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El mejor método para «mandar» en casa

Ocho soluciones prácticas para conseguir que una instrucción sea eficaz

Día 10/08/2012 - 00.51h
El mejor método para «mandar» en casa

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Casi todos los expertos, cuando se les pregunta sobre la educación de los hijos, responden que los niños necesitan pautas, normas, reglas o hábitos. No lo dicen con ánimo de anularles o de tenerlos controlados, sino todo lo contrario. Lo argumentan desde el convencimiento de que, gracias a la línea educativa que exponen, el niño de hoy podrá ser un adulto auténticamente libre en el día de mañana. Si crece sin que nadie le marque el más mínimo límite («mi hijo hace lo que le da la gana», por aquello del «¡pobrecito, que no se traumatice!»), lo más probable es que se convierta en un déspota energúmeno, sin ninguna libertad, esclavo de sus instintos más primitivos.

Paulino Castells, doctor en medicina y cirugía por la Universidad de Barcelona, en su libro «Tenemos que educar», recuerda siempre la anécdota de la simpática monjita que le invitaba todos los años a dar una charla a los padres de su colegio y antes de empezar le pedía: «Doctor, no se olvide de decir a los padres que el colegio no es ninguna compañía de seguros y que aquí no garantizamos la buena educación de las alumnas, ya que esta labor la tiene que hacer la familia».

Estas son algunas de las soluciones prácticas que este especialista en Pediatría, Neurología y Psiquiatría detalla en su guía para conseguir que una orden o instrucción sea eficaz en casa:

1) Dé sólo una instrucción cada vez (no repetir órdenes mil veces). Debe especificar de manera breve y clara cuál es la condulta deseada.

2) Debe ser acorde a la edad del niño. Sin amenazas. Con mano firme pero con el gesto suave.

3) Debe darlas consecutivamente, no intentar imponer varias de forma simultánea.

4) Use esquemas del tipo «hacer» y «si..., entonces...». («Si terminas tus deberes, entonces podrás ir al parque», le dirá, aplicando la «ley de la abuela» que le he explicado antes).

5) Déle oportunidades de obedecer mediante avisos y recordatorios.

6) Apoye las instrucciones de su pareja. Compruebe la realización de la tarea si fuera necesario.

7) Alabe la obediencia y establezca consecuencias para la desobendiencia.

8) Si el castigo está comprometido, es decir, si el niño sabe que una actitud o acción concreta conlleva sanción y la comete, hágasela cumplir.

Por último, concluye Castells en su libro, «cuanto más claras sean las normas, más probabilidades habrá de que su hijo las obedezca. Las reglas carecen de sentido si no hay una base excepcional que las sostenga. El genial autor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry, gran conocedor del alma infantil, decía: "Exijo obediencia porque mis órdenes son razonables"».

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