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Sociedad / ENTREVISTA

«Cuando te quitan hasta los hijos, te matan en vida y vas al suicidio»

José Luis Lago lleva 31 días en huelga de hambre para poder ver a su hijo

Día 24/01/2011 - 06.06h
fernando gómez
-Tras 31 días sin comer por no ver a su hijo, ayer volvió a aferrarse a la vida.
-Me llamó un niño de Murcia. Dijo que tenía 14 años y que no me dejara morir porque no quería que a otro chico le pasara lo que a él: su padre se suicidó por no poder verle, agobiado por las denuncias de su madre, que cada vez que llegaba del colegio con un cardenal le obligaba a decir que había sido su padre. Y fíjese, ahora el chaval vive con sus abuelos paternos.
-Usted en Navidad se echó a la calle.
-El día 23 de diciembre empecé la huelga de hambre. Me planté en la plaza Circular de Bilbao, de donde me recogió una ambulancia enfermo de neumonía. El 31 pedí el alta voluntaria para poder recoger a mi hijo, ya que me correspondía hasta el 9 de enero. Me presenté en el punto de encuentro, pero la madre dijo que mi hijo, de 9 años, no quería estar con su padre.
-¿Y por qué el niño no quería verle?
-Porque sufre la manipulación de la madre. O cómo se explica que el día 24 de noviembre entregara a mi hijo feliz pensando que el viernes 26 íbamos a celebrar mi cumpleaños en un bar chino que tanto le gusta, y de pronto el jueves pida hablarme en el punto de encuentro para decirme que no quiere verme. ¿Qué madre le dice a su hijo que no quiera a su padre? ¿Qué madre usa a su hijo para denunciarme falsamente de maltrato, incluso de abuso sexual? ¡Qué monstruosidad es esta! A mi hijo, cuando me dice que no quiere volver con ella, le animo a que la quiera.
-¿Qué pasó después?
-El 15 de diciembre el niño entra al punto de encuentro y la psicóloga lo recoge. Le vi en los ojos tal tristeza y tal miedo, que se me cayó el alma, me quedé helado y no supe qué decir. Ese no era el niño feliz que yo había entregado. Me quedé bloqueado, no supe darle un beso ni un abrazo, por eso le escribí una carta pidiéndole perdón, diciéndole: «Hijo mío, no te preocupes de nada, que todo se va a arreglar (...)». Pero ¿por qué me fui si tengo su patria potestad y una sentencia del Supremo que dice que tengo derecho a estar con él los miércoles dos horas y cada quince días un fin de semana completo? Y me dije: Jose, tienes que luchar hasta el fin por tu hijo, hasta dar la vida si hace falta.
-Dice que su hijo no quería volver con su madre.
-Si le hiciera caso cada vez que me pide quedarse conmigo, en 24 horas estaría en la cárcel y sentenciado ante la opinión pública, por ser un hombre. Y esto no es ir en contra de las mujeres, de las que recibo miles de apoyos, porque muchas tienen un hermano o un hijo en esta situación, sino de las personas en general, que eliminan los derechos de sus hijos con total impunidad. Porque mi lucha son los niños, no solo mi hijo, que sufren el daño psicológico de padres y madres que quieren alejarlos del otro progenitor y que sufren el síndrome de alienación parental (SAP).
-¿Denunció a su ex mujer por acusaciones falsas?
-No, porque el delito es muy grave, incluso penado con cárcel, y yo no quiero eso para la madre de mi hijo. El mismo fiscal me dijo que después de tantos juicios y pruebas ganados tenía el derecho de pedir daños y perjuicios por tanto dolor, pero un amigo juez me aconsejó: «Jose, mira ante todo el porvenir de tu hijo, que ella puede salir muy mal parada». Yo quise a esa mujer, la he respetado y la respeto, y no quiero que me hijo sufra, no quiero que le falte la madre que yo no tuve porque se me murió cuando yo tenía apenas mes y medio de edad. Y si yo lucho por los derechos de los niños, para que tengan padre y madre, ¿cómo voy a quitarle ese derecho a mi propio hijo?
-¿Cómo se llega a esa situación brutal cuando se ha querido tanto?
-No lo sé. Yo pensé en el suicidio. Muchos hombres, cuando les quitan sus casas y su dinero, cuando les dejan sin nada, pueden seguir por sus hijos, pero cuando les quitan a estos ¿qué les queda? ¿Sabe el dolor tan inmenso que se siente? Ni lo imagina. Nos matan en vida. Y sin vida ni esperanza tomamos la decisión equivocada. Yo lo intenté en 2004 y me salvaron. Y me alegro: daré la batalla hasta el final por estar con mi único hijo y porque él tenga a su padre.

Un grito desesperado

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