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Project Scarlett frente a la PlayStation 5: las consolas quieren subir los videojuegos a la «nube»

Microsft y Sony empiezan a desvelar en cuentagotas los detalles de sus próximas plataformas, que prometen aumentar su potencia gráfica

MADRIDActualizado:

Es el momento. La infraesctrutura está preparada. Las conexiones de internet son lo suficientemente robustas. Solo queda la base. La industria del videojuego va camino de transformarse con consolas más potentes y un nuevo hábito de consumo, el «streaming». Los juegos quieren subirse a la «nube». Teóricamente relega a un segundo plano lo que es el equipo electrónico, pero le queda todavía mucha vida por delante.

Sony y Microsoft, dos de los principales pesos pesados del sector del ocio electrónico, encaran la novena generación de consolas, prevista para el próximo año, con el desafío de optimizar las experiencias y aumentar el realismo gráfico. Ambas empresas están manejando los tiempos al milímetro, filtrando detalles de sus próximos dispositivos. Nintendo, que suele ir a su bola, apenas se ha metido en barrena, pero también se dispone a renovar su exitosa plataforma, Switch.

Los nuevos avances tecnológicos se integrarán en las futuras consolas PlayStation 5 y Project Scarlett. Nombres en clave para una nueva era digital. Y lo harán justo en el momento en el que Apple y Google preparan sus propias propuestas cuyo concepto se basa en, precisamente, eliminar la necesidad de una consola. ¿Es el fin de las consolas?

A diferencia de otras industrias, la del videojuego está muy apegada a la tecnología existente en cada momento. Sus títulos y experiencias pasadas pueden cobrar una nueva dimensión transcurrido un tiempo. De ahí a que una de las líneas de negocio más poderosas sea la remasterización.

Hace cuatro décadas de las primeras consolas. La batalla, de nuevo, se dirime en distintas vertientes. Es pronto para comparar los frutos de estos años, pero tanto Microsoft como Sony fiarán su futuro en nuevas y más potentes consolas, pero sin renunciar a allanar el camino a otras experiencias, entre las cuales se debe colar la realidad virtual que, pese a los intentos de las compañías, no ha dado el resultado que se esperaba.

No hay detalles concretos, pero los primeros detalles conocidos sobre sus especificaciones técnicas apuntan a que ambas consolas van a estar a la altura. De hecho, los dos equipos estarán basados en la arquitectura AMD Ryzen de ocho núcleos. En el caso de la «play», su potencia gráfica estará proporcionada por tarjetas Radeon Navi -también de AMD- personalizadas y optimizadas para la plataforma.

Vendrá acompañada de un importante salto visual dado que soportará técnicas de tipo «raytracing» -trazado de rayos, en español-, que se apoya en algoritmos informáticos diseñados para lograr un mayor realismo. Con ello, se favorecerá también a la calidad de audio. Y también los tiempos de carga, que se reducirán notablemente.

El dispositivo promete imágenes 4K de ultra alta definición a una frencuencia de 120 Hz, que es el doble de la frecuencia de actualización de la pantalla de la mayoría de los televisores. La próxima consola, además, ofrecerá una unidad de almacenamiento SSD diseñada por Sony para la consola.

Por contra, la joya de Microsoft, cuyo nombre definitivo todavía se desconoce, apostará por una fórmula similar. Se basará en procesadores AMD diseñados específicamente para la consola, así como memorias de tipo GDDR6 de alto ancho de banda que, teóricamente, deberá proporcionar una calidad gráfica muy elevada. Será, por tanto, hasta cuatro veces más potente que la actual Xbox One.

En su interior, sin embargo, se encontrará un disco duro de estado sólido (SSD, como se le conoce en la industria), y que le proporcionará una velocidad de lectura y escritura de archivos por encima de las actuales plataformas. Es algo a lo que tampoco querrá renunicar Sony con su PlayStation 5, que aspira a «aprovechar todo el potencial» de la nube y de las redes 5G para permitir jugar «desde cualquier lugar y en cualquier momento».

La retrocompatibilidad también será otra de las características de las dos máquinas. Una tecnología muy depurada que cobrará más fuerza en la suguiente generación, que debe arrancar, según se prevé, para 2020 coincidiendo, además, con el auge de las redes móviles 5G. Microsoft apostará por la imagen.

Otro de sus caballos de batalla será su capacidad gráfica; la compañía anticipó que será compatible con la resolución 8K, el nuevo estándar de imagen a perseguir por la industria que se estrenará oficialmente el próximo año coicidiendo con los Juegos Olímpicos de Tokio (Japón). Y, para ello, la industria tecnológica ya se ha puesto manos a la obra para llegar a tiempo en la actualización de sus televisores domésticos.

De Project Scarlett habrá que sumar otra iniciativa, xCloud, un servicio que permitirá utilizar la Xbox One como un servidor remoto y, por tanto, jugar desde cualquier lugar siempre que se tenga acceso a internet. Álgo que sevirá para traccionar dos servicios (PlayStation Now y Xbox Game Pass) que apuesta por un modelo de suscripción y «streaming» para convertirse en una especie de «Netflix de los videojuegos».

La idea parece simple pero requirá de importantes avances técnicos; la experiencia permitirá que cualquier usuario pueda conectarse y jugar al juego que quiera desde cualquier dispositivo. Y, sobre todo, evitando tener que instalar el software necesario en formato físico o descargarlo en la plataforma.