Actualizado Miércoles , 10-02-10 a las 12 : 41
El arte, el agua, la interpretación de la historia, las lenguas... y, ahora, también el deporte. Las olimpiadas de invierno del año 2022 se suman a la ya larga lista de conflictos institucionales y políticos abiertos entre Aragón y Cataluña. Los que vienen de atrás no se resuelven y, mientras eso ocurre, Barcelona acaba de añadir otro punto de fricción tras anunciar hoy que promoverá su propia candidatura olímpica a los Juegos de Invierno del año 2022, los mismos para los que Aragón anunció hace tres meses que se iba a presentar. El caso aragonés no era sorprendente; el de Barcelona sí lo es: la localidad de Jaca, en el Pirineo aragonés, lleva presentando candidaturas a las olimpiadas de invierno desde los años 80. Fue hace más de veinte años cuando empezaron a trabajar en esa línea. Jaca, en solitario o aliada con otros territorios, presentó candidaturas a los Juegos Olímpicos de Invierno de los años 1998, 2002, 2010 y 2014. Nunca consiguió el objetivo, pero tampoco desistió y sigue en la brecha.
En su candidatura para el año 2002, Jaca incluyó a todo el Pirineo, lo que supuso incorporar a Lérida y al Principado de Andorra. Pero, según ha indicado hoy a ABC el alcalde de Jaca, el socialista Enrique Villarroya, "quedó demostrado que era loable aquel esfuerzo, pero que técnicamente no era viable ante el Comité Olímpico Internacional (COI)". Por eso, a partir de entonces, Jaca optó por definir más sus candidaturas y restringirlas territorialmente. Fue a partir de entonces cuando miró a Zaragoza capital como refuerzo para sus nuevos proyectos olímpicos: el Pirineo disponía así como aliado de una gran ciudad que garantizara infraestructuras y servicios de primer nivel para el gran contingente que mueven unos juegos olímpicos.
Cuando, hace tres meses, se formalizó el proyecto de candidatura Zaragoza-Pirineos (con Zaragoza, Jaca y Huesca), en Lérida hubo cierto malestar porque algunos sintieron allí que se les había apartado. Enrique Villarroya afirma que nadie fue apartado y que lo único que se ha hecho ha sido diseñar desde Aragón, como lo viene haciendo desde hace más de veinte años, el proyecto más viable posible para defenderlo ante el COI. En cualquier caso, entre las autoridades aragonesas nadie esperaba que al final Barcelona impulsara una candidatura catalana para competir con la aragonesa. Ni lo esperaban, ni tenían indicios para hacerlo. El propio alcalde de Jaca ha reconocido a ABC que nadie se ha dirigido oficialmente a él para anunciarle desde Barcelona que iba a surgir este otro proyecto. Y tampoco se lo advirtieron desde Zaragoza, lo que da por hecho que el alcalde zaragozano, el socialista Juan Alberto Belloch, tampoco fue informado por su compañero de filas de la Ciudad Condal, Jordi Hereu.
El asunto, en cualquier caso, más allá de la sustancia deportiva tiene una trascendencia institucional y política más amplia. Desde hace varios años, las relaciones entre Aragón y Cataluña no atraviesan su mejor momento, por los frentes de conflicto que hay abiertos. Uno de los más conocidos es el de los "bienes de la Franja", las 113 obras de arte de parroquias aragonesas que, a pesar de las sentencias judiciales que ordenan su entrega a Aragón, siguen en poder del Museo Diocesano de Lérida, cuyo patronato preside la Generalitat.
El contencioso por estas obras de arte tuvo otra consecuencia política, también en clave de distanciamiento: el presidente aragonés, Marcelino Iglesias (PSOE), decidió abandonar la "Eurorregión" que había promovido el en su día presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, y cultivada posteriormente por su sucesor, el actual jefe del gobierno catalán, el también socialista José Montilla. Iglesias dijo que estar en la "Eurorregión" era incompatible con la actitud catalana en el conflicto de los "bienes de la Franja". Conflicto que sigue enquistado. Y Aragón, sigue fuera de la "Eurorregión".
Pero, mientras tanto, hay más frentes abiertos. Aragón presentó un recurso de inconstitucionalidad contra el "Estatut" por entender que rompe el Archivo de la Corona de Aragón, ya que Cataluña se arroga como "fondos propios" documentos que integran ese valioso legado que, por otra parte, continúa con su sede en Barcelona y que, desde hace años, también genera controversia por la falta de una efectiva gestión compartida entre todas las comunidades a las que incumbe dicho archivo: Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares.
No acaban ahí las fricciones institucionales y políticas entre Aragón y Catauña. Recientemente, la interpretación de la historia también ha provocado polémica después de que las autoridades catalanas defendieran la existencia de un linaje real propio, a vueltas con los restos del rey Pedro III, al que la Generalitat prefirió denominar "Pere II", ajustando así el nombre y el relato histórico al empeño por esgrimir la existencia de una corona catalano-aragonesa que, según subrayan los historiadores, nunca existió como tal sino un Reino de Aragón, una Corona de Aragón y un Condado de Barcelona. La polémica, que se produjo hace escasas semanas, provocó una espontánea reacción social en internet, de forma que en cuestión de horas más de 11.000 personas se sublevaron contra esa pretendida "corona catalano-aragonesa" en un foro surgido expresamente para ello, para hacer constar la queja y el malestar ante la peculiar interpretación histórica del nacionalismo catalán.
Ahora, con esos frentes abiertos, aparece otro punto más de conflicto: las olimpiadas, el deporte en clave internacional. En privado, varios políticos aragoneses de distinto signo (a izquierda y a derecha) ya han reconocido hoy a ABC que la decisión de Barcelona de promover una candidatura para competir con Aragón es inoportuna, poco elegante y nada conciliadora. En público, las declaraciones tienden a ser algo más ponderadas. Aún así, ya queda claro que ha molestado la actitud catalana ante las Olimpiadas de Invierno del año 2022. Un problema más en la conflictiva vecindad entre ambas comunidades autónomas.

