FacebookFacebook permitió leer los mensajes privados a un centenar de tecnológicas como Spotify o Netflix

Sin el permiso de sus usuarios, la conocida red social dio acceso a más datos personales de lo que se pensaba, todo diseñado para mejorar su negocio publicitario, según desvela «The New York Times»

MADRIDActualizado:

Es el segundo año negro de Facebook y no podía acabar la temporada sin otra revelación de importancia. A los sucesivos escándalos hay que sumar otra mancha a su expediente: la red social compartió más datos personales de sus usuarios con empresas tecnológicas como Microsoft, Amazon, Spotify o Netflix de los que se habían dado a conocer hasta ahora, lo que permitió consultar incluso los mensajes privados de los usuarios.

Un hecho que, según ha desvelado «The New York Times» tras analizar documentos internos de la compañía, alcanzó a unas 150 firmas tecnológicas. Lo hizo sin el consentimiento explícito de sus usuarios. Y, para ello, la multinacional presidida por Mark Zuckerberg amplificó aún más su modelo de negocio basado en la publicidad segmentada y personalizada. Lo que realmente pone en duda sus verdaderos esfuerzos en proteger a las personas que dan vida al servicio. Tan solo sus usuarios son un mecanismo para aumentar sus ingresos. No solo vendió sus datos; los regaló.

Facebook, que acumula unos 2.250 millones de usuarios en todo el mundo, autorizó sibilinamente y con el desconocimiento de los usuarios varios modelos de acceso a información: a través de las alianzas con los sistemas operativos móviles, mediante un sistema personalizado en función de los intereres de cada compañía externa y, por último, alianzas temporales para lograr un fin como contribuir al crecimiento de la masa de usuarios de una platafoma. Bing, el conocido buscador de Microsoft, pudiera revisar los nombres de los contactos en la red social. No fue lo único: a los servicios de «streaming» Spotify y Netflix les dejó vía libre a leer los mensajes de los usuarios.

Una medida encaminada a conocer aún más sus gustos y aficiones, que realizó con tres tipos de acuerdos. Un auténtico «Gran Hermano» que viene a echar más leña al fuego. Mientras la red social cerraba el grifo a aplicaciones como las empleadas por Cambridge Analytica, que procesó millones de perfiles para intentar influir en las elecciones presidenciales de 2016, firmaba acuerdos con otras empresas para entrar hasta la «cocina» de su plataforma. Unos acuerdos que han estado vigentes hasta bien entrado 2017 y durante un tiempo en el que ha defendido la privacidad de sus usuarios.

La empresa se defiende

Otro escándalo mayúsculo que vuelve a hacer reflexionar la estructura de monitorización orquestada para conocer todo lo que se pueda de las personas. Este secreto ahora aireado deja entrever que el caso de Cambridge Analytica ha sido pecata minuta en comparación con la cantidad de datos que han tenido los «socios» más importantes de Facebook.

Mediante acuerdos bilaterales secretos, la plataforma permitió, también, que Amazon pudiera consultar sin el permiso de sus usuarios el nombre, información de contacto, entre otras cosas, al igual que dejó a Yahoo. El problema, además, es que estas prácticas sucedieron hace escasamente poco tiempo. La compañía estadounidense ha segurado que no ha encontrado evidencias de abuso por parte de sus socios.

La red social, sin embargo, ha defendido este año que había dejado de permitir a empresas de terceros consultar los datos de sus usuarios después de intentar defenderse de los reiterados escándalos. En respuesta a esta revelación, Steve Satterfield, director de privacidad de Facebook, ha apuntado que ninguno de estos acuerdos «violó los acuerdos de privacidad o los compromisos con los reguladores federales». En la misma línea se ha explicado Konstantinos Papamiltiadis, director de Plataformas y Programas para Desarrolladores de Facebook, que en un comunicado ha insistido en que «ninguna de estas asociaciones o características dio a las compañías acceso a la información sin el permiso de las personas».

Primeras reacciones

Las compañías tecnológicas relacionadas con este caso han empezado a salir al paso de las acusaciones. Una de ellas, Netflix, que ha asegurado a ABC que pese a haber contado con una función (2014) que permitía recomendar programas de televisión y películas a sus amigos de Facebook, en «ningún momento» se accedió a los mensajes privados de la gente en Facebook y «ni pedimos la posibilidad de hacerlo».

Amazon también se ha desmarcado del escándalo al asegurar que solo utiliza los datos proporcionados por esa red social para «habilitar las experiencias de Facebook» en sus productos. «Amazon utiliza las API (interfaces de programación de aplicaciones) proporcionadas por Facebook para habilitar las experiencias de Facebook para nuestros productos. Por ejemplo, dar a los clientes la opción de sincronizar los contactos de Facebook en una tableta de Amazon», ha asegurado la compañía de comercio electrónico en un comunicado. «Utilizamos la información -prosiguió- solo de acuerdo con nuestra política de privacidad».

El Royal Bank of Canada (RBC), también implicado, ha emitido un comunicado en el que señala que «el uso de la plataforma de Facebook fue limitado al desarrollo de un servicio que permitió a los clientes a facilitar pagos a sus amigos en Facebook». La entidad se defiende al explicar: «No tuvimos la capacidad de ver los mensajes de los usuarios. Cancelamos el servicio en 2015 y nuestro acceso limitado, que fue utilizado estrictamente para permitir pagos a nuestros clientes, terminó en ese momento».

«Lo que muchas compañías no se dan cuenta es de que ellos puede que no quieran esos datos más que para "mejorar sus productos y la experiencia de los usuarios", pero el peligro es que existan y se hayan compartido, hasta que vengan otros no tan bien intencionados, que les den usos mucho peores»

Para Borja Adsuara, jurista experto en derecho digital, esta revelación era vox populi y viene a confirmar la necesidad de considerar si darse de baja en este tipo de redes sociales o, al menos, navegar mediante la función anónima habilitada en algunos navegadores de Google Chrome o Firefox. «Espero que a partir de ahora se empiece a desarrollar otra red, con otras aplicaciones, que respeten la intimidad», apunta a este diario.

«Lo que muchas compañías no se dan cuenta es de que ellos puede que no quieran esos datos más que para "mejorar sus productos y la experiencia de los usuarios", pero el peligro es que existan y se hayan compartido, hasta que vengan otros no tan bien intencionados, que les den usos mucho peores. Porque poco pasa para lo que podía pasar. Pero es cuestión de tiempo», añade. «enemos el ejemplo del Gobierno chino, con el que están obligadas a colaborar las empresas tecnológicas: chinas y extranjeras, si quieren operar en el apetecible e inmenso mercado chino», sugiere.