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La insumisión contra la política lingüística de la Generalitat llega a la universidad catalana
ELENA CARRERAS Carteles en castellano en un tablón de anuncios de la Universidad de Barcelona
Miércoles, 24-09-08
Un breve recorrido por los pasillos y claustros de la Universidad de Barcelona (UB) demuestra la existencia de dos niveles de realidad. Una oficial, la de los rótulos, comunicaciones y paneles escritos exclusivamente en catalán, y otra social, la de las conversaciones en distintos idiomas en el bar y la de los anuncios de servicios del tipo «Se alquila habitación» o «Clases de guitarra» e incluso «Alloggio per studenti». Las universidades catalanas son plenamente conscientes, no sólo de esa cohabitación lingüística, sino también de que la normalización del catalán no puede mermar la calidad de la enseñanza poniendo trabas a la contratación de profesorado extranjero o a la acogida de estudiantes foráneos.
Por ello, el nuevo curso académico comenzó el lunes en Cataluña sin que ninguno de los centros universitarios cumpla la normativa impulsada por la Generalitat consistente en exigir el nivel C de catalán -acreditación del uso satisfactorio de este idioma de forma oral y escrita- a los docentes extranjeros y del resto de España. Un ejercicio de libertad genuinamente universitario donde el profesor explicita la lengua en que impartirá la clase para que el alumno pueda elegir.
Bajan los alumnos extranjeros
Es así de sencillo, pero una vez más, la realidad oficial, la de las proclamas catalanistas, ha disuadido a muchos «cerebros» académicos y estudiantes extranjeros de trasladarse a Barcelona temerosos de una sobreexigencia lingüística. De hecho, el número de alumnos extranjeros acogidos en la UB ha descendido en los tres últimos cursos, al pasar de 1.916 a 1.795. El lunes, el mostrador dedicado a los programas Erasmus y Sócrates presentaba una cierta soledad en las dependencias de la UB de la Gran Vía. Quizá esa falta de movimiento fuera algo circunstancial, pero ante la posibilidad de que determinadas políticas nacionalistas debiliten el dinamismo académico, sus responsables han optado por una insumisión, impensable años atrás en universidades tan «patrióticas» y beligerantes como la Pompeu Fabra o la Autónoma de Barcelona (UAB), que fueron las primeras en reivindicar su vocación científica frente a las limitaciones lingüísticas. Esa insumisión planeó en el acto de inauguración del curso, donde los discursos aludieron más o menos explícitamente a esa postura, con la que el sistema universitario catalán demostró su apertura de miras frente a la cerrazón del Gobierno catalán. «Superado el conflicto de la lengua, nada impide contratar a los profesores extranjeros en función de su talento», aseguró Joaquim Coello, presidente del Consejo Social de la UB, órgano de participación de la sociedad en la universidad donde están representados Generalitat, Parlamento catalán, empresarios, sindicatos, Ayuntamiento de Barcelona, alumnos y profesorado.
La UB ejerció de anfitriona del acto, pero hubo numerosas referencias al período en el que, en el contexto de la Segunda República, la UB se convirtió en UAB, de la que se celebra el 75 aniversario. El catedrático de Historia Contemporánea de la UB, Antoni Segura, pronunció la lección inaugural, en la que también se apeló a la vocación internacional del sistema universitario catalán e hizo suyas unas palabras del que fuera rector de la UAB, Pere Bosch Gimpera, según el cual «la misión de la universidad es de una completa internacionalidad, sin que ello excluya el arraigo en el país el deber de ser la expresión de sus anhelos de cultura». El rector en funciones de la UB, Josep Samitier, también apeló a la necesidad de «buscar el equilibrio entre la internacionalidad de la universidad con la protección del patrimonio cultural propio».
Todos estos toques de atención no pasaron desapercibidos para el consejero de Innovación, Universidades y Empresa de la Generalitat, Josep Huguet (ERC), quien visiblemente a la defensiva, subrayó que «los alumnos tienen derecho a usar el catalán, por lo que es necesario que exista profesorado suficiente para atender a ese derecho». Para Huguet, «no es incompatible el cosmopolitismo con la catalanidad».
Polémico documento
El pasado 11 de junio, el Consejo Interuniversitario de Cataluña, aprobó un documento en el que se instaba a los centros académicos a exigir el nivel C de catalán a todos los docentes procedentes del extranjero o del resto de España a los que se les hiciera contrato permanente. UAB y UPF reaccionaron casi al instante advirtiendo de que no estaban dispuestos a primar el conocimiento de la lengua catalana sobre el talento docente. La Generalitat se vio forzada a poner matices a esa orden, reconociendo toda una serie de excepciones a esa obligatoriedad en función de la disciplina a impartir.

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