Hereu aboga por una sana competencia
El alcalde la capital catalana, Jordi Hereu, se ha esforzado en subrayar la legitimidad de las dos ciudades en presentar un proyecto propio. El alcalde ha señalado que hoy mismo se pondrá en contacto con su colega Juan Alberto Belloch y que justo ahora empieza una competencia que debe ser sana y «deportiva» entre las dos ciudades para presentar una mejor candidatura.
Hereu insiste en que «para no perjudicar las aspiraciones de nadie», Barcelona no dio el paso de presentarse hasta que Madrid, por ejemplo, quedó descartada para los Juegos Olímpicos de 2016, en la sesión del COI del pasado 2 de octubre: «Hemos sidomuy respetuosos y apoyado sin fisuras las aspiraciones olímpicas de otros. Apoyamos el sueño de Madrid, ahora podemos dar el paso nosotros».

Huida hacia adelante
A falta de menos de un año y medio para las elecciones municipales, el anuncio de la candidatura de Barcelona a los juegos de invierno de 2022 se analiza en la capital catalana como una certera maniobra del PSC para intentar retener una alcaldía que CiU ya acaricia.
Con el señuelo olímpico —la ciudad aún conserva en cierto modo la ilusión de 1992—, Hereu confía en remontar unas encuestas que le son desfavorables y que sitúan al veterano Xavier Trias (CiU) al frente de la capital catalana, la última gran capital española en manos socialistas desde la recuperación democrática.
Si a principio de mandato Hereu explicaba que Barcelona daba por concluido un modelo de crecimiento espasmódico, basado en los granes acontecimientos —los exitosos Juegos del 1992, el fracasado Fórum de 2004—, ahora se vuelve a apelar a la ilusión de un gran evento, aunque en esta ocasión el legado en infraestructuras no sería tanto barcelonés como catalán; de alguna forma, si Barcelona actúa como banderín de enganche, es Cataluña quien se presenta candidata.
Sea como fuere, tanto CiU como el PP expresaron que ven la candidatura con buenos ojos, aunque no dudaron en acusar a Jordi Hereu de escoger el momento en clave preelectoral. El hecho de que ayer se dejase al alcalde acaparar todo el protagonismo sin que nadie de la Generalitat le hiciese sombra alimenta la idea de una estrategia electoralista.

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