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Riad Sattouf: un árabe que dibuja cómics y vive en París

Con «El árabe del futuro» resultó ganador del último Festival Internacional de Cómic de Angulema, celebrado en homenaje a «Charlie Hebdo»

El dibujante Riad Sattouf, autor de «El árabe del futuro», fotografiado en París
El dibujante Riad Sattouf, autor de «El árabe del futuro», fotografiado en París - ABC

Riad Sattouf (París, 1978) pasó su infancia entre la Libia de Gadafi, la Siria de Hafez al-Asad y la bretaña francesa. Su padre conoció a su madre mientras estudiaba en París, lejos de su Siria natal. Ajenos a lo establecido, se enamoraron y decidieron formar una familia. Comenzó entonces un largo peregrinaje, entre las rígidas convenciones de la sociedad árabe, marcada por las dictaduras, y el aperturismo europeo, ansioso de libertad. El pequeño Riad se convirtió pronto en el centro de atención de los mayores que le rodeaban, poco acostumbrados al exotismo que desprendían sus cabellos largos y dorados. Sin saberlo, estaba siendo testigo de una historia que, muchos años después, plasmaría en una novela gráfica: «El árabe del futuro. Una juventud en Oriente Medio (1978-1984)».

El álbum, que Salamandra Graphic publica ahora en España, logró el premio a la mejor obra en el pasado Festival de Cómic de Angulema, dedicado a la memoria de los dibujantes de «Charlie Hebdo» asesinados por yihadistas a principios de año en París. Sattouf subió entonces al escenario a recoger el galardón con una mezcla de profunda tristeza y amarga alegría. Y es que, aquel día, podría haber sido él: su colaboración con la revista satírica francesa se prolongó de 2004 a 2014. Diez años en los que, semanalmente, compartía páginas con compañeros de profesión, pero sobre todo amigos. Lo cuenta, aún abatido, en un céntrico restaurante de París, donde transcurre una entrevista que, por motivos de seguridad, no ha podido celebrarse en España. Esas mismas razones llevaron a su editorial francesa a pedir que el tema de «Charlie Hebdo» no se tocara, pero Riad Sattouf se salió del guion establecido.

«Los dibujantes de 'Charlie Hebdo' asesinados eran conocidos por todos los dibujantes de Francia, trabajaban para distintos medios y colaboraban con otros dibujantes. Lo ocurrido ha traumatizado a la profesión y ha hecho que la sociedad tome conciencia de que nuestro trabajo es importante. Yo cuento historias, hechos reales, no hago comentarios políticos ni caricaturas satíricas. No siento que mi libertad de expresión esté constreñida. Es una situación nueva y terrible. En general, los dibujantes son gente muy pacífica y lo sucedido ha sido un electroshock para la profesión.» Lo dice alguien que, a lo largo de su carrera, no ha tenido reparos en describir en un álbum («Mi circuncisión») la circuncisión como un acto «cruel» y «absurdo» o en publicar un «Manual del pajillero» tras pasar revista a «La vida secreta de los jóvenes» (en dos ocasiones). «En 'El árabe del futuro' no me he censurado. He intentado articular lo sucedido de una forma que fuese inteligible para el lector. La historia que cuento contiene acontecimientos dolorosos y violentos y necesitaba encontrar el modo de narrarlo.»

Sattouf lo halló en los ojos del niño que fue, que observa sin juzgar y aprende sin ser consciente. Un niño que idealiza a su padre, afanado en convertirlo en el «árabe del futuro». «Mi padre salió de un ambiente muy pobre y, a través de la educación, se convierte en alguien. En lugar de proseguir con su carrera, que podría haber sido muy brillante, decide regresar al mundo árabe para devolver la educación que recibió. Imaginaba una sociedad árabe donde las mujeres tendrían los mismos derechos que los hombres y la gente recibiría educación. Una sociedad que entraría en la modernidad.» Pero, al mismo tiempo, su padre estaba contra la libertad, contra la democracia, a favor de la pena de muerte, fascinado por dictadores como Gadafi o Al-Asad. Un extraño paralelismo con aquellos que, estos días, persiguen a artistas por su compromiso social. «Yo soy un dibujante, no es una cuestión que me corresponda responder a mí», argumenta Sattouf al ser preguntado sobre el rol que el creador debe asumir en la sociedad.

