ANÁLISIS

Control: un imaginativo y onírico videojuego que no te deja indiferente

El título de acción y aventura en tercera persona, desarrollado por los creadores de Alan Wake o Max Payne, apuesta por una narrativa repleta de posibilidades

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Es, sin lugar a dudas, uno de los «tapados» del año. Un videojuego que, sin venir acompañado de una gran campaña comercial, reúne muchos de los ingredientes como para hacerse un hueco entre lo mejor del año. «Control» no es solo un título más de los creadores de Max Payne o Alan Wake; es una decidida apuesta por la imaginación y el esfuerzo por introducir novedades que cavan una distancia entre los convencionalismos.

Esta obra de Remedy echa varios sacos de arena al carro de la personalidad. Tiene empaque, carácter y distinción, aunque es cierto que recupera algunas mecánicas y aptitudes anteriormente vistas en otras de sus propuestas como «Quantum Break». A diferencia de la ambiciosa apuesta por los entramados cinematográficos de éste, la historia de «Control» se desarrolla principalmente en el interior de un edificio.

Una sede de un centro de inteligencia ubicada en Nueva York (Estados Unidos) en donde, tras unos hechos inexplicables, pone en bandeja a la protagonista Jesse Faden, la resolución del conflicto que aúna secuencias de disparos, niveles sobrenaturales y sucesos extraños producidos por una invasión de otro mundo. En el camino debe enfrentarse a peligrosos enemigos, aunque dispone de varias habilidades como la capacidad de atraer y lanzar todo tipo de objetos e, incluso, levitar. Una combinación de mecánicas que le dota de una gran verticalidad en los enfrentamientos, al tiempo que desafía las físicas.

Está, sin duda, muy influenciado por una narrativa «metroidvania» que intenta abrazar, aunque ejerciéndolo como excusa, una libertad de acción. Dispone de un arma curiosa; una pistola que va ganando peso a lo largo de la trama y que permite, incluso, desplegar un escudo para protegerse de los disparos. Los combates están preparados para el enfrentamiento directo. Evita en la medida de lo posible sacar provecho de las coberturas, con lo que los videojugadores deben armarse de valor para solucionar los problemas a base de disparos y explosiones. También, como marca de la casa, aparecen numerosos objetos coleccionables que amplía de un modo u otro la trama inicial.

Apenas le afecta, sin embargo, la limitación en los controles y algunas mecánicas heredadas por «Quantum Break» porque la experiencia, en este título, es muy adictiva. Ha servido para dar rienda suelta a las capacidades de inventivas de los desarrolladores y envolver una propuesta interesante en un profundo desafío donde los límites de la física y la sensación de soledad plasman un gran entretenimiento, aunque nos hace preguntar por las verdaderas motivaciones de eliminar esta plaga de enemigos y la moralidad que le acompaña.

Sin ofrecer un derroche gráfico, el juego está bien construido y diseñado artísticamente, aunque peca de ciertas carencias visuales. Tampoco favorece a la experiencia el lamentable doblaje que da la sensación, en ocasiones, de estar ante un título menor, aunque con muchas potencialidades. Pese a todo, el título adolece de ciertas carencias; no roza la perfección y no acaba por ser totalmente redondo. Se introducen muy buenas ideas, pero a veces se produce la falsa emoción de que podrían haberse explotado con más intensidad. La trama, sin ir más lejos, tiene altibajos y, en momentos, baja el ritmo.