La gran guerra del siglo xx

Lenin resultó ser el arma más letal empleada por Alemania contra Rusia

Agentes del Káiser organizaron su viaje a Petrogrado para radicalizar la revolución

Lenin en un mitin
Lenin en un mitin - abc
JUAN VÁZQUEZ - Actualizado: Guardado en: Cultura

La llegada de Vladimir Ilich Ulianov (Simbirsk, 10 de abril de 1870 - Gorki, 21 de enero de 1924) a Petrogrado tras la abdicación de Nicolas II propiciaría la segunda revolución rusa en menos de ocho meses. Líder del partido bolchevique (escisión mayoritaria de los marxistas rusos), Ulianov, que había adoptado en seudónimo de Lenin, regresó de un exilio de mas de diez años con la firme determinación de acabar con el Gobierno Provisional de corte democrático y burgués que había sustituido al Zar tras la Revolución de Febrero y que se mostraba partidario de continuar la guerra al lado de los aliados.

El apoyo de Berlín. El viaje de Lenin a la capital rusa desde su exilio en Suiza fue una maniobra organizada por Berlín, que hacía tiempo había llegado al convencimiento de que una forma de ganar la guerra era desestabilizar a sus oponentes, para lo que venían apoyando, sin mucho éxito, los movimientos independentistas en Irlanda, India, Egipto y Marruecos. Pero en Rusia la situación sería diferente.

Para contactar con Lenin, Alemania recurrió inicialmente a un revolucionario ruso, Alexander Helphand, al que prestaba ayuda económica. Sin embargo, la sugerencia de viajar abiertamente a través de Alemania fue rechazada por el líder bolchevique, pues pensaba que ello podría suponer su descrédito al presentarle como una marioneta germana. Tras varias semanas de negociaciones, utilizando a Fritz Platten, secretario general del Partido Socialdemócrata suizo, como intermediario, los agentes del Káiser finalmente aceptaron las demandas de Lenin en cuanto a la forma de realizar el viaje.

Lenin y sus acompañantes (una treintena de personas, incluida su esposa) partieron de Zúrich hacia Berlín por ferrocarril y, posteriormente, hasta Sassnitz, en la costa báltica; allí se embarcaron en un ferry hasta Malmö, desde donde se trasladaron a Estocolmo. Los permisos para entrar en Suecia fueron fácilmente conseguidos por diplomáticos alemanes. Pocos días más tarde, el grupo reemprende el viaje, llegando el 16 de abril a la estación de Petrogrado, tomada por una multitud, donde les esperaba una guardia de honor y una banda de música que entonó los acordes de La Marsellesa (que, en aquel momento, era también el himno de los socialistas rusos).

“Como deseamos”. Siguieron días de constantes discursos y mítines contra el Gobierno Provisional y la continuación de la guerra, así como amonestaciones a los editores de Pravda, Stalin y Kamenev, por una actitud que Lenin consideraba demasiado conciliadora con sus enemigos políticos. Alemania estaba encantada. Un agente germano en Estocolmo escribía a las autoridades de Berlín: “Éxito de la llegada de Lenin a Rusia. Se está comportando exactamente como deseamos”.

El descontento popular provocado por el fracaso de una nueva ofensiva militar puesta en marcha por Kerensky sería la ocasión aprovechada por Lenin y sus partidarios para desatar un golpe de estado apoyado por el Sóviet de Petrogrado, la Revolución de Octubre, que dio el poder a los bolcheviques y supuso el abandono de la guerra por parte de Rusia. El éxito germano había sido total, pero efímero. Justo un año más tarde del triunfo de Lenin en Petrogrado, marinos, soldados y obreros se levantarían en Alemania exigiendo el fin de la guerra y la instauración de un régimen bolchevique en el país, lo que supuso la abdicación del Káiser y obligó a los generales a pedir el armisticio.

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