Miles de indignados han redoblado su pulso a las autoridades concentrándose ilegalmente ante el Congreso de los Diputados. Lo hicieron en la plaza donde confluyen las vías de Carrera de San Jerónimo y Cedaceros con una manifestación-concentración que pudo llegar a superar las 3.000 personas a los pies de las Cortes Generales.
Seguían muy indignados y en esta ocasión tocaba cargar, principalmente, contra la reforma de la negociación colectiva que el Consejo de Ministros aprobará el viernes con un decreto ley. «La vamos a parar», desafiaban. A las siete se dio cita un millar de abanderados del 15-M en la plaza de Canalejas para quejarse por ésta y otras consabidas razones del movimiento (la monarquía, por ejemplo). A la 1.30 de la madrugada decidieron abandonar la protesta junto al Congreso y regresar a la acampada de Sol.
Acampada en el Congreso
Muchos llegaron andando y protestando desde la plaza de Lavapiés para dejar constancia de su disconformidad ante las Cortes. La plaza sin nombre del final de Carrera de San Jerónimo se fue llenando más y más. Se sentaban en el suelo. Se levantaban. Gritaban consignas como «eso, eso, eso, acampamos en el Congreso». Mientras, el gran dispositivo desplegado por la Unidad de Intervención Policial (UIP), con 180 agentes en la zona, controlaba a la masa descontenta.
En torno a las 20.30 horas, un joven de los acampados de Sol introdujo en el lugar una «Quechua». El resto de camaradas le ovacionó al unísono de un «si no entramos [en la Cámara Baja], acampamos». Levemente, los indignados intentaron avanzar en su posición, pero la doble barrera de policías les impedía moverse un solo milímetro.
Constantemente, los concentrados llamaban la atención de los agentes para que se sumaran a la causa: «Funcionario, también es tu salario»; «que se sienten, que se sienten», les espetaban.
Máxima tensión
El momento de mayor tensión se produjo cuando parecía que los indignados pretendían ganar terreno, pero según un testigo, fue cuando el joven de la tienda de campaña se la acercó a uno de los policías con intención de ponérsela en la cabeza. Fue entonces cuando los UIP se posicionaron en cadena y se colocaron los cascos. Cundió el pánico durante unos segundos. Arrancaron los pitidos. Los manifestantes subían sus brazos arriba y enconaban de nuevo: «Estas son nuestras armas». Todo hacía indicar que se iba a producir una carga instantes después; nada más alejado de la realidad. Es más, a las 23.30 de la noche, los agentes se retiraron las protecciones y, aliviados, los del 15-M aplaudieron el gesto expresando: «Estos son policías y no los mossos».
La intención en todo momento, según señalaban los congregados, no era de acampar en el lugar, sin embargo, todo hacía indicar lo contrario. El llamamiento a más indignacos a acudir a la plaza era constante, incluso pasada la medianoche. Y cada vez llegaba más gente a la plaza para unirse a la causa. Incluso se canceló la asamblea general convocada para las diez de la noche. Viendo el panorama, comenzaron los relevos de los agentes de la Policía Nacional.
Sin comunicación oficial
Desde Delegación del Gobierno se informó de que en ningún momento, desde que esta concentración se aprobara el fin de semana pasado en la asamblea general de los indignados, hubo comunicación oficial. Sin embargo, la Policía tenía perfectamente montado su dispositivo para contener a la marea ilegal.
Los allí convocados informaron de que el próximo sábado habrá un acto similar en Cibeles coincidiendo con la toma de posesión de Alberto Ruiz-Gallardón como alcalde de Madrid, así como en otros consistorios de la región madrileña. El 19 de junio se pretende llegar más allá y promover una mega manifestación en toda España.




