los 27 meses que pasó exiliado en la ciudad estadounidense, a la que llegó en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial. La muestra, que permancerá abierta hasta el 27 de abril, incluye el manuscrito original del libro (25 de las 140 páginas no se habían expuesto nunca) y sus acuarelas (que la Morgan compró a Silvia Hamilton en 1968), raras ediciones impresas de la colección de la institución, así como cartas personales, fotografías y objetos procedentes de colecciones privadas, museos y bibliotecas de Francia y Estados Unidos.

Proceso creativo

Es la primera exposición que aborda el proceso creativo de una de las obras más importantes de la historia de la literatura universal, traducida a más de doscientos idiomas. «“El Principito” es uno de los mayores clásicos de Francia. Y, sin embargo, fue creado por un exiliado francés en Nueva York mientras su país estaba bajo la ocupación nazi», explica Christine Nelson, responsable de Manuscritos Literarios e Históricos del Museo Biblioteca Morgan. «Saint-Exupéry trabajó en el libro por toda la ciudad: en su apartamento en Central Park South, en el apartamento de un amigo y el estudio de otro, y en una casa de verano en Long Island».

De hecho, en la muestra se exhibe una página del manuscrito en la que Saint-Exupéry menciona Manhattan, Long Island y el Rockefeller Center, referencias que finalmente borró en la última versión. «El manuscrito de la Morgan es el registro más antiguo y completo de cómo Saint-Exupéry creó “El Principito”. Está lleno de primeros borradores con episodios familiares, así como los pasajes que decidió borrar, escrito en su francés casi ilegible. Siempre es fascinante ver de cerca cómo un libro tan conocido y amado llegó a existir.

Escrita a mano

La exposición revela las decisiones creativas que tomó Saint-Exupéry, cómo escribió, dibujó, y revisó lo que se convertiría en uno de los libros favoritos de todo el mundo. Es una poderosa experiencia que nos recuerda el esfuerzo creativo que supone transformar una idea extraordinaria en una obra de arte». Antoine de Saint-Exupéry escribió la historia del famoso piloto a mano, en papel muy fino utilizado habitualmente por mecanógrafos. Solía trabajar hasta bien entrada la noche, con una taza de café o té en la mano y un cigarrillo en la boca, y las páginas del manuscrito conservan intactas las huellas de su creación, con manchas y alguna que otra quemadura.

Él mismo se encargó de ilustrar el libro e hizo los primeros bocetos en acuarela, tal y como recoge la muestra, en la que se verá por primera vez el libro que Saint-Exupéry le dio al hijo de doce años de Silvia Hamilton, uno de los primeros niños que escuchó la historia de «El Principito». Los visitantes también podrán ver un primer boceto de la frase más famosa del libro («Lo esencial es invisible para los ojos»), una sentencia que Saint-Exupéry llegó a cambiar hasta en quince ocasiones antes de colocarla en el texto final.

Entre las piezas inéditas destaca un dibujo, descubierto recientemente y que forma parte de la colección de Mark Reinhard (nieto de Silvia Hamilton), que muestra cómo el Principito observa una puesta de sol en su pequeño planeta, una de las escenas más sugerentes del libro. Pero, sin duda, uno de los tesoros de la muestra es el brazalete que Antoine de Saint-Exupéry llevaba cuando el avión que pilotaba se estrelló a finales de julio de 1944 y que fue recuperado cerca de Marsella en 1998 al quedar enganchado en la red de un pescador. En él llevaba inscrito su nombre y el de la editorial estadounidense de «El Principito» lo que, según Christine Nelson, es una «conmovedora» prueba de que «incluso en sus horas finales, Saint-Exupéry llevaba un recordatorio tangible de su vínculo con la ciudad de Nueva York y los Estados Unidos».