Hace ya unos años que se erigió en agitador de conciencias para detener el cambio climático y promover alternativas que eviten la destrucción de la Tierra, ahora, se defiende de los ataques generalizados contra él
Publicado Viernes , 09-04-10 a las 17 : 57
Al Gore -ex vicepresidente de los Estados Unidos, Nobel de la Paz, Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional y Oscar al mejor documental- hace ya unos años que se erigió en agitador de conciencias para detener el cambio climático y promover alternativas que eviten la destrucción de la Tierra. Ahora, se defiende de los ataques generalizados contra él.
Se dice un montón de cosas sobre mí que no son ciertas mentiras", afirma Gore, que asume que "a lo largo de la Historia es bastante habitual que aquellos interesados en anular la propagación de un determinado mensaje ataquen al mensajero".
Otra de las acusaciones que más daño han hecho al candidato demócrata a la presidencia estadounidense en 2000 es la que le calificaba de "millonario del carbono" y le culpaba de aprovechar el problema del cambio climático para multiplicar sus ingresos y fortuna personal. "Mi éxito no tiene que ver con las energías renovables o el cambio climático -aclara Gore-. Mi fortuna procede de mis inversionesen empresas de nuevas tecnologías y medios de comunicación".
También huye de la polémica que apuntaba a su vida privada y al consumo energético que generaba su casa -se le achaca que gasta 20 veces que la familia media americana-. Se decía que predicaba pero no daba ejemplo. Sin embargo, el que es uno de los políticos más mediáticos del mundo, dice no tener nada que ocultar porque "llevo mi vida neutral en términos de huellas de carbono". De hecho, aclara que, aunque se han metido con su casa, "cuenta con uno de los estándares más elevados de responsabilidad ambiental" existentes. "Conduzco un coche híbrido y procuro seguir en persona las recomendaciones que doy a los demás", expone.
Tanta crítica no han mellado el mensaje de Gore. que sigue con su labor de predicación y no deja de advertir que el futuro del planeta pasa por admitir que es "vital" que los ciudadanos y líderes políticos comprendan que "el destino de la civilización, tal y como la conocemos, depende de la cooperación de la comunidad internacional", y recuerda que, para lograr los objetivos, se debe tener muy claro la importancia de la "interdisciplinariedad de políticos e ideas que traspasen las fronteras en un trabajo común".

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