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El último álbum de un artista polifacético lo dedicó a la mitología
Jueves , 28-01-10
Cuando llegó a España, con 21 años, Fernando Rubio (Buenos Aires, noviembre 1957) ya llevaba miles de dibujos sobre sus espaldas. El veneno de la pintura le atrapó muy pronto: aprendió a manejar el pincel casi al mismo tiempo que a escribir. Herencia genética de su abuelo, el artista Mario Anganuzzi, aunque su primer maestro, el que le ayudó a dar forma a lo que tenía dentro, fue el dibujante Gustavo Trigo, con quien colaboró desde muy joven en la ciudad del legendario River Plate, su equipo.
A los 17 años ya publica en la editorial Columbia y en Skorpio. Pero eran años oscuros los que vivía Argentina y Fernando se fue a Italia, en donde estaban sus raíces, buscando libertad y un entorno más amable para desarrollar su creatividad. En los pocos meses que residió en Roma trabajó para Eura Editoriale, pero a la policía italiana no le gustó su aspecto. Un día de finales de 1978, mientras paseaba con su larga barba y su melena frente al Palacio de Justicia, donde se celebraba un juicio contra las Brigadas Rojas, le pidieron la documentación. Aunque no llevaba una lira en el bolsillo, trató de explicarles que no era más que un turista. «¿Un turista sin dinero?», le espetó un carabiniero.
Sin saber que le estaban trazando su destino, le metieron en un tren que, vía Zaragoza, le condujo al corazón de España. Se enamoró de la Gran Vía, de los inviernos crudos, del centro, de sus teatros y de sus periódicos. Colaboró con Totem y sobre todo con Norma Editorial, firma señera del cómic, que editó también sus trabajos en la revista «Cimoc».
Muy pronto comenzó a trabajar como ilustrador en «Diario 16» y «Cambio 16». En 1986 fichó por ABC, donde se hizo cargo del departamento de ilustración e infografía. Su huella se puede rastrear en casi todas las secciones del periódico y del añorado «Blanco y Negro», y en la memoria de todos los que tuvieron la suerte de tratar con este hombre de ojos melancólicos y siempre bienhumorado.
Fallece Fernando Rubio, jefe de Infografía de ABC
MI PLUMILLA. Durante los últimos treinta años los trazos de la plumilla «Guillot 303», que Fernando me enseñó a usar y apreciar, me han acompañado todos los días de mi vida. Él también, mi amigo del alma. Hoy, mi plumilla y yo le lloramos. Juntos. En silencio. | GALLEGO
Compaginó su labor en ABC, donde su muerte sentó como un trallazo, con trabajos para Anaya, Planeta y Ediciones B, la enseñanza en el CEU, premios y congresos. También realizó sus pinitos en el cine: fue autor del «story board» en los cortometrajes «Huellas en la nieve» y «Polillas», de Pedro Touceda, con quien también dibujó las tiras cómicas «Perico» y «Nínex».
Descubrió un lugar en el Mediterráneo en el que se sentía en paz, cuidó de Adriana y de sus dos hijas. Luchó a brazo partido contra una tos que acabó siendo cáncer, que no tuvo piedad de este argentino-español. Siempre con un chascarrillo o una duda filosófica prendida en los labios, se preguntaba a menudo para qué servían los paréntesis. Ahora hemos desentrañado su más prosaica utilidad, y es que esto no es más que un paréntesis, amigo, un hasta pronto. Nos vemos, pibe.

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