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Carrière: «Inventar historias es un arte necesario para poder vivir juntos»
El escritor Jean-Claude Carrière /DANIEL G. LÓPEZ
Actualizado Martes, 20-01-09 a las 13:48
“Un hombre normal es un hombre capaz de contar su propia historia”. A Jean-Claude Carrière (Colombières-sur-Orb, 1931) le gusta parafrasear al neurólogo Oliver Sacks para explicar porqué le fascinan tanto todos esos relatos que, durante siglos y a través de culturas diferentes, han circulado de boca en boca y de oído a oído.

Las narraciones míticas son, asegura el escritor y guionista francés, las primeras leyes de la humanidad y una fuente inagotable de saber. Filosofía popular alejada de las garras de los intelectuales. “Nunca he entendido qué se pretende hacer con un manual de filosofía –explica-. Manual viene de mano, y hacer filosofía con las manos es un poco extraño, ¿no? La historia dice cosas que sólo ella puede decir; un ensayo lo dirá de otra manera, quizá más estructurada, pero la historia lo dice de una manera viva e inesperada”.
Saber anónimo y milenarioDe esa forma de saber anónima y milenaria da buena cuenta en “El segundo círculo de los mentirosos” (Lumen), recopilación de historias llegadas desde las tradiciones india, china, iraní, sufí, africana, europea y americana. “Son historias que me han encontrado a mí y que sería un pecado no contarlas: quieren decirme algo y no tengo derecho a olvidarlas”, explica.


No las olvida, no, pero tampoco las altera, a pesar de la aparente contradicción que supone reivindicar la tradición oral a través de la página impresa. “Necesitan un autor común que se adapte a la manera de contar de cada uno de los pueblos. No es lo mismo una historia africana que una japonesa, que es muy breve y casi siempre está protagonizada por un maestro y un discípulo”, explica.
Fundador de la Escuela de Cine de París y estrecho colaborador de Luis Buñuel, junto a quien firmó los guiones de “Belle de Jour” y “El discreto encanto de la burguesía”, entre otras, reconoce que esta pasión por las historias podría entenderse como “una segunda carrera”. “Está mi trabajo como escritor, dramaturgo y guionista y, al lado, está esa otra parte de mi vida que consiste en escuchar historias de todos los tiempos”, señala.

Un arte necesarioQuizá porque, como asegura, “inventar historias es un arte necesario para poder vivir juntos”. O simplemente porque en estos cuentos filosóficos se encuentra la clave para entender cómo las preocupaciones de las personas son universales e inmutables. Lo que le roba el sueño a un maestro japonés se lo quita también a un poblador africano. “Como digo siempre que imparto un taller a guionistas, las buenas historias necesitan raíces para poder crecer en todas direcciones. No existen fuera de un origen preciso y ser narrada por una voz particular para alcanzar una dimensión universal”.
Y esa voz, asegura, pervive a pesar de los avances tecnológicos y las cada vez más sofisticadas formas de comunicación. “De momento, el arte del cuentacuentos resiste”, señala. Un buen ejemplo serían los gritos africanos, narradores de cuentos tribales y guardianes “de la memoria y la sabiduría”. “Conozco muy bien a un griot de Burkina Fasso y la gente, incluso las personas poderosas, le pide consejo porque sabe cómo contar las cosas a través de historias”, relata. Quizá sea ese griot el que le haya susurrado algunas de las historias que descansan en “El segundo círculo de los mentirosos” a la espera de que alguien las vuelva a convertir en relatos orales de ida y vuelta.
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