Miles de libaneses esperan al papa Benedicto XVI a su llegada a bordo del papamóvil al palacio de Baabda en Beirut, Líbano - efe

El Papa propone el respeto universal a la vida como fundamento de la paz

Oriente Medio y el mundo necesitan «un nuevo tipo de fraternidad»

juan vicente boo
enviado especial a beirut Actualizado:

«¡Si queremos la paz defendamos la vida!» fue el sorprendente mensaje de Benedicto XVI a políticos, diplomáticos, jefes religiosos y personalidades intelectuales de Oriente Medio en el palacio presidencial de Beirut. En lugar de abordar la estructura del edificio de la paz, el Papa fue a los fundamentos, proponiendo una base que pueden compartir todas las religiones y culturas: la revalorización del respeto universal a toda vida humana.

El Santo Padre comenzó la jornada reuniéndose sucesivamente con el presidente de la República, Michel Sleiman, el presidente del parlamento, Nabih Berri, el jefe del gobierno, Nagib Mikati y los líderes de las comunidades religiosas musulmanas suní, chií, drusa y alauí.

Descalificar «todo atentado contra la vida»

En su discurso posterior, dirigido a todo el Medio Oriente, el Papa afirmó que para favorecer y sostener la paz, «es necesario promover por todas partes una cultura de la vida» pues «la eficacia del esfuerzo por la paz depende de la concepción que el mundo tenga de la vida humana. ¡Si queremos la paz defendamos la vida!». Esta lógica «descalifica no solo la guerra y los actos terroristas sino también todo atentado contra la vida del ser humano, criatura querida por Dios».

Después de haber clarificado un punto básico para la vida en sociedad (que «la unidad no significa uniformidad» entre los seres humanos), el Santo Padre recordó que la familia es «el primer escenario de humanización, y la primera educadora a la paz».

Tanto la familia como la escuela y las autoridades tienen que enseñar la paz. Sin referirse a la oleada de rabia y de incidentes desatados en los últimos días en protesta por una película americana que ridiculiza e insulta a Mahoma, el Papa señaló que «es necesario prohibir tanto la violencia verbal como la física, que son siempre atentados contra la dignidad humana, tanto del autor como de la víctima».

En la familia, la escuela y la sociedad son necesarios «pensamientos de paz, palabras de paz y gestos de paz» que creen «una atmósfera de respeto, de honradez y de cordialidad, donde se pueda reconocer las faltas y se pueda llegar a la reconciliación».

El modelo que presentaba el Papa era universal: «Se trata de decir "no" a la venganza, de reconocer el daño causado, de aceptar las excusas sin pedirlas y, finalmente, de perdonar. Porque sólo el perdón otorgado y recibido pone los fundamentos duraderos de la paz para todos».

En esa línea de «globalización» de la paz, Benedicto XVI señaló que «hoy las diferencias culturales, sociales y religiosas deben llevar a vivir un nuevo tipo de fraternidad, donde lo que une es el sentido común de la grandeza de cada persona y el don que cada persona es para sí misma, para los demás y para la humanidad. ¡Es ahí donde se encuentra la paz!».

Denuncia a la lógica económica y financiera

Además de las guerras , «llenas de vanidad y de horrores», el Papa se refirió a otros tipos de agresión como «la pobreza, la corrupción, la explotación, los tráficos de todo tipo y el terrorismo, que conllevan un sufrimiento inaceptable para las víctimas y un debilitamiento del potencial humano». Junto a esas lacras denunció también «la lógica económica y financiera que desea imponernos su yugo y hacer prevalecer el tener por encima del ser».

El Papa estaba cansado, y leyó su discurso cabizbajo, con voz más bien débil y un poco afónica. Desde su llegada a Beirut el viernes, camina habitualmente con el bastón, pero sin apenas apoyarse en él, utilizándolo más bien como una medida de precaución. Tiene un aire más débil pero se nota que está contento. Y, por sus palabras, que mantiene una gran esperanza en la capacidad de mejora del ser humano y de la sociedad. Justo lo que necesita Oriente Medio y muchas otras regiones del planeta.

La fuerte preocupación por la seguridad llevó a cortar el tráfico y vaciar algunas de las calles por donde pasa el Papa, por lo que pudo verle menos gente que en otros viajes. En contra partida la acogida popular a su paso ha sido verdaderamente entusiasta. El programa del sábado incluye, al final del día, un encuentro con veinte mil jóvenes en la colina de Harissa, unos veinte kilómetros al norte de la capital.