El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello
El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello - MAYA BALANYÀ

El portavoz de los obispos defiende «la dignidad de toda vida humana» frente al caso de Holanda

Afirma que es «de justicia» dar cuenta de los fondos que la Iglesia recibe de la sociedad a través de donativos o de la asignación tributaria

Noa Pothoven, la joven de 17 años que usa la eutanasia para quitarse la vida

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, reivindicó este miércoles «la dignidad de toda vida humana» aunque pueda parecer «una posición dura» ante el caso de Noa Photoven. Esta joven holandesa de 17 años murió el pasado domingo tras solicitar que le practicaran una eutanasia tras no poder superar el trauma de los abusos sexuales que sufrió en su niñez.

Durante su intervención en el desayuno informativo Nueva Economía Forum, el portavoz de los obispos explicó que en la sociedad que vivimos «emergen criterios emotivos» que sostienen que «es mejor no nacer para sufrir y es mejor morir para no seguir sufriendo». Ante este axioma, monseñor Argüello, reivindicó «la defensa de la vida» porque «la muerte no es la solución de los problemas». Por el contrario, defendió el acompañamiento a los enfermos y los cuidados paliativos.

Ante una sala abarrotada de personas, el secretario general de la Conferencia Episcopal aprovechó su intervención para dar a conocer la memoria de actividades de la Iglesia presentada la semana pasada. Según indicó, es «de justicia» dar cuenta de los fondos que la Iglesia recibe de la sociedad a través de donativos o de la asignación tributaria.

A este respecto el portavoz de los obispos reivindicó «la amistad civil» entre la Iglesia y el Estado que le permite «colaborar en la sociedad del ser mejor, en la sociedad de los cuidados».

Pese a ello, admitió que «la memoria puede que adelgace con los años» producto de que los cristianos «somos una minoría cultural». Ante esta realidad reconoció que una de las grandes preocupaciones de la Iglesia en la actualidad es precisamente «la transmisión de la fe a las nuevas generaciones».

«Nos preocupa cómo ser Iglesia después de la experiencia nacional católica, cómo ser una Iglesia que ayude a los conciudadanos a vivir la misericordia de Dios y a asumir el compromiso por el bien común», señaló.