El Papa Francisco sonríe durante su tradicional audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro del Vaticano, en la Ciudad del Vaticano
El Papa Francisco sonríe durante su tradicional audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro del Vaticano, en la Ciudad del Vaticano - EFE

El Papa viaja a los tres países bálticos, inseguros y amenazados por Rusia

Visitará el gueto judío de Vilnius en el 75 aniversario de su destrucción

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El Papa Franciscoemprende este sábado un viaje de cuatro días a los países bálticos que coincide con el centenario de su primera independencia de la Rusia de los zares en 1918, y el 25 aniversario de la visita de Juan Pablo II en 1993, celebrada a los dos años de la segunda independencia, esta vez de la Unión Soviética.

En llamativo contraste con aquella época de grandes esperanzas, Francisco viaja ahora a tres países agobiados por la crisis económica, el alcoholismo, la emigración de los jóvenes, y las nuevas amenazas de Rusia, que ya ha ocupado militarmente parte del territorio de Georgia y amplias zonas de Ucrania.

Aunque los tres países son miembros de la Unión Europea y de la OTAN, su seguridad se debilita a medida que Trump y Putin resquebrajan, cada uno a su modo, las grandes instituciones. La situación es más tensa en Letonia, donde la minoría rusa sugiere a veces la intervención de Moscú. Pero la sombra energética, económica y militar del poderoso vecino oprime por igual a los tres países y ha llevado a reforzar el despliegue de fuerzas militares de la OTAN, incluido un contingente español.

En el Museo de la Ocupación

Francisco lanzará un mensaje claro el sábado nada más llegar a Vilnius en su discurso ante las autoridades y la sociedad civil de Lituania, pero también el domingo cuando visite el gigantesco Museo de la Ocupación -tanto la nazi como la soviética- y el Gueto de Vilnius, justo en el 75 aniversario de su destrucción por los nazis.

El imponente Museo de la Ocupación fue cuartel general y cárcel de la Gestapo entre 1941 y 1944, para pasar a serlo de la KGB desde ese año hasta 1953. Es un centro de detención, torturas y asesinatos, que ha sido preservado como advertencia a las generaciones venideras. El Papa visitará algunas de las celdas en que fueron torturados miles de disidentes políticos o simples católicos, así como centenares de sacerdotes, religiosos y ministros luteranos.

El gueto, a su vez, es la memoria triste y vacía de lo que fue «la Jerusalén del Norte», con 110 sinagogas y unos cien mil judíos de los que quedaban, al final de la guerra, tan solo dos mil. El exterminio de judíos por los nazis y el envío de mas de cien mil lituanos a los «gulag» de Siberia por los comunistas fueron crímenes contra la humanidad.

Contra el «nacional populismo»

Francisco desea recordarlo en un momento en que los «nacional populismos» -algunos de ellos con financiación y pilotaje exterior- vuelven a sembrar en varios países de Europa el odio al extranjero, el menosprecio a los derechos humanos y el socavamiento del estado de derecho.

En el plano nacional, el Papa se dirigirá, sobre todo, a los católicos, que suponen el 80 por ciento de la población en Lituania, pero solo el 21 por ciento en Letonia y un minúsculo 0,5 por ciento en Estonia, uno de los países menos religiosos del mundo en el que casi el 80 por ciento se declara no creyente. En ese país norteño, el lema de la visita del Papa no es una referencia religiosa, sino una canción popular reciente: «Despierta mi corazón».

Francisco mantendrá encuentros ecuménicos en Letonia el lunes y en Estonia el martes, como invitado en las catedrales luteranas de Riga y Tallinn. Desde los años de persecución nazi y soviética, los cristianos de los tres países están unidos por el «ecumenismo de la sangre» y las relaciones son buenas, sobre todo entre luteranos y católicos. Las relaciones con la Iglesia Ortodoxa se tensan de vez en cuando, dependiendo de lo que esta ceda a los intereses políticos de Moscú.

Los veintiocho años de libertad de los países bálticos se iniciaron en un clima de optimismo, pero la crisis económica iniciada en 2007 y las amenazas de Putin, cada vez más agresivas, han generalizado un clima de inquietud.

Francisco no se va a encontrar con el recibimiento triunfal que cada una de las tres hermosas capitales -todas ellas patrimonio de la Humanidad- dedicaron en 1993 a Juan Pablo II como figura determinante en la caída del comunismo.

Se encontrará, como sabe muy bien de antemano, con tres países apesadumbrados en los que hablará de libertad, de independencia, de respeto a todas las etnias y religiones, pero también de esperanza, pues es la medicina que más necesitan hoy.