Dibujante, no ministro

«Desde que he publicado 'El árabe del futuro' me piden mi opinión sobre todo tipo de temas: la circuncisión ritual, el velo... Debería haberme convertido en ministro. Responder a esas cuestiones debería ser el trabajo de sociólogos, antropólogos, políticos.» Él sólo describe hechos y deja que el lector saque sus propias conclusiones. «Cuando trabajo, no defiendo posiciones definitivas. Sólo soy experto en mi vida.» No obstante, tiene razón cuando dice que, en estos tiempos casi instantáneos, «a menudo, los creadores dan su opinión sobre todo de una manera excesiva». Sattouf no puede evitar preguntarse desde cuándo son especialistas en ese tipo de cuestiones, más relacionadas con la política. «Eso es algo que yo intento evitar. Además, cuando das una opinión política, antes o después te equivocas.» Aunque, tirando del sabio refranero español, también es cierto que quien tiene boca se equivoca (sobre todo si la usa). «Por eso prefiero dibujar a hablar», remata con sorna.

Esa motivación fue, precisamente, la que le llevó a retratar la historia de su familia en «El árabe del futuro», concebido como una trilogía. El segundo volumen verá la luz en junio y el tercero… prefiere guardar silencio. «Es como 'Juego de tronos', no puedes saber a quién van a decapitar», bromea el dibujante (esperemos, eso sí, que tenga más piedad con sus personajes que George R. R. Martin).

Aunque apretada, la agenda de Riad Sattouf no está tan repleta como la de su colega y amigo Joann Sfar, capaz de trabajar en cuatro proyectos al mismo tiempo. Si bien ahora compatibiliza su colaboración semanal para «Le Nouvel Observateur» con la mencionada segunda parte de «El árabe del futuro», lejos quedan los años en los que se atrevió a dirigir dos películas y hasta hizo sus pinitos como actor. «Ante todo, escribo cómic, novela gráfica; esa es mi lengua materna. A través de ese trabajo, se han interesado por mí productores que me ofrecieron hacer películas. Hubiera matado para hacer cómics, pero no para hacer películas. Me defino como alguien que intenta contar historias que estén relacionadas con el mundo real.»

En ese mundo real, sus héroes, siempre sacados del papel, van desde Tintín -al que comenzó leyendo siendo muy pequeño gracias a su abuela materna- a Chris Ware. «De Tintín me gustaba mucho su aspecto gráfico, esas líneas claras y sencillas que no se imponían al lector. Después fue fundamental una obra de Jean Christophe Menu que se llama 'El libro de familia'. Lo leí antes que 'Maus'. Me gustaba mucho la forma sin piedad, sin compasión, que mostraba.» Nada relacionado con la aviación, pues él, a diferencia de Antoine de Saint-Exupéry y pese a la leyenda urbana que circula, nunca quiso ser piloto (aunque hubiera sido un vínculo hermoso con el creador de «El Principito»). «Una joven que hacía prácticas en mi editorial me llamó para entrevistarme. Me preguntó qué era lo que me gustaba y le dije que escribir cómics. Cuando insistió, le dije, bromeando, que también me gustaban los aviones.» Internet hizo el resto y, desde entonces, «todo el mundo me lo pregunta».

Eso le pasa por inventar historias, más allá de las que dibuja en sus álbumes o en sus películas. Aunque, en breve, le veremos salirse del marco (una vez más). Y es que Riad Sattouf se encuentra inmerso en el proyecto de una serie de televisión. «Un joven inventa algo muy parecido a lo que hoy es Facebook en la década de los 90 y resulta ser un fracaso.» En nuestro camino de vuelta hacia la editorial nos cruzamos con varios militares, armados y muy uniformados. Mi ingenua extrañeza choca de frente con la argumentación del dibujante: «¿Madrid no estaba así tras el 11-M?». Sí, lo estaba, pero la memoria es selectiva y, a veces, decide recordar aquello que duele menos. Como el dibujante cuenta su propia historia. Sin miedo a equivocarse.

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