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Llega el verano y los sueños de pisar el «primer mundo» se multiplican con más fuerza que nunca. Con el calor y el buen tiempo el número de pateras que navegan por el mar se incrementa considerablemente. Este verano, el tráfico de estas embarcaciones comenzó el 7 de julio. Las dos últimas llegaron a las costas españolas el pasado sábado 21 de julio. Ambas consiguieron alcanzar aguas andaluzas pero solo en una de ellas se encontró una mujer embarazada. Esto no es un hecho sorprendente si lo comparamos con años anteriores en los que apenas hubo mujeres que se lanzaron a vivir esta «aventura».
Antes de llegar al estrecho, caminan a pie o viajan escondidas en camiones durante meses hasta que, finalmente, suben a la embarcación. Para muchas de ellas, el viaje se complica si llevan consigo a su hijo o, mucho peor, si se quedan embarazadas en el trayecto. Las que parten de su país acompañadas de sus maridos escapan de los malos tratos sufridos en el viaje mientras que las que se desplazan solas se convierten en una diana fácil para violadores. Todas ellas son conscientes de que el viaje será duro pero sus historias empeoran cuando dan a luz en plena travesía. Sin agua, ni alimento y con un calor abrasador algunas de ellas fallecen, caen al mar o pierden a sus hijos antes de nacer.
Descubrir estas embarcaciones no es una tarea difícil ya que a menudo navegan a la deriva y son fácilmente localizables. Salvamento Marítimo es el principal encargado de recogerlas. Sin embargo, hay ocasiones en las que los propios pescadores son los que avisan de que una barca de inmigrantes flota en el mar. Después de ellos, el primer teléfono que suena es el de la Cruz Roja.
Los voluntarios que llegan al lugar realizan revisiones médicas para descartar posibles enfermedades mientras que las embarazadas son trasladadas al hospital para tratar las complicaciones que hayan sufrido durante la travesía. Después de pasar por el centro médico, las madres y sus hijos suelen ser trasladados a casas de acogida de la Cruz Roja o a diferentes ONGs. Las mujeres y los hombres sin familia quedan a disposición de la Policía Nacional para su posterior ingreso en el Centro de Internamiento para Inmigrantes o la deportación.
La prostitución y el tráfico de órganos son los destinos más tragicos de los niños que no son adoptados
Frases humillantes, amenazas, golpes... son algunas de las palabras que se recogieron en las declaraciones de varias inmigrantes embarazadas que llegaron el año pasado en una patera procedente de Marruecos y que fue recogida en Melilla. Desde entonces, acostumbradas a que sus destinos estén en manos de otros, permanecen en silencio